Ficha técnica

Título: Manifiesto incierto| Autor: Frédéric Pajak | Traducción: Regina López Muñoz | Editorial: Errata Naturae | Formato: 17,5 x 24  | Páginas: 192 | ISBN: 978-84-16544-06-6 | Fecha: mar/2016 | Precio: 19 euros

 

 

Manifiesto incierto

ERRATA NATURAE

Éste es un libro sobre Walter Benjamin, sobre su existencia contradictoria y su pensamiento siempre al contraataque, sobre sus últimos días felices custodiando una felicidad demasiado frágil, leyendo en los cafés y las playas de Ibiza, mientras desde el continente llegan las noticias del ascenso de Hitler al poder.

Benjamin, judío y marxista, ya no podrá volver a Alemania ni a la biblioteca de su diminuto piso; de hecho, los libros que él mismo escribió arden en las plazas de Berlín.

Así, a través de la vida de Walter Benjamin, este libro nos habla sobre la prefiguración
 del horror absoluto y la victoria del nazismo; pero a través de la propia vida de Frédéric Pajak, magistralmente entreverada en estas páginas con la del filósofo alemán, nos habla también sobre la insospechada infiltración del fascismo en nuestros días y sobre nuestra caída en otras formas de totalitarismo.

Novela meditativa o ensayo gráfico, esta nueva obra de Pajak es un aullido contra las ideologías, contra el espíritu de nuestro tiempo y contra el propio tiempo en su marcha incontenible, un auténtico viaje a la belleza, el furor, la idiotez, la ilusión, el desencanto y la lucha.

«Frédéric Pajak es un auténtico dibujante-filósofo» Libération

«¿Es Frédéric Pajak el inventor del ensayo gráfico? No estoy seguro… pero sí sé que lo ha elevado a la perfección» Le Nouvel Observateur

«Al leerlos, uno siente que para Frédéric Pajak sus libros son una cuestión de vida o muerte. Y lo digo sin retórica alguna» Jeanne Moureau, Radio France Inter

PRÓLOGO

Soy un niño; diez años, tal vez. Sueño con un libro, mezcla de palabras e imágenes. Retazos de aventura, recuerdos reunidos, sentencias, fantasmas, héroes olvidados, árboles, el mar furioso. Amontono frases y dibujos, por las noches, los jueves por la tarde, pero muy especialmente los días de anginas o bronquitis, solo en el piso familiar, libre. Con ellos levanto un andamio que enseguida destruyo. El libro muere cada día. Tengo dieciséis años. Entro en Bellas Artes y me aburro. Seis meses más tarde, me voy dando un portazo. Quemo todos mis dibujos: no se parecen a mi libro.

Me hago mozo de coches-cama internacionales. El libro resurge cierta noche en un tren, tras muchas horas de charla con un viajero que no consigue conciliar el sueño. Al alba, en un café de Roma junto a la estación, tengo un título: Manifiesto incierto. Por entonces, hay ideologías por todas partes, izquierdistas, fascistas, y las certezas se atropellan dentro de las cabezas. Varios atentados atribuidos a grupos anarquistas sacuden Italia. En realidad, los llevan a cabo varios grupúsculos neofascistas manipulados por los servicios secretos. ¿Los instigadores? Se habla de altos cargos de la democracia cristiana, de la Logia P2, incluso de la CIA. La confusión es total. En las fábricas, la autogestión generalizada está a la orden del día. Todos los partidos políticos están nerviosos. ¿Cómo callar a la clase obrera? El terrorismo se revela como el mejor remedio contra la utopía.

Publico en un pequeño diario una historia corta que se titula ya Manifiesto incierto, vaga tentativa en forma de error juvenil. Vivo a la sazón en Suiza. Me marcho de Suiza. Paso el verano solo en Sarcelles, en la periferia parisina. En la ciudad desierta del mes de agosto hay un bar en los bajos de un conjunto de bloques de pisos, y es el único bar. Los únicos clientes son magrebíes. En cuanto trate un poco con ellos decidiré poner rumbo a Argelia en busca del Manifiesto. Pero ésa es otra historia. De momento, el libro vuelve a tomar forma; o sea, adopta la forma de un fastidioso borrador: estado de ánimo de un solitario, revancha abstracta de un mal de amor, aullido contra las ideologías, contra el espíritu del tiempo y contra el tiempo que pasa.

Me afinco en París, en la última planta del 42 de la rue Pigalle, en un pisito de dos habitaciones. Sigo solo, sin mujer, sin amigos. Un año de soledad, de miseria. No tengo dinero ni trabajo. Trato de publicar mis dibujos pero todos los periódicos los rechazan: «No es lo bastante comercial». Oiré durante mucho tiempo ese mismo argumento, en París, en Europa, y sobre todo en Estados Unidos, donde viviré una temporada. Acabo pidiendo limosna, varias veces. Toda relación basada en el dinero es un crimen contra la humanidad.

Dibujo con tinta china, aunque uso también gouaches para representar extrañas aves con cuerpo humano, calzadas con esquís, que echan a volar por el pisito. Escribo relatos breves, a veces de unas pocas líneas. Lo destruyo todo. El Manifiesto no termina de morir.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]