Ficha técnica

Título: Los apaches | Autor: Donald E. Worcester | Editorial: Península | Colección: Atalaya | Páginas: 541 | ISBN: 978-84-9942-212-1 | Tradución: Javier gonzález Martel | Precio: 35,90 euros | Ganador del premio al mejor libro del sudoeste y del premio Spur a la mejor obra de no ficción del oeste

Los apaches. Águilas del sudoeste

PENÍNSULA

 

Los apaches, pueblo del sudoeste de EE.UU., erraron por montañas y desiertos sin abandonar la vida nómada. Carecían de gobierno, adoraban a la naturaleza y evitaban las ceremonias. Divididos en bandas, vivían en sus territorios de caza. Místicos y materialistas al tiempo, creían en fuerzas sobrenaturales y en el «poder contra los enemigos», que les capacitaba, según la tradición, para derrotar a los adversarios. Se decía que algunos hombres sabios -como Gerónimo, jefe mítico- tenían capacidades adivinatorias.

Aunque nunca fueron muy numerosos, los apaches resistieron con éxito a sus enemigos desde principios del siglo XVII hasta finales del XIX. Evitaban las batallas a campo abierto pero si eran acorralados, luchaban hasta la muerte. Valientes combatientes de guerrillas fueron aniquilados por el ejército de la Unión ya que no aceptaron nunca una paz deshonrosa y no se les pudo someter por hambre, a través del exterminio del bisonte.

Este libro es la historia de una nación india desparecida. Un pueblo guerrero que, diezmado y enviado a las reservas, nunca perdió su extraordinaria identidad.

«Worcester ha emprendido la tarea monumental de escribir la historia de los apaches. El resultado es un excepcional ejemplo de erudición histórica».
American Historical Review

«Documentado a fondo y provisto de una excelente bibliografía, Worcester ha escrito un libro de gran utilidad tanto para los especialistas como para los lectores que sientan interés por los indios del sudoeste».
American Indian Quarterly

 

 

PREFACIO

 

A diferencia de muchos otros pueblos que vivían en tierras marginales e indeseables, los apaches erraron por las montañas y los desiertos por elección propia y nunca quisieron abandonar su modo de vida nómada. Aun cuando sus incesantes ataques provocaron el abandono de varios poblados de los indios pueblo, los apaches nunca ocuparon estos emplazamientos. En numerosas ocasiones, pudieron haber completado la despoblación de Sonora y Chihuahua, pero, como observaron de manera franca y un tanto jactanciosa, quisieron que la gente de aquellas provincias continuase criando caballos y mulas para ellos. 

Todos los apaches hablan la misma lengua atapasca, pero eso no significa que siempre haya reinado la paz entre las bandas, ni siquiera en el interior de las mismas. El asesinato de un apache provocaba la reclamación de represalias. Si un apache mataba a otro, los familiares por línea materna del muerto tenían la obligación de vengar su muerte. Si un angloamericano blanco o un mexicano acababan con la vida de un apache, aunque hubiese estado robando caballos, el jefe de su clan o grupo local encabezaba una partida de guerra contra el enemigo. Si era posible, mataban al asesino; si no, se contentaban con cualquier otro miembro de su raza. Si capturaban a un varón adulto, lo entregaban a los familiares femeninos del apache fallecido para que lo torturasen y lo mataran amodode compensación por su pérdida. 

 

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