Ficha técnica

Título: Los colores de nuestros recuerdos | Autor: Michael Pastoureau | Traducción: Laura Salas Rodríguez | Editorial: Periférica | Colección: Fuera de serie  | Páginas: 272 | ISBN: 978-84-16291-48-9 | Fecha: mayo 2017 | Precio: 19,00 euros  | Premio Médicis de ensayo y Premio France Télévisions

Los colores de nuestros recuerdos

PERIFÉRICA

¿Qué queda de los colores de nuestra infancia? ¿Qué recuerdos conservamos? ¿Un conejo de peluche azul, un vestido rojo, una bicicleta de color amarillo? ¿Eran realmente de ese color? ¿Qué colores asociamos a nuestro primer amor, a nuestra vida adulta? ¿Transforma la memoria los colores a su antojo? ¿Por qué? Para tratar de responder a estas preguntas, y a muchas otras, Michel Pastoureau nos propone un recorrido que abarca más del último medio siglo y nos lleva, incluso, hasta el pasado remoto. Recuerdos personales, anotaciones tomadas en el día a día, digresiones intelectuales, observaciones de historiador…

A medio camino entre las memorias, el ensayo, el libro de historia o el manual de arte, Los colores de nuestros recuerdos, con una escritura clara y cercana, resume de un modo muy personal toda la obra de Pastoureau, quien nos hace reflexionar sobre asuntos con los que convivimos todos los días: desde una pregunta tan sencilla como «¿por qué los semáforos tienen tres colores?» hasta, como si contáramos un cuento, «¿por qué Caperucita es de color rojo?».

Este libro viaja por la historia de los colores en Europa y se ocupa de muchos temas: la moda y los deportes, los objetos y prácticas de la vida cotidiana, los emblemas y banderas, la política y el cine.

A través de algo tan omnipresente en la vida como son los colores, este maravilloso libro trata de explicar algunos cambios en nuestra sociedad mediante una nueva forma de contar la Historia. 

«Lúdico, poético y nostálgico. A la vez personal y erudito.» Le Monde

EL COLOR COMO MEMORIA

Definir el color no es un ejercicio fácil. No sólo porque a lo largo de los siglos sus definiciones han ido variando según las épocas y sociedades, sino porque, incluso limitándose al periodo contemporáneo, el color no se percibe de la misma manera en los cinco continentes. Cada cultura lo concibe y lo define según su entorno natural, su clima, su historia, sus conocimientos, sus tradiciones. En este ámbito, el saber occidental no es una verdad absoluta, sino sólo un saber más entre otros. Por añadidura, esos saberes ni siquiera son unívocos.

     Resulta que participo regularmente en coloquios dedicados al color que reúnen a investigadores llegados de los cuatro puntos cardinales: sociólogos, físicos, lingüistas, pintores, químicos, historiadores, antropólogos, a los que a veces se les unen neurólogos, arquitectos, urbanistas, estilistas, músicos. Todos nos alegramos mucho de encontrarnos para hablar de un tema que nos apasiona, pero al cabo de unos minutos nos damos cuenta de que no estamos hablando de lo mismo: cada especialista posee sus propias definiciones, sus propios conceptos, sus propias certezas respecto al color. Compartirlas con otros especialistas no resulta sencillo, a veces es casi imposible. No obstante, me parece que se ha avanzado y que los malentendidos son hoy en día menores que hace treinta o cuarenta años. Llevo más de tres décadas participando en ese tipo de encuentros. Sin embargo, me da la impresión de que los químicos y los físicos tienen más en cuenta las interrogaciones de los investigadores de humanidades y que, al mismo tiempo, los historiadores, sociólogos y lingüistas han mejorado su mediocre bagaje de ciencias físicas. Que todos ellos sigan por ese camino y los intercambios serán más provechosos. 

     El libro presente, en parte autobiográfico, incumbe sólo a las humanidades. La idea fue germinando progresivamente, a lo largo de los años y de mis investigaciones sobre la historia y la simbología de los colores. Un día me pareció que había llegado el momento de compartir cierto número de recuerdos cromáticos, asociados a mi propia historia, pero también a la de la sociedad francesa y a las europeas, a la de sus usos y sus códigos tal como han sido durante más de medio siglo. No se trataba de un proyecto completamente narcisista, pero sí algo utópico. Al menos en lo que respecta a mi deseo de dar fe de lo que había visto, vivido y sentido en materia de colores durante casi seis décadas -desde el principio de los años cincuenta hasta nuestros días- y a mi afán de rastrear al mismo tiempo la historia y las vicisitudes, de valorar las permanencias y los cambios, de señalar las cuestiones sociales, éticas, artísticas, poéticas, oníricas.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]