Ficha técnica

Título: Los monstruos | Autor: DAVE EGGERS | Traductor: Cruz Rodríguez Juiz | Editorial: Mondadori | PVP: 18,90 € | Páginas.: 224 | Publicación: noviembre de 2009

Los monstruos

EDITORIAL MONDADORI

 

Los monstruos, basado libremente en el cuento clásico infantil de Maurice Sendak, Donde viven los monstruos, y el guión escrito por Dave Eggers y Spike Jones, es una novela sobre la confusión de un niño, Max, que se abre paso en un mundo adulto que no puede controlar. Su padre se ha marchado, su madre pasa el tiempo con su joven novio y su hermana está entrando en la adolescencia y ya no se interesa por él. Al mismo tiempo, Max se descubre capaz de asombrosos actos de rebeldía: se disfraza de lobo y muerde a su madre y no siempre logra dominar sus arrebatos. Durante una pelea en casa, Max huye corriendo al bosque. Allí encuentra una barca, sube a bordo y acaba en mar abierto, a la deriva. Desembarca en la isla de los monstruos y pronto se convierte en su rey. Pero las cosas se complican cuando Max comprende que los monstruos esperan tanto de él como él de ellos. Divertida, oscura y vital, Los monstruos es una historia eterna que ha resistido el paso del tiempo y resulta atractiva a cualquier edad. Una aventura para todos, tierna y perspicaz, que explora el caos de la juventud mientras Max explora el caótico mundo que le rodea.

 

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Acompañando cada jadeo de Stumpy, Max persiguió a su perro blanco como una nube por el pasillo de arriba y escaleras de madera abajo hasta el frío vestíbulo abierto. Max y Stumpy lo hacían a menudo, eso de corretear y pelearse por la
casa, aunque la madre y la hermana de Max, las otras dos residentes el hogar, no apreciaban el volumen y violencia del uego. El padre de Max vivía en la ciudad y telefoneaba los miércoles y los domingos, pero no siempre.

Max arremetió contra Stumpy, erró la embestida, salió disparado hacia la puerta delantera y volcó la canasta-tirador. La canasta-tirador era un pequeño recipiente de mimbre que a Max le parecía una tontería pero que su madre insistía en tener
en el tirador de la puerta principal porque daba buena suerte. La canasta servía sobre todo para caerse y aterrizar en el suelo, donde a menudo la pisaban. De modo que Max tiró la canasta y luego Stumpy la pisó, atravesando el fondo con la pata y produciendo un desafortunado ruido de mimbre roto. Max se preocupó un segundo, pero enseguida la visión de Stumpy tratando de pasearse por la casa con la cesta enganchada en la pata eclipsó cualquier preocupación. Max se rió sin parar. Cualquiera con dos dedos de frente habría captado la gracia de la situación.

-¿Piensas pasarte el día trasteando? -preguntó Claire, irguiéndose de pronto por encima de Max-. Solo llevas en casa diez minutos. 

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