Ficha técnica

Título: Mejor hoy que mañana | Autor: Nadine Gordimer |  Traducción: Miguel Temprano García | Editorial: Acantilado | Colección: Narrativa del Acantilado, 229 | Género: Novela | ISBN: 978-84-15689-78-2 | Páginas: 448 | Formato:  13 x 21 cm.| Encuadernación:  Rústica cosida | PVP: 29 euros

Mejor hoy que mañana

ACANTILADO

Mejor hoy que mañana narra el devenir de una familia mixta de un barrio de Johannesburgo desde los años noventa hasta finales del 2009. Terminado el apartheid, la mayoría de ciudadanos no han visto cumplidas sus esperanzas de un mundo mejor: la democracia y la abolición de la segregación racial no han hecho brotar lo mejor de cada persona, sino que, por el contrario, la corrupción y las desigualdades sociales se han convertido en el nuevo caballo de batalla del país. Sin embargo, la esperanza y la seguridad de que puede construirse un mundo mejor se abren siempre paso entre las líneas de esta novela, la más reciente de una escritora excepcional. 

«Un texto urdido con la inteligencia, el corazón y las vísceras, todo dosificado con un lenguaje sencillo que dice lo que la autora se propone decir y que, por supuesto, sugiere al lector mucho más de lo que las palabras nombran. En conclusión, un relato magistral y coherente con el concepto arriesgado y combativo que Gordimer, vieja militante del movimiento anti-apartheid, tiene de la narrativa como instrumento de denuncia de las lacras de la realidad». Robert Saladrigas, La Vanguardia

«Siempre ha sabido mantener un excelente equilibrio entre ficción y realidad porque su grado de compromiso con esta última ha sido siempre determinante en su obra, pero nunca la ha impuesto a su pasión literaria. Lo que nunca perdió fue su lucidez y una muestra admirable de ello es esta novela. Todo el libro está huyendo permanentemente de tópicos y todo el libro soporta perfectamente la exposición de la situación del país sin que eso canse al lector debido a la habilidad con que fusiona este aspecto con la ficción. La novela es sencilla, como suele ser la prosa de Gordimer, pero magistral en la creación de los personajes que conducen el drama. La riqueza de matices con que trabaja la autora es verdaderamente edificante». José María Guelbenzu, El País

«Una ambiciosa crónica decimonónica que arranca justo después de la abolición del segregacionismo, y termina en 2009. Interprétese aquí decimonónica en el mejor de sus sentidos posibles: coherente con toda la trayectoria de una especialista en el arte del retrato social, experta en alternar el gran angular que captura sociedades enteras con el teleobjetivo enfocado en el detalle individual y concreto. Y todo ello con una intensidad y una ambición propias del mejor Victor Hugo. Una obra de enorme mérito, capaz de detener en un retrato de perfiles exactos un ser tan borroso y móvil como es toda sociedad en transición». Enrique de Hériz, El Periódico

«El componente autobiográfico de la sudafricana está presente incluso en sus obras más recientes. Nadine Gordimer cuestiona la visión optimista y autocomplaciente del actual momento sudafricano». José Antonio Gurpegui, El Mundo 

«Nadine Gordimer vincula magníficamente la habilidad literaria a un sentido moral de la época vivida. En sus libros, y especialmente en este último, laten la complejidad y las contradicciones de la vida social contemporánea en Sudáfrica. Una novela cívica ejemplar, aleccionadora por su visión sincera y crítica. Pura escritura y humanidad». Joaquim Armengol, Ara

«Gordimer nos retiene y deslumbra hasta la última página con su aguda percepción de la vida de Johannesburgo, y sus implacables verdades que han tardado toda una vida en endurecerse como un tumor». Antonio Bordón, La Provincia

«Tiene el valor de redondear la trayectoria de la autora, mostrando las regiones de sombra en las que puede desembocar una buena causa». Leoncio González, La Voz de Galicia

«Para quienes alguna vez se hayan preguntado qué ocurre en la Sudáfrica de después del apartheid, ahí está la escritora Nadine Gordimer para contárselo». Elena Sierra, El Correo

