Ficha técnica

Título: Lo que muere en verano | Autor: Tom Wright | Editorial: Duomo | Colección: Novela | ISBN: 9788415355342 | Encuadernación: Cartoné con sobrecubierta | Páginas: 284 | Precio: 19.80 euros

Lo que muere en verano

DUOMO

 

Jim, un adolescente que vive con su abuela, no ha tenido una vida fácil y hace lo posible para no complicársela más. Cuando su prima se presenta un día en su casa con su maleta y sus secretos a cuestas, intuye que ese verano no va ser como los demás. Sobre todo cuando ambos descubren el cuerpo de una chica muerta… Y saben que es solo el principio de todo lo que va a morir ese verano.

«Inquietante y escrita con elegancia.»
The Times

«Genial. Me recuerda a Matar a un ruiseñor.»
Ian Rankin

«Compulsiva, provocadora y realmente impresionante.»
John Boyne, autor de El niño con el pijama de rayas

«Fascinante. El autor demuestra su gran talento polifacético para narrar y embelesar.»
Publishers Weekly

«Una novela magnífica, no tanto sobre la pérdida de la inocencia como sobre la inocencia pasada por la batidora.»
Nick Cave

 

 

1

Madres

 

Hice lo que hice, y tendré que vivir con ello. Pero no hay modo alguno de asimilar lo ocurrido sin incluir a L. A. en el paquete. Eso era lo que tenía ella, que jamás trataba de cambiar a nadie, pero nada de lo que tocaba volvía a ser lo mismo, incluyéndome a mí. Creo que eso se debe a que hiciera lo que hiciera, y no os penséis que me olvido de que era una chica, lo hacía a lo bestia. Sin previo aviso, sin dar explicaciones ni mostrar un especial interés en si la otra persona lo entendía o no. Un buen ejemplo de sello fue el modo en que se presentó en nuestra casa.

Se supone que tengo ciertas facultades extrasensoriales, que según la abuela es una especie de atavismo que de vez en cuando se manifiesta en la familia. En mi caso se expresa de un modo imprevisible y por lo general resulta inútil, pero esta vez fue muy intenso e irrumpió en mi cabeza como un relámpago mientras terminábamos de lavar los platos del desayuno en la cocina. Ocurría algo en el porche delantero. No era algo peligroso ni necesariamente escalofriante, pero sí algo que estaba fuera de lugar. Me sequé las manos para salir a echar un vistazo. 

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