Ficha técnica

Título: Loco  | Autor: Rainald Goetz   | Traducción: Eduardo Gil Bera |  Editorial: Sexto Piso| Colección: Narrativa Sexto Piso | Año de publicación: octubre 2016 |  ISBN: 978-84-16677-01-6   |  Páginas: 256 | Formato: 15 x 23 | Precio: 22,00 euros

Loco

SEXTO PISO

Loco es la huida que inicia un joven psiquiatra, tras desencantarse del universo megalómano de la psiquiatría, dedicado a la publicación de tratados que encumbren a sus autores, a encuadrar síntomas en un marco patológico y a recetar, y esperar, con un poco de suerte, que el alta médica llegue antes que los electrodos y sus violentas descargas. Goetz vislumbra con clarividencia profética el sofocante dominio que el discurso imperante de nuestra época imprime en los seres humanos. «No soy una enferma mental, mi alma está enferma», dice una de las voces que toma la palabra en esta novela coral; y esa agónica confesión resume la intención de este texto, desquiciado y agónico también, que no es otra que la de atentar contra la idea que criminaliza lo anormal.  

 

I. ALEJARSE

«Podemos ver lo que sabemos ver.
El secreto está a la vista».

No reconocía nada.

     Cuando salí de la clínica como todas las tardes, fui hacia la boca del metro sin ver nada. ¿Había olido la primavera? Aún con la vibración del trayecto, llegué a mi cuarto, y nada era como antes. Anduve sin protestar entre las latas de cerveza, las botellas, los periódicos y las ropas del suelo, en una búsqueda sin rumbo. Las grandes sábanas blancas en las paredes; tras las sábanas, las estanterías; en las estanterías, los libros velados. ¿Había leído? ¿Había abierto un libro y escuchado algo distinto a ese zumbido insoportable en los oídos, más alto con cada frase? Junto a la cama estaban los restos de comida de la noche anterior. Comí lo que pude y caí en un sueño sin ensoñación. Desperté. Ya estaba oscuro. Y con el despertar vino la intranquilidad. Largo de aquí, al bar, fuera. Cuando volví por la noche, a tientas y tropezando, lo vi todo claramente. Cómo una zapatilla de deporte que me quité y dejé caer fue a parar al plato del pan. Qué cosa tan rara, pensé, y de repente me reconocí.

     Pero a la mañana siguiente, sólo quedaban el dolor en la cabeza y el temblor en las manos, y todo a mi alrededor ciego y sin respuesta. Me puse en camino, vuelta a la clínica, a la confusión siempre creciente, cada vez más lejos de todo lo que había conocido.

Tras los acostumbrados vagabundeos por la ciudad, las idas y venidas por las zonas peatonales, pegado a las paredes de las casas, los escaparates, los espejos de cristal, asustado por la marea humana delante, detrás y alrededor, las miradas que reprochan y a la vez ordenan seguir entre la gente en sus idas y venidas, el programador Sebastian Köhler, treinta y nueve años, cruza de golpe con pasos liberados la amplia plaza al final de la zona peatonal, bailotea bajo los tilos de la calle de enfrente, hasta el número 17, oh fachada amiga, y entra en el señorial edificio de la clínica psiquiátrica universitaria con un sonoro Aquí estoy, para finalmente irse otra vez.

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