Ficha técnica

Título: Los desorientados | Autor: Amin Maalouf |  Traducción: María Teresa Gallego Urrutia  | Editorial: Alianza Editorial | Género: Novela | ISBN: 978-84-206-0889-1 | Páginas: 528 |  PVP: 22,00 € | Publicación: 19 de octubre de 2012

Los desorientados

ALIANZA EDITORIAL

Una llamada inesperada lleva a Adam, un profesor árabe de Historia, a regresar a su tierra natal después de veinticinco años de exilio. Todo sigue igual, no ha pasado el tiempo por los lugares que frecuentó. Aquel »paraíso perdido» de la montaña blanca va asociado a los nombres de sus amigos de juventud, el Círculo de los Bizantinos, que pretendían cambiar el mundo y fueron ellos los que terminaron cambiando por una guerra que los separó y llevó a cada uno por distintos caminos. Pero quién es él para juzgarlos cuando vivió un exilio «dorado» mientras ellos se vieron abocados a una situación sin elección posible. Con la ayuda de la siempre bella y rebelde Semiramis, Adam intenta reunirlos. A los que quedan vivos.Los desorientados es la novela más esperada del autor de León el Africano. Quizá la más personal y emotiva. La que condensa su manera de ser, de pensar. La clave de todas las ideas que ha volcado en sus obras. Un «regreso» literario a su país natal, un lugar indeterminado, un no lugar que se convierte en una reflexión universal sobre la amistad, el amor, la memoria, el exilio, la identidad y la necesidad de tender puentes entre Oriente y Occidente, siempre presentes en su escritura.  

Los desorientados es la novela más esperada y personal del autor de León el Africano. Un regreso literario a su país natal que se convierte en una reflexión universal sobre la amistad, el amor, la memoria, el exilio y la identidad.  

«Tengo, desde hace años, la impresión obsesiva de que el mundo al que pertenezco se desdibuja más cada día, y que podría desaparecer estando yo vivo. Mi novela ha nacido de ese sentimiento.

En Los desorientados, me inspiro con mucha libertad en mi propia juventud. La he pasado con amigos que creían en un mundo mejor. E incluso si ninguno de los personajes del libro corresponde a una persona real, ninguno es enteramente imaginario. Me he nutrido de mis sueños, de mis fantasmas, de mis remordimientos, tanto como de mis recuerdos.

Los personajes de mi novela habían sido inseparables en su juventud, y luego se habían dispersado, enemistado, perdido de vista. Se reencuentran con motivo de la muerte de uno de ellos. Unos no han querido dejar su tierra natal, otros han emigrado a Estados Unidos, Brasil o Francia. Y los caminos que han seguido les han llevado en las direcciones más dispares. ¿Qué tienen todavía en común la dueña de hotel libertina, el empresario que ha hecho fortuna, o el monje que se ha retirado del mundo para consagrarse a la meditación? Algunas reminiscencias compartidas, y una nostalgia incurable por el mundo anterior.

Es cierto que su tierra natal es de las que llaman a la nostalgia. Lugar de enfrentamiento así como de coexistencia entre diversas tradiciones religiosas y culturales, lugar de riqueza intelectual y política durante sus años universitarios, ha conocido, desde entonces, una sucesión de conflictos armados que han alterado su carácter y creado esa impresión de un mundo que se desvanece. Algunos de ellos siguen pensando que su existencia no tiene sentido más que en ese país de equilibrios delicados, mientras que otros sienten que ya están fuera de lugar, y que no pueden volver más que de paso.

¿Ese país que no se nombra nunca es el país en el que he pasado yo mismo mis años de juventud? Sí y no. Lo he cogido indudablemente como modelo, pero sería vano buscar referencias precisas a lugares o fechas.

Lo que acabo de decir no es, sin embargo, más que una explicación a posteriori. La verdad, es que no he sentido, en ningún momento, que tuviese que llamar a ese país por su nombre. Lo cual es sin duda revelador de los sentimientos complejos que me inspira todavía. Y que me inspirará hasta el fin de mis días.»
Amin Maalouf 

Amin Maalouf ha hecho bien en abandonar provisionalmente el ensayo para volver a la novela. En Los desorientados, muestra que no ha perdido la mano de narrador franco-oriental, y que los sentimientos e ideas que agitan su corazón y su cabeza de exiliado libanés se encarnan perfectamente en personajes recogidos de su memoria, revisitados y aumentados por su imaginación. […] Amin Maalouf nos recuerda que, pese a haber ingresado recientemente en la ilustre Academia Francesa, no ha dejado de ser heredero de las Mil y una noches. Le Journal du Dimanche, Bernard Pivot

Su novela es un libro potente y grave que puede leerse también como una parábola geopolítica. «Es Occidente -le hace decir Maalouf a uno de sus héroes- quien es religioso, incluso en el ateísmo. Aquí, en Levante, no se preocupan de las creencias, sino de las pertenencias. Nuestras confesiones son tribus, nuestro celo religioso una forma de nacionalismo…» Del Oriente Próximo y en plena guerra siria, raras veces se ha leído un análisis tan fino como el de Amin Maalouf, libanés exiliado, pero ante todo escritor del mundo, recientemente ingresado en la Academia Francesa. Livres Hebdo

 

PRIMER DÍA

1

El jueves, cuando se quedó dormido, Adam no tenía ni idea de que al día siguiente sin ir más lejos iba a alzar el vuelo hacia el país de sus orígenes tras lustros de alejamiento voluntario y para ir al encuentro de un hombre a quien se había prometido no volver a dirigir la palabra.

     Pero la mujer de Mourad supo dar con las frases implacables:

     «Tu amigo se muere. Quiere verte». 

     El timbre sonó a las cinco de la mañana. Adam cogió el teléfono a tientas, pulsó una de las teclas encendidas y contestó: «No, de verdad que no estaba durmiendo», o cualquier otra mentira por el estilo.

     Su interlocutora le dijo a continuación: «Te pongo con él».

     Tuvo que contener el aliento para oír el del moribundo. E, incluso así, más que oír las palabras, las intuyó. La voz lejana era como un susurro de telas. Adam tuvo que repetir dos o tres veces «Claro» y «Entiendo» sin entender nada ni tener nada claro. Cuando la otra voz calló, le dijo, prudentemente: «¡Adiós!». Aguzó el oído unos cuantos segundos, para comprobar que la mujer no había vuelto a ponerse al aparato; luego, colgó.

     Se volvió entonces hacia Dolores, su compañera, que había encendido la luz y se había sentado en la cama, con la espalda apoyada en la pared. Parecía que estaba sopesando los pros y los contras, pero ya se había hecho una opinión.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]