Ficha técnica

Título: Los buscadores de placer | Autor: Tishani Doshi |  Traducción: Ignacio Gómez Calvo y Marc Viaplana Canudas | Editorial: Mondadori  | Colección: Literatura Mondadori | Género: Novela | ISBN: 9788439722601 | Páginas: 304 | PVP: 23,90 € | Publicación: 17 de Septiembre 2010

Los buscadores de placer

MONDADORI

La primera novela de la poeta india Tishani Doshi es una apasionante saga ambientada en países tan diferentes como la India y Reino Unido, y una reflexión sobre la identidad, el sentimiento de pertenencia y el amor.

«Hay muchas maneras de amar a una persona. En mi caso, fue un sentimiento tranquilo, nada parecido a lo que estás sintiendo tú ahora. Lo que tienes tú es algo especial. Lo llamamos ekam. Algunos lo comparan con adentrarse en la oscuridad de una cueva. Otros dicen que es sentir cómo tu corazón arde a fuego lento. Cuando has sentido el ekam crees que eres capaz de acabar con todo lo malo del mundo.»

Babo va a dejar la India para estudiar en Inglaterra. Su familia lo tiene todo previsto: unos buenos estudios en el extranjero, una boda con la chica adecuada y un futuro en el negocio familiar. Pero en Londres nada sale como habían imaginado. Babo pasa de ser tímido y enfermizo a convertirse en un joven seguro de sí mismo y completamente adaptado al estilo de vida occidental. Olvida a su prometida, abandona sus costumbres y se enamora de Siân, una galesa que trabaja con él. Un día llega la noticia de que su madre ha enfermado y tiene que volver apresuradamente a Madrás… ¿Podrá vivir sin Siân?

«Un novela preciosa, cautivadora.Me sentí atrapado por Tishani Doshi y su mundo.» Salman Rushdie

«Me leí la novela de una sentada. Los personajes me cautivaron, y al final sentí esas punzadas de horribles celos literarios que a veces se sienten.» Louis de Bernieres

 

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PARTIDAS Y CONSIGNAS DE FALSEDAD  

A primera hora del 20 de agosto de 1968, la mañana de la partida de su hijo, Prem Kumar Patel cedió a un lujo que nunca, en sus cuarenta y siete años de vida, había experimentado: tuvo un sueño. Fue un sueño largo, terrible, que parecía devolverlo al útero materno y precipitarlo al final de su vida, a un valle sumergido en hielo. En ese sueño, Prem Kumar escalaba montañas, trataba de encontrar a su mujer y a sus cuatro hijos. Los había perdido en un extraño reino en el que los hombres acarreaban los espectros de sus ancestros a la espalda y las mujeres se ocultaban en los árboles y disparaban f lechas de punta envenenada. Prem Kumar, quieto ante una gran puerta de madera, oía los chillidos de sus hijos. Babo, especialmente; su hijo mayor, que pasaba frío y quería más mantas para dormir; que no estaba acostumbrado al aire gélido que mudaba su tono castaño oscuro a un color pistacho. Babo no paraba de llamarlo: «Prem Kumar, ¿por qué me enviaste a este lugar? ¿Por qué me hiciste marchar?». Los otros hijos, Meenal, Dolly y Chotu, chillaban a coro con él: «¿Por qué lo hiciste marchar? ¿Por qué hiciste que nuestro hermano se fuera?».

   Toda la mañana, mientras al otro lado del mundo los tanques soviéticos invadían la República Socialista de Checoslovaquia, Prem Kumar Patel yacía como un cadáver, boca arriba en Madrás, al sur de la India, y contemplaba como su vida entera pasaba por delante de él en una serie de escenas argénteas y fugaces. Vio a su encanecida madre en los peldaños de la entrada de su casa en Ganga Bazaar, pelando mangos para nietos que no habían nacido aún. Vio chacales que vagaban por calles llenas de
escombros en una ciudad en ruinas. Vio llamaradas y elevaciones, y un aeroplano celestial que bajaba del cielo. Vio cosas que era imposible que hubieran pasado, pero parecían tan reales y se asustó tanto que tuvo que volverse hacia su esposa, que yacía junto a él, y succionar sus pechos de luz asombrosa. Quiso preguntar qué significaban aquellos presagios, pero Trishala, irritada, apartó a cachetazos la boca de su marido y no quiso nada de eso. «¡Fuera, fuera! -le dijo-. ¿Qué te pasa? ¿Por qué me molestas tan temprano por la mañana?» Tiró de las sábanas, se cubrió su voluminoso cuerpo con ellas, y eligió encerrarse en su propio mundo de ensueño.

   Cuando Prem Kumar finalmente se despertó, el día de la partida de Babo, tenía surcos oscuros bajo los ojos y la parte más ancha de la nariz acribillada por los mosquitos. A lo lejos oía la monserga diaria de su vecino Darayus Mazda desde el balcón: «¡Ah! Me están haciendo pedazos. Mi familia me hace pedazos. Quieren mandarme a las Torres del Silencio antes de hora. ¿Me salvará alguien de su maldad…?». Y seguía y seguía, hasta que Prem Kumar, por primera vez desde que eran vecinos, quiso acercarse a su prójimo parsi y consolarlo en su sufrimiento. Que nadie trataba de quitárselo de encima; que, de hecho, era él, Prem Kumar, quien iba a sufrir un dolor mucho mayor.

 

Prem Kumar no era un hombre sentimental, pero era religioso y creía en la expiación. Para él, el hecho de la partida de Babo era mucho más que una inversión en el futuro de la familia Patel. Se trataba de su religión personal, de su «ley natural», de su responsabilidad. Babo, que se había licenciado con matrícula de honor en química en el Jain College, iba a ser el primer miembro de su comunidad en seguir estudios en el extranjero. Babo, a la impresionante edad de veintiún años, iba a ser también el primer miembro de la familia que volaría en avión hasta Londres.

   A principios de año, Prem Kumar había mandado una carta a la oficina de Joseph Friedman & Sons de Londres, de quienes importaba cemento pigmentado y materia prima, para preguntar si podrían proporcionar a su hijo, que iba a estudiar por las tardes en el City & Guild Borough Polytechnic, alguna enseñanza práctica durante el día. Fred Hallworth, encargado de exportaciones, contestó diciendo que estarían encantados de emplear al joven Dharmesh Patel en sus oficinas de Wandsworth; que podían ofrecerle diez libras y quince chelines de sueldo semanal, y que además le darían los miércoles libres para que pudiera acabar antes sus clases en la politécnica.

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