Ficha técnica

Título: Material rodante | Autor: Gonzalo Maier | Editorial: Minúscula | Colección: Paisajes narrados, 58 | Páginas: 113 | ISBN: 978-84-943539-3-2 | Precio: 12,00 euros

Material rodante

MINÚSCULA

¿Qué sucede en los tiempos muertos? La vida, responde el narrador de este curioso libro. En sus constantes idas y venidas del trabajo, en el trayecto que media entre Bélgica y Holanda, un chileno encuentra aventuras mínimas que desafían la rutina. Así, descubre la historia de un antiguo árbol sagrado que viajó desde el sur de Chile hasta convertirse en un objeto de decoración europeo, reflexiona acerca de la importancia de los conejos para el paisaje holandés, no duda en dedicarle una enérgica y desopilante apología al pijama e incluso medita acerca de cómo despedirse en los correos electrónicos. Irónico, fragmentario y digresivo, Material rodante reúne las disquisiciones de un hombre perplejo que cruza una y otra vez la frontera con la parsimonia de quien sale a la esquina a comprar el pan.

PÁGINAS DEL LIBRO

     El deporte es para optimistas. Supongo que a los niños les repiten eso apenas se inician en el fútbol o, por decir algo elegante, en la esgrima. Basta con prender la tele y ver a dos tipos corriendo tras una pelota, o a un húngaro flacuchento intentando nadar más rápido que Michael Phelps, para convencerse de que el deporte es la culminación última y delirante de cualquier forma de inocencia y amor propio.

     El asunto, más allá de una improvisada meditación deportiva, es que últimamente llego tarde a todas partes. Durante las mañanas, por ejemplo, me pillo corriendo detrás del tren en el que voy al trabajo. Es ridículo y agotador. Por más que intente lo contrario, llego a la estación, le echo un vistazo rápido al reloj y, con resignación, me repito que llegado a ese punto todo se trata de estar en forma y de intentarlo con más ganas. Y sin saber muy bien cómo, ya estoy corriendo una vez más, tratando de subir volando por las escaleras, saltando de a tres peldaños en tres peldaños, pasando entremedio de esa gente que nunca tiene ningún apuro, que misteriosamente siempre llega a tiempo.

     El optimismo, sobre todo en momentos como esos, parece un simple efecto colateral de las endorfinas: seguro que el conductor esperará, me digo. Y la próxima vez sí que me levantaré más temprano, sin duda, pero en ese instante, por quincuagésima vez y pese a la evidencia, me convenzo de que falta solo un paso más, otro más.

     La niña que hoy revisaba los boletos era hermosa y estricta. Además tenía los ojos grandes y los abrió mucho cuando pidió que le mostrara mi tarjeta de descuento. Los puso así, como dos huevos fritos. En ese momento, cuando tuve que buscar torpemente el pedazo de papel dentro de la billetera, no supe muy bien cómo interpretarlo, pero ahora me doy cuenta de que he gastado casi todo el viaje pensando en su curiosa petición.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]