Ficha técnica

Título: Los solteros | Autora: Muriel Spark | Traducción: Juan Sebastián Cárdenas | Editorial: Impedimenta | ISBN: 978-84-15130-35-2 | Formato: Rústica con sobrecubierta | Páginas: 288 | Precio: 20,95 euros

Los solteros

 
 
 
Un abogado, un falso «párroco», un detective, un profesor de instituto que trabaja en el British Council, un epiléptico experto en grafología, un irlandés enamoradizo que evita a toda costa el contacto con el sexo opuesto… Solteros londinenses. Personajes mordazmente británicos que pasan las tardes charlando en los bares o comprando en Fortnum & Mason, atenazados por horrores de todo tipo, como la escandalosa subida del precio de los guisantes. No obstante, su apacible existencia urbanita se verá amenazada con la irrupción de un misterioso personaje: el médium Patrick Seton, que conseguirá que todos ellos transformen sus vidas hasta verse inmersos en una sucesión de estafas, robos, chantajes y desaforadas sesiones de espiritismo, que acabarán desembocando en un juicio grotesco.
 
Los solteros es una novela tan ingeniosa como malvada, que nos trae a «la novelista británica con más talento y capacidad de innovación» (The New York Times) en su momento de más perverso esplendor. 
 
 
CAPÍTULO 1
 
La luz de la mañana caía sobre Londres, la gran ciudad de los solteros. Las botellas de leche empezaban a aparecer a las puertas de las casas de apartamentos, desde Hampstead Heath hasta Greenwich Park y desde Wanstead Flats hasta Putney Heath; pero sobre todo en Hampstead, sobre todo en Kensington.
En Queen’s Gate, en Kensington, en Harrington Road, en The Boltons, en Holland Park, en King’s Road, en Chelsea y sus remansos, los solteros se revolvían entre las sábanas, buscaban a tientas el reloj y, en el amanecer de la consciencia, miraban la hora; luego, al recordar que era sábado, la mayoría volvía a hundirse en la almohada. Aun así, dado que era sábado, casi todos salían pronto a la calle para comprar huevos y beicon, las provisiones semanales para el desayuno y las cenas ocasionales. Los solteros procuraban salir temprano, hacia las diez y cuarto, para evitar encontrarse con las mujeres: las legítimas compradoras. 
 

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