Ficha técnica

Título: Los cornetas del Apocalipsis | Autor: José María Izquierdo | Ilustraciones: Tomás Ondarra |  Editorial: La Hoja del monte  | ISBN: 978-84-614-5475-4 | Páginas: 144 páginas (+10 postales) | Formato:  21 x 12 cm. | Encuadernación: Rústica |  PVP: 20,00 €

Los cornetas del Apocalipsis

HOJA DEL MONTE

Nacen estos cornetas del Apocalipsis como una continuación, ampliada y corregida, de aquellos jinetes que publicó EL PAÍS en los cinco domingos de agosto de 2010. Entonces fueron Alfonso Ussía, César Vidal, Carlos Dávila y Pío Moa, a los que guiaba y animaba el ángel Federico Jiménez Losantos. Pero como se habían quedado fuera de la selección otros muchos apocalípticos, he querido recoger en este libro a otros cinco anunciadores de tantas y tan dolorosas desgracias. Se trata de Hermann Tertsch, Juan Manuel de Prada, Fernando Sánchez Dragó, Antonio Burgos e Isabel San Sebastián. Les he transformado a todos ellos en cornetas, que adjudicarles el noble carácter de las trompetas me parecía excesivo. Cornetas, mejor cornetas. J.M.I.

Es imposible no hablar de estos publicistas y obviar el movimiento del Tea Party norteamericano. Porque hay similitudes, claro, que algunos de ellos se trajeron las enseñanzas bien aprendidas de sus viajes a Estados Unidos. Como las hay entre la utilización que de este movimiento ultraconservador hacen los republicanos y cómo aquí, con hipócrita gesto de ofendidos, aprovecha su sustancia el Partido Popular. No me mezclo pero cómo me sirvo de su munición, parecen decir. Pero el movimiento español ha elegido la vía de la más vergonzante ramplonería a la de la sutileza. La fusión de las proclamas neoliberales con sangre de toro, los zarajos y los carajillos conforman una olla podrida de difícil digestión intelectual.

 

PRÓLOGO  

Nacen estos cornetas del Apocalipsis como una ampliación de aquellos jinetes que publicó EL PAÍS en los cinco domingos de agosto de 2010. Entonces fueron Alfonso Ussía, César Vidal, Carlos Dávila y Pío Moa. A estos cuatro jinetes se les sumaba Federico Jiménez Losantos, en su papel de ángel que les encauza y empuja. Ya decía entonces que no estaban todos los que eran, aunque todos los que estaban, eran. Así que decidí doblarles, y de los cinco jinetes vienen los diez cornetas. A los ya conocidos, aquí ampliados y más comentados, agregamos a Hermann Tertsch, Juan Manuel de Prada, Fernando Sánchez Dragó, Antonio Burgos e Isabel San Sebastián. Que nadie piense que ya completamos la lista: quedan decenas en la reserva, igual de fieros, igual de vociferantes.

    Es sabido que las trompetas del Apocalipsis son siete, siguiendo la estructura septenaria del Libro sagrado. Pero dada la categoría de los músicos aquí recogidos, me ha parecido exagerado adjudicarles la nobleza de la trompeta, y he preferido dejarlos en modestos cornetas, instrumento de registros suficientes para la banda, con sus tambores y el mucho ruido, pero exiguos para la orquesta y la complejidad de sus armonías. Por tal motivo, he tenido que emplear un número mayor de instrumentistas para equiparar el volumen de sonido de las siete trompetas. Me he alargado pues hasta diez cornetas, número muy convencional, pero reconocible por todos como suficiente para una recopilación.

    Les recuerdo qué significaban las siete trompetas. La primera, granizo y fuego mezclado con sangre, destruye la vida vegetal en el mundo; la segunda, trae un supuesto meteorito que se precipita en el mar, y acaba con la vida marina; la tercera afecta a los lagos y los ríos del mundo; la cuarta ocasiona que el sol y la luna se oscurezcan; la quinta acarrea una plaga de «langostas demoníacas» que atacan y torturan a hombres y mujeres; la sexta libera a un ejército de demonios que matan a un tercio de la humanidad y, por último, la séptima trompeta da paso a los siete ángeles «con las siete copas de la ira de Dios». Ya les decimos que las otras tres cornetas están para suplementar, que dado su menor nivel respecto a las vibrantes trompetas, necesitan de más ayuda.

    Poca cosa son para la realidad que se esconde en nuestros cornetas, que no solo nos amenazan con males similares, sino que además lo hacen con la ferocidad, la desvergüenza, la grosería y la intemperancia de la derecha más rancia de nuestro país. Insolentes y lenguaraces, insultan como tabernarios y vilipendian como desfachatados. Son, además de reaccionarios, exactos representantes del cutrerío hispano que desprecia todo lo que, encogidos por el desconocimiento, les asusta. Para ellos no hay feministas, sino «tiorras feministas»; no hay homosexuales, sino «floritos» o «sebosos andarines», y no hay progresistas, hay «chusma progresista». Son la grasa de las gallinejas, la manteca del chorizo, el aceite recalentado de la churrería.

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