«El mensaje de Gordimer es claro: hay que seguir peleando pues, cuando se ha combatido y logrado conquistar lo ansiado, siempre queda más por ganar y es un error pensar que lo mejor del futuro vendrá ya por propia inercia. Mejor hoy que mañana es un ejemplo de todo ello. De cómo la frustración sucede tras la conquista de algo, pero eso no es suficiente, es preciso abrir paso a otros logros. esa desilusión, esa frustración que desconcierta a los antiguos luchadores es la que retrata Gordimer veinte años después de acabar con el apartheid en Sudáfrica. Gordimer es de esa escuela que sabe del poder social de la literatura, de su implicación en los conflictos, pero reivindicando siempre el papel ejemplar de sus textos. Su estilo seco y directo, sin lirismos, sin hojarasca que camufle el mensaje, impone una fuerza absoluta a su narrativa. Tras más de 60 años escribiendo, su literatura se ha hecho unívoca con ella. Y, como ella, es pura fibra, prosa depurada y acendrada, con la elegancia que el espíritu anglosajón forjó en su carácter». Javier García Recio, La Opinión de Málaga

«A través de la historia de un matrimonio multirracial, Gordimer analiza las complejidades y las paradojas de un país donde, pese a la democratización y al triunfo de «la pequeña clase media negra», existe una infranqueable brecha social. Enfrenta a sus personajes a los retos cotidianos que emergen en la actual Sudáfrica». María Teresa Lezcano, Sur

«La literatura de Nadine Gordimer ha mantenido siempre una cierta línea de sobriedad. Ha huido de artificios retóricos y su narrativa ha sido sencilla y sin maniqueísmos. Estas virtudes se mantienen en Mejor hoy que mañana, la novela que parece cerrar un ciclo en su trayectoria literaria y en el contenido de su obra. Gordimer emite un severo juicio de esta nueva democracia y de sus gestores, envueltos en un panorama de corruptelas y decepción por no haber sido capaces de crear un país diferente». M. Eugenia Ibáñez, Dones

«Su prosa es tan clara y nítida como la de Jane Austen. Su agudeza para el detalle, para las sensaciones físicas del calor y el polvo africanos, recuerda a los grandes maestros de la ambientación: el Mississippi de Twain o el Macondo de Gabriel García Márquez». The Daily Telegraph

«Haría falta remontarse al siglo XIX para encontrar otro ejemplo de un gran escritor que haya escuchado tan de cerca y durante tanto tiempo los latidos del corazón de una nación».
The Independent

«Sólo un novelista con las dotes de Gordimer puede ofrecer tanta información, y con tanta profundidad, sobre los terri­bles enfrentamientos y la difícil transición a la paz de los que fueron testigos ella y sus personajes, una guerra a la que sobrevivió para contárnosla a sus agradecidos lectores».
International Herald Tribune

«Gordimer no entra a describir la brutalidad del viejo régi­men-no le hace falta-, se limita a capturar su turbia psicología que perdura aún hoy».
The Times Literary Supplement

 

PÁGINAS DEL LIBRO

Glengrove Place. No es un valle ni hay ningún bosque. Debió de ponerle el nombre algún escocés o inglés en recuerdo del hogar que había dejado atrás, cuando ganó dinero en esta ciudad a más de mil quinientos metros sobre el nivel del mar y entró en el negocio del mercado inmobiliario.

     Pero ha sido un lugar. Un sitio donde podían vivir juntos cuando no había dónde hacerlo legalmente. El alquiler del apartamento era caro, al menos para ellos en aquel entonces, pero implicaba cierta complicidad por parte del dueño del edificio y el conserje-nada es gratuito cuando alguien que respeta la ley se arriesga a quebrantarla-. Como inquilino, él tenía uno de esos nombres que parecen ingleses, o al menos europeos, y no se distinguen de los demás nombres que había en los buzones al lado del ascensor, en la entrada, donde, a falta de bosque, había un cactus decorativo en una maceta. Ella era sólo el añadido «Señora». Estaban casados de verdad, aunque eso también fuera ilegal. En el país vecino, donde ella se había exiliado para estudiar y él era un joven blanco cuya filiación política hacía necesario que se ausentara por un tiempo de la universidad, los dos, ignorando imprudentemente las inevitables consecuencias que tendría cuando volvieran a casa, se habían enamorado y se habían casado.

     De vuelta en Sudáfrica, ella se hizo maestra en un colegio privado dirigido por los curas de una orden católica tolerada y al margen de la enseñanza pública segregada, donde podía utilizar su apellido natal sin implicaciones raciales.

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