Ficha técnica

Título: Magistral | Autor: Rubén Martín Giráldez  | Editorial: Jekyll & Jill | Medidas: 13,5 cm x 19,8 cm | Encuadernación: Rústica con solapas | Páginas: 104 | Fecha: 04/2016 | ISBN: 9788494256592 | Precio: 12,60 euros

Magistral

JEKYLL & JILL

Tras Menos joven, Rubén Martín Giráldez vuelve con Magistral, una voz brutal con la lengua negra como salsa putanesca de demonio.

Como para resucitar el gusto sería necesario que esta nación se hubiese tomado alguna vez en serio aquello de que nuestro cuerpo es un templo y la boca su excusado, lo más factible será ir pensando en reconstruir la lengua para poder mentir al menos sobre lo limpio que teníamos aquel palacete forrado de piel y pelos y perforado sin remedio nueve o diez veces.

A lo mejor deberíamos ir pensando en cambiar un idioma que ya no sirve. Puede que haya llegado la hora de hacerle al castellano un hoyo en la hermosura y cagarle lombrices dentro hasta rellenarlo. El castellano es hoy un idioma monigotado, toca asaltar otras lenguas.

«Atención, este libro no es un libro: es una bomba. Una bomba incendiaria contra la literatura de libro de recetas de cocina para solteros y jubiladas. Contra Facebook. Contra la Crítica. Contra la representación y los personajes tangibles, a favor de la visión y de las voces invisibles. Contra la literatura española. Contra la puta lengua domesticada. Muy recomendable: es problema es tuyo si te sientes identificado con quienes pone a caldo.» JORGE CARRIÓN

«Deja la sensación de que en literatura española aún puede hacerse algo nuevo, radical, nada complaciente. Si nuestro autor fuera de Chicago o de San Francisco, tendría más traducciones que ahora lectores.» ALBERTO OLMOS, El Confidencial

«El lector experimentará ese vértigo sensitivo que desprende la novela, un bello y lúcido desatino, un arabesco que toma cuerpo de abecedario diáfano, en definitiva, «es una fiesta, es un tumor».» FRANCISCO ESTÉVEZ, El Imparcial

«Magistral es un discurso, una sátira, un panfleto, una diatriba y muchas cosas más. Es el lenguaje de un rey apocalíptico y suicida, que dimite de su cargo, de su lengua, del idioma español porque no puede soportar la mediocridad en la que se ha instalado el escritor medio y el lector medio.» DIEGO SÁNCHEZ AGUILAR, El coloquio de los perros

 

 

 

[Comienzo del libro]

Que en qué cabeza cabe que tu dueño fantasee con dejar de hacer uso de la lengua castellana cuando es dueño tuyo y de la lengua con que te lamentas, te lamentas. ¿No es un secreto a voces que el castellano ha comenzado por fin a emplearse sin disimulo como emético en varios países de Europa? Es cierto que de eso sólo yo tengo la culpa y que no debí andar perdiendo el tiempo en coplas rectificadas de sal y veneno durante mi juventud, pero ¿de verdad te preocupa tanto lo que haga ahora con el poco tiempo que le perdona el cargo a mi vocación? Si de ti dependiese, me pondrías una jaula en la boca y santas pascuas. ¿No es hora ya de volver a hablar de corrido? ¿Tengo que seguir echando mano de este lenguajo? ¿Seré siempre un oyente y nada más? Esto es una regencia, un oficio, el mayor cargo de responsabilidad que han sabido inventarse tus súbditos, y no un recreo, me dices. ¿Qué me ha llevado a traerme hasta aquí, chácharo y soberbio, y sin embargo paralizado por completo de opinión para abajo? Anda: dale de beber al rétor, ya que no eres capaz de darle conversación ni de responder a una sola de las preguntas que más por cortesía que por curiosidad te ha hecho; que mientras habla, mientras hablo, no dejo de percibir mi peso, mis defectos físicos y mis miserias corporales ordinarias (nada grave: un reflejo eléctrico en el pulmón derecho -luego no es el corazón, sino su escolta-, pinchazos en el globo pálido, los ojos secos, la lengua arrasada de ácidos: lo habitual en un ser, lo esperable en una reliquia o en un rey), que sólo se reponen con líquidos. ¿Me escuchas, o estás demasiado distraído jugando con los pliegues de mi túnica? Había olvidado lo que es limitarse a garlar sin andar dándole ripio a la mano en el potro de tortura, lo cómodo que es liberar estas palabras en otro éter y luego a ver quién tiene espuelas para alcanzarnos. Qué poco gusta la verdad cuando no es la nuestra. Si me pusiese a decir la verdad, se me pegaría en el hocico con toda la razón del mundo y se me abriría al instante expediente de reproches o cosa peor, que no son mi pulcritud, mi inclinación al trabajo bien hecho ni mis buenas intenciones por lo que se me paga en el cargo que ocupo, sino por mi saber estar.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]