Ficha técnica

Título: Mayo del 68. Por la subversión permanente | Autores: André y Raphaël Glucksmann | EditorialTaurus | Colección: Pensamiento | Páginas: 248 | Formato: 13 x 21,5 cm. | Fecha de publicación: abril de 2008 | Precio: 19,50 € | ISBN: 978-84-306-0670-2 

Mayo del 68. Por la subversión permanente

EDITORIAL TAURUS 

Cuarenta años después de Mayo del 68, el caso se reabre. El mundo ha cambiado considerablemente desde aquel año de ruptura, pero hoy el enfrentamiento continúa, y los políticos se posicionan de nuevo frente a los acontecimientos del Mayo francés, que unos tratan de desempolvar y otros prefieren enterrar.

¿Por qué atacar Mayo del 68 en el siglo XXI? ¿Por qué volver a un caso archivado en un momento en que hay asuntos más graves, problemas más urgentes? Poco antes de las elecciones en Francia, en un mitin, Sarkozy exhortó a la multitud a «liquidar la herencia de Mayo del 68», y prometió «pasar página». Pero el espíritu de Mayo del 68 pervive.

Y ello queda patente en este libro y en el diálogo padre-hijo que da lugar a la reflexión a dos voces que recoge. André y Raphaël Glucksmann, dos personalidades sólidas y libres, pertenecientes a distintas generaciones, aclaran cuál es la actualidad de Mayo del 68, «qué parte del 68 hierve, actúa y vive aún en 2008». 

INTERLUDIO

Querido Raphaël, tu descripción tan poco lisonjera de los deslices lib-lib, liberales y libertarios, en una Amazonia antipolítica de pacotilla, da exactamente en el blanco. El admirable Coluche lo ilustra a las mil maravillas*. «Es la historia de un tipo» cuya insolencia, franqueza e iniciativas generosas plasman lo mejor de Mayo del 68. Cuando lanza la aventura de Les Restos du Coeur en 1985, se trata de una decisión personal, con la que aglutina voluntades individuales, opera al margen del Estado, los ayuntamientos y los partidos y rompe con la línea dominante francesa, que delega en las autoridades la atención a los pobres. El abad Pierre, mucho antes de Mayo, las ONG de médicos que se multiplican después de Mayo (Médicos sin Fronteras, Médicos del Mundo…) manifiestan de la misma forma la necesidad de no esperar a la providencia estatal y no esperarlo todo de ella. Los «militantes» al estilo antiguo se contentaban con protestar: «¿Qué hace el Estado?», «¿Qué hace el gobierno?», «¿Para qué sirven nuestros impuestos?», pues la caridad individual se consideraba sospechosa. Los enfoirés de Coluche se lanzan al ruedo e intervienen sin esperar a que los responsables les den luz verde. Esta capacidad de actuar sin el Estado, educándolo así, es una conquista valiosísima. Mayo del 68 fracturó una opinión pública francesa, que sigue siendo en nuestros días la más antiliberal de Occidente, y por lo tanto la más estatalista.

La otra cara de la moneda es que el sentimiento de inutilidad del Estado se desvía desde la burla a la negación de lo político. Cuando, en 1980, Coluche, tras su sonado matrimonio con Le Luron, se presenta como candidato a la presidencia de la República, aglutina a los lib-libs «amazónicos» de todas las Francias, que encuentran que el chiste tiene una base filosófica: el eslogan circunstancial de junio del 68 «Elecciones, trampa para idiotas» se perpetúa como una verdad eterna. Reírse del poder es una necesidad en una honrada democracia y negar su eficacia, buena o mala, es llamarse a engaño. Coluche, a pesar del 10 por ciento que le daban los sondeos, pronto fue asimilado por los políticos profesionales, y por el más zorro de ellos, François Mitterrand. Muchos ex del 68 que siguen al simpático bromista caen en las garras de la izquierda. Los más desconfiados participan en el movimiento general, convencidos de la inocuidad definitiva del Estado: aunque la elección del nuevo presidente no sirva para nada, tampoco puede hacer daño.

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