Ficha técnica

Título: ‘Memorias de la esposa de un diplomático en el Tíbet’ | Autora: Margaret D. Williamson | Traducción: Raquel Vázquez Ramil | Editorial: Ediciones del Viento | Colección: viento simún 44 | Encuadernación: rústica | Formato: 16 x 24 cm | Páginas: 264 |
ISBN: 978-84-96964-42-6 | PVP: 20 euros

Memorias de la esposa de un diplomático en el Tíbet

 EDICIONES DEL VIENTO

 

Este es el relato que Margaret D. Williamson hace de los casi tres años de matrimonio (1933-1935) con un funcionario británico, Derrick Williamson, que tiene a su cargo las relaciones diplomáticas con los reinos de Sikkim (donde reside), Bután y Tíbet. Tras conocer a Derrick en Inglaterra, la joven viaja al pequeño reino de Sikkim, hoy perteneciente al territorio indio. Desde su capital Gangtok, donde contraen matrimonio, viajan a través de la cordillera del Himalaya hasta Lhasa en dos ocasiones, y se ven envueltos en los acontecimientos de la época, con el pachén lama en el exilio, el dalai lama -que moriría a finales de 1933-, intentando mantener su independencia y los chinos acechando en procura de la anexión del país. Aquellos años marcarían el futuro del Tíbet de manera determinante. Derrick no llega a ver el regreso del pachén lama y muere en Lhasa en noviembre de 1935. El lector tiene en sus manos una crónica excepcional de una sociedad, una geografía, un estilo de vida que apenas se mantienen en nuestros días, de una mujer extraordinaria que dejaría profunda huella en las gentes que la conocieron en Bután, Sikkim y Tíbet.

 

 Mis primeros años

Nací en 1906 en una familia de las Tierras Bajas de Escocia, aunque me crié en el distrito de Wilmslow, en Cheshire. Éramos una familia grande y feliz compuesta por seis chicos y tres chicas: yo era la séptima hija.

Tenía un carácter poco femenino y me gustaban mucho los animales; y así, aprendí a montar de pequeña, lo cual me resultaría muy útil en los años venideros. Conociendo mi amor a los animales, una señora irlandesa, amiga de la familia, me hizo una oferta especial un día, cuando yo sólo tenía nueve años.

-Peggy -dijo-, soy demasiado vieja para montar en nuestra burra, Jenny. Por favor, considérala tuya. -Me encantó la idea y tomé su palabra al pie de la letra. Era la época de la primera guerra mundial, y había un hospital para soldados heridos cerca de nuestra casa. Los miércoles por la tarde nos los daban libres en el colegio, y se me ocurrió una idea.
-Podría llevar a dos soldados de paseo en la tartana -le dije a mi madre-. ¡Si quiere Jenny, claro!
Jenny era una criatura bastante contradictoria; con ella todo dependía de que quisiese o no quisiese.
-Sí, supongo que sí -contestó mi madre tras reflexionar unos momentos-. Pero antes debes pedir permiso a la enfermera jefe del
hospital.

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