Ficha técnica

Título: Mágico, sombrío, impenetrable | Autora: Joyce Carol Oates |Traducción: José Luis López Muñoz | Editorial: ALFAGUARA | Colección: Literaturas | Formato: Tapa blanda con solapa | Medidas: 152 X 239 mm | Páginas: 440 |  ISBN: 9788420412269 | Precio: 19.90 euros | Ebook: 9,99 euros

Mágico, sombrío, impenetrable

ALFAGUARA

Incisivo, perturbador, asombroso en su agudeza, Mágico, sombrío,  impenetrable evidencia la portentosa capacidad de la «firme candidata al  Premio Nobel» de Literatura para poner la lupa sobre el amor, el dolor,  la incertidumbre y también la ironía que acechan la vida de cualquiera  de nosotros.

Los vínculos eróticos que surgen del miedo, la gratitud o  la distancia; la vulnerabilidad de una mujer temerosa de que su marido  esté desapareciendo de su vida; un nacimiento que trae consigo el final  de una relación, o el polémico relato que da título al libro, donde el  anciano poeta Robert Frost recibe la visita de una inquietante joven que  sabe más de lo que debería… Mágico, sombrío, impenetrable muestra a un  artista en la cúspide de su capacidad creativa, desnudando el alma humana en trece apasionantes relatos.

La crítica ha dicho…
«Los libros de Oates desnudan sin eufemismos nuestra condición humana.  Oates nos ayuda a entendernos, o al menos eso es lo que he sentido al leerla.» Carlos Salinas, El Confidencial

«Cautivadores, tristes compasivos e inquietantes. Siguen capturando la  incertidumbre, el dolor y la oscuridad del interior de todos  nosotros.» J.R. Scrafford, Washington Independent

«Una recopilación con mucha fuerza, muy expresiva. Oates continúa en  pleno fragor de la batalla por el autocontrol y la verdad.» André Van Loon, The Star

«Oates es un gigante entre nosotros. Una obra tan viva y tan  revitalizante como cualquiera de las anteriores, dentro del ya tan distinguido corpus literario de Oates.» Alan Cheuse, NPR Books

«Una de las más grandes escritoras del último medio siglo. Con su prosa  incisiva y acerada, bella en su aparente frialdad y sensible a pesar de  su tremenda crudeza, la norteamericana es autora de muchos cuentos y  varias novelas sobresalientes. Una leyenda viva de  la literatura.» Daniel Martín, República.com

«Probablemente la mejor escritora norteamericana viva, todo un clásico sobre el que aletea el Nobel.» Elena Hevia, El Periódico de Catalunya

«Una de las mejores narradoras estadounidenses del último medio siglo.» Nuria Azancot, El Cultural

I

Sexo con una camella

-Muchas cosas se valoran más de la cuenta. El suicidio, por ejemplo.

El chico rio al comprobar lo listo que era. La abuela, que conducía atenta al tráfico matutino, pareció no darse cuenta.

Recalcando las palabras, su nieto dijo:

-Por ejemplo, solo en el condado Boondock, de los Estados Unidos, se hacen la competencia dos teléfonos directos antisuicidio para adolescentes.

-¿Condado Boondock? ¿Dónde está eso?

-¿Bromeas, abuela? Aquí.

-Ah, aquí. Entiendo.

La abuela sonrió pero no llegó a reír. No era que el chico hubiera hecho una observación muy ingeniosa, aunque tampoco era frecuente que dejara de reír los comentarios de su nieto por muy poca gracia que tuvieran.

-En el instituto nos bombardean con anuncios por correo electrónico. «Si estás solo y preocupado y no tienes a nadie con quien hablar. Los consejeros para crisis están esperando tu llamada, que será siempre estrictamente confidencial». Ahora hay uno nuevo: «¿Te sientes seguro en casa?» -el chico se echó a reír.

-Bueno, ¿te sientes tú?

-¿Bromeas, abuela? Según las estadísticas, el noventa por ciento de los accidentes mortales suceden en el hogar.

Rieron juntos. Aquello sí tenía gracia.

Al chico le gustaba divertir a… bueno, a cualquiera que se le pusiera por delante. Había sido listo y despierto casi desde que aprendió a hablar. Si bien, como chico guapo, quizás había llegado a la cima hacia los once años.

En su próximo cumpleaños sumaría diecisiete.

La abuela, vestida con elegancia como siempre que salía de casa -atractivo turbante de seda blanca, conjunto de jersey y chaqueta blancos de cachemira, pantalones de lino de color azul claro de raya impecable, zapatos de buena calidad-, iba camino del hospital nuevo. Su nieto quiso conducir, claro está, pero la abuela le recordó que ella se acercaba ya a una edad (no había llegado aún, pero pensaba que no andaba lejos) en la que saberes tan básicos como conducir un coche podían empezar a atrofiarse si no se practicaban a diario.

Obsoleta. La abuela no quería ser eso, había dicho. A su nieto la palabra le había impresionado y se había apresurado a apropiársela.

Desde muy joven coleccionaba palabras. Cigoto, paralaje, exanimación eran algunos ejemplos. Ahora, obsoleta.

Aquella salida matutina tenía un algo de aventura: para llegar al hospital nuevo -según el mapa de Google que el chico había impreso- era necesario recorrer, desde su casa, 10,7 kilómetros más que para ir al viejo.

El hospital viejo lo habían agotado ya. Era el momento de pasarse al hospital nuevo que acababa de abrir hacía una semana, al otro extremo de una autopista estatal de seis carriles.

-El suicidio es algo así como una especie de pasatiempo estúpido. El noventa por ciento de los suicidios son equivocaciones: la víctima en realidad no tiene intención de matarse.

-¿Y por qué estamos hablando de eso? -preguntó la abuela (que había tenido un cargo administrativo en un pequeño college de humanidades en una vida anterior) con aire de desconcertada incredulidad. Luego miró de reojo al muchacho con una expresión que le habría fulminado si hubiera querido darse por enterado.

El chico se encogió de hombros. Solo pretendía pasar el rato, nada de lo que había dicho tenía la menor importancia ni peso específico.

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