Ficha técnica

Título: Los huesos de Descartes | Autor:Russell Shorto | Colección: Perímetro | Título original: Descarte’s Bones | Traducción: Claudia Conde | Editorial: Duomo ediciones | Páginas: 320 | PVP: 19,50 euros | ISBN: 978 84 93703 01 1

Los huesos de Descartes

DUOMO EDICIONES

 

En un tormentoso día de invierno de 1650, en Estocolmo, fue enterrado el francés René Descartes, el más influyente y controvertido pensador de su tiempo. Dieciséis años después, el embajador francés Hugues de Terlon exhumó clandestinamente el cadáver para trasladarlo a Francia. Los huesos de Descartes seguirán un sorprendente periplo a lo largo de los siguientes 350 años, en el que se entrecruzan algunos de los más importantes acontecimientos históricos y se ve implicada gente de lo más diversa: de Luis XIV a un empresario sueco de casinos, poetas, dramaturgos, filósofos o físicos que utilizaron los huesos del pensador para estudios científicos, los robaron, los vendieron, los veneraron como reliquias o los fueron pasando subrepticiamente de mano en mano.

 

Prefacio

Philippe mennecier, director de conservación del Musée de l’Homme, el gran museo de antropología de París, es un hombre alto y espigado, de pelo ralo, gafas de montura metálica y aspecto de ave de presa. Acorde con él, su lugar de trabajo tiene algo de nido de rapaz; su despacho ocupa un cubículo rectangular de techo bajo, construido como añadido de último momento en el tejado de la sede del museo, al que se accede por una escalerilla portátil de metal. Desde ahí arriba disfruta seguramente de una de las vistas más grandiosas que pueda tener una oficina en el mundo, ya que abarca gran parte del perfil de París. La vista también sirve de marco metafórico para el trabajo del doctor Mennecier y su equipo: a un lado, tan cerca que casi no se puede abarcar en su totalidad, se yergue la torre Eiffel, el obelisco del siglo xix a la razón y el orden, y al otro, el cementerio de Passy, uno de esos maravillosos cementerios parisienses, que con su maraña de senderos y tumbas, y sus altos muros circundantes, parece una ciudad medieval en miniatura, pero habitada por muertos y no por vivos. 

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