Ficha técnica

Título: Los ingrávidos| Autor: Valeria Luiselli | Editorial: Sexto Piso | Colección: Narrativa Sexto Piso | Género: Novela | ISBN:  978-84-96867-89-5 | Páginas: 144 | Formato:  15 x 23 cm. | PVP: 15,90 € | Publicación: 2011

Los ingrávidos

SEXTO PISO

¿Cuántas vidas y cuántas muertes son posibles en la existencia de una misma persona? Los ingrávidos es una novela sobre existencias fantasmales; una evocación, a la vez melancólica y llena de humor, sobre la imposibilidad del encuentro amoroso y el carácter irrevocable de la perdida. Se lee con la emoción trepidante que genera una escritura ágil, aguda, a ratos francamente iluminada, pero que no renuncia nunca al cuidadoso cuestionamiento y disección de los valores del mundo contemporáneo.
 
Dos voces componen esta novela. La narradora, una mujer del México contemporáneo, relata sus años de juventud como editora en Nueva York, en los que el fantasma del poeta Gilberto Owen la perseguía por el metro. El narrador, un Owen al borde de la muerte, recuerda su juventud durante el Renacimiento de Harlem a finales de los años veinte, donde participaba -a veces a regañadientes, otras con alegre socarronería- de la vida literaria neoyorquina, al lado de escritores como Louis Zukofsky o Federico García Lorca. Ambos narradores se buscan en el espacio insondable de los trenes subterráneos, donde viajaban en sus respectivos pasados.
 
≪En las páginas de este libro prevalece una incertidumbre plena y preciosa. El relato avanza tan vertiginosamente, que reímos ante el desfile de unos personajes locos y tristes, aunque por momentos pensamos que esos personajes somos nosotros mismos en otra vida -o ahora mismo, leyendo. Esta primera novela de Valeria Luiselli es asombrosa y en sus muchas posibles lecturas late generosamente el misterio de la mejor literatura.≫ Alejandro Zambra
 
≪Este retrato multifacético de la artista como mujer joven, como estafadora profesional, como madre y esposa, sumerge al lector en una intimidad encantadora y franca. Con una excentricidad cautivadora y un ingenio brillante, con una sinceridad sexual que inquieta y la más conmovedora ternura, este libro retrata la salvaje y casi enloquecida imaginación de juventud como pocas veces se ha hecho antes. Valeria Luiselli es la precoz dueña de una maestría deslumbrante y una escritora enteramente original.≫ Francisco Goldman
 
 
PÁGINAS DEL LIBRO
 
¡Ten cuidado! Si juegas al fantasma,
en uno te conviertes.

(Anónimo, la Cábala)

 
El mediano me despierta:
     ¿Sabes de dónde vienen los mosquitos, mamá?
     ¿De dónde?
     De la regadera. De día están en la regadera y de noche nos pican.

  *

 

Todo empezó en otra ciudad y en otra vida, anterior a ésta de ahora pero posterior a aquélla. Por eso no puedo escribir esta historia como yo quisiera -como si todavía estuviera ahí y fuera sólo esa otra persona-. Me cuesta hablar de calles y de caras como si aún las recorriera todos los días. No encuentro los tiempos verbales precisos. Era joven, tenía las piernas fuertes y flacas.
 
(Hubiera querido empezar como termina A Moveable Feast de Hemingway.)

 

  *
 
En esa ciudad vivía sola en un departamento casi vacío. Dormía poco. Comía mal y sin variar mucho. Llevaba una vida sencilla, una rutina. Trabajaba como dictaminadora y traductora en una editorial pequeña que se dedicaba a rescatar «perlas extranjeras» que nadie compraba -porque al fin y al cabo estaban destinadas a una cultura insular donde la traducción se abomina por impura-. Pero me gustaba mi trabajo y creo que durante un tiempo lo hice bien. Además, en la editorial se podía fumar.
 
De lunes a miércoles iba a la oficina; los jueves y viernes estaban reservados para hacer investigación en las bibliotecas. Todos los lunes llegaba temprano y de buen ánimo, con un vaso de cartón lleno de café. Saludaba a Minni, la secretaria, y luego al chief editor, que era el único editor pero era el chief. Se llamaba White. Me sentaba en mi escritorio, me hacía un cigarro de tabaco rubio y trabajaba hasta entrada la noche.
 
  *
 
En esta casa vivimos dos adultos, una bebé y un niño mediano. Decimos que es el niño mediano porque aunque es el mayor de los dos, él insiste en que aún es mediano. Y tiene razón. Es el mayor pero es chico, así que es mediano.
     Hace unos días mi marido pisó un esqueleto de dinosaurio mientras bajaba las escaleras y hubo un cataclismo. Llantos, gritos, temblores: el dinosaurio era irrestaurable. Ahora ya el T-Rex es irrescutable, decía el niño mediano entre sollozos. A veces tenemos la impresión de ser como dos Gullivers paranoicos, caminando eternamente de puntillas para no despertar a nadie, para no pisotear nada importante y frágil.
*

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]