Ficha técnica

Título: Manual para la vida feliz | Autores: Epicteto y Pierre Hadot Traducción: Claudio Arroyo y Javier Palacio Tauste | Editorial: Errata Naturae | Colección: La muchacha de dos cabezas | Formato: 14×21,5 | Páginas: 248 | ISBN: 978-84-15217-92-3 | Precio: 17,90 euros

Manual para la vida feliz

ERRATA NATURAE

Con el paso de los siglos y los milenios, buena parte de la filosofía se ha ido convirtiendo en un conjunto de «tratados intratables»: reflexiones enrevesadas, especulaciones oscuras, fórmulas abstractas y alejadas de la vida… Sin embargo, la filosofía antigua no era otra cosa que un arte de vivir: una guía para que cada individuo realizara su propia elección vital y conformara una existencia plena y dichosa. En esto consiste el Manual de Epicteto.

Este volumen es por tanto una exhortación a la vida buena. O si lo prefieren, un aviso que lanza el maestro a sus posibles discípulos: «Párate un instante, por todos los dioses. Piensa. ¿Cómo es en realidad tu vida? ¿Cómo querrías que fuera? ¿Qué es lo que de verdad te importa? ¿Qué es lo que te haría verdaderamente feliz? ¿Actúas para conseguirlo? ¿O te alejas cada día más de ello?». Desde el primer capítulo de este libro, Epicteto se dirige al lector con un tú tan cercano y directo que no podemos dejar de sentirnos interpelados.

Las reflexiones y máximas que se van desgranando se mantienen siempre pegadas a la realidad de la existencia, para conformar un modelo filosófico de conducta cotidiana en pos de una vida feliz y serena: cómo actuar en el día a día, cómo juzgar lo que nos ocurre, cómo y qué desear, cómo hablar, cómo reír, cómo asistir a fiestas, banquetes y espectáculos, cómo cuidar nuestro cuerpo y nuestra alimentación, cómo ocuparse del amor y de los placeres, cómo tratar con los amigos, la sociedad y los poderosos, cómo enfrentarse a las desgracias y a los accidentes; en resumen: cómo mantener una mirada filosófica y gozosa ante aquello que la vida nos depare.

El Manual se acompaña, además, de un revelador ensayo de Pierre Hadot -una de las máximas autoridades internacionales en el ámbito de la filosofía antigua- que nos permite profundizar, con una simplicidad y lucidez comunes a las del propio Epicteto, en esta obra fundamental de la historia universal del pensamiento.

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Entre todas las cosas que existen, hay algunas que dependen de nosotros y otras que no dependen de nosotros. Así, dependen de nosotros el juicio de valor, el impulso a la acción, el deseo, la aversión, en una palabra, todo lo que constituye nuestros asuntos. Pero no dependen de nosotros el cuerpo, nuestras posesiones, las opiniones que los demás tienen de nosotros, los cargos, en una palabra, todo lo que no son nuestros asuntos.

Las cosas que dependen de nosotros son libres por naturaleza, sin impedimentos, sin trabas. Por el contrario, las cosas que no dependen de nosotros se hallan en un estado de sometimiento, de servidumbre, y nos resultan ajenas.

Recuerda, por tanto, que si consideras libres las cosas que por su propia naturaleza se hallan en un estado de sometimiento, y crees que te pertenece lo que te es ajeno, tropezarás con innumerables obstáculos, caerás en la tristeza, en la inquietud, harás reproches tanto a los dioses como a los hombres. Sin embargo, si piensas que sólo lo que te pertenece es tuyo y que aquello que es ajeno te es de verdad ajeno, entonces nadie podrá coaccionarte, nadie podrá obligarte a hacer nada, no harás más reproches, no formularás más acusaciones, no volverás a hacer nada contra tu voluntad, no tendrás más enemigos, nadie podrá perjudicarte y no sufrirás más perjuicios.

Cuando trates de hacer realidad todo esto, ten en cuenta que no te bastará un esfuerzo moderado, sino que hay cosas a las que deberás renunciar por completo, y otras que, al menos por el momento, deberás dejar de lado(1). Pues si quieres el bien tan grande que obtendrás al actuar así pero también quieres cargos y riquezas, es probable que ni siquiera esto último obtengas, por el mero hecho de desear también lo primero. En todo caso, es seguro que no conseguirás ese primer bien que es el único que procura libertad y felicidad.

Ejercítate, por tanto, en añadir de entrada lo siguiente a cada representación dolorosa o triste que te venga a la cabeza: «No eres más que una simple representación y de ningún modo la cosa que representas» (2). A continuación, examina la representación y ponla a prueba con las reglas de que dispones, y sobre todo y primeramente con ésta: «¿Debo situarla entre las cosas que dependen de mí o entre las que no dependen de mí?». Y si concluyes que forma parte de las cosas que no dependen de ti, ten bien presente que no te concierne.

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(1) Epicteto precisa más adelante, en pp. 11-12, esta distinción. (Todas las notas del Manual son del traductor).

)2) Es decir, que cuando uno se ve afectado por una representación, una imagen o una idea de algo doloroso o triste, no debe creer sin más que la cosa dolorosa o triste haya acaecido y le esté afectando. Estamos frente a la representación de la cosa, no ante la cosa en sí, y es esta primera la que nos afecta. Así, y siguiendo el razonamiento que expone a continuación Epicteto, se deduce que si la cosa representada no depende de nosotros, no puede ser un mal para nosotros.

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