Ficha técnica

Título: Llamada perdida | Autora: Gabriela Wiener | Editorial: Malpaso | Páginas: 180 | Formato: Tapa dura | Tamaño: 14x21cm | ISBN: 978-84-15996-70-5 | Precio: 17,50 euros

Llamada perdida

MALPASO

Gabriela Wiener escribe sobre quién es y sobre lo que vive, y lo hace con un lenguaje y una sinceridad sorprendentes. En estos relatos autobiográficos cargados de ironía y humor nos invita a sumergirnos en el mundo y la mirada de una mujer que lucha contra sus demonios cotidianos. Aborda temas como la emigración, la maternidad, el miedo a la muerte, la soledad de los cuartos de hotel, la fealdad, los tríos, el misterioso número once, el alejamiento de los amigos… El día a día aparece como un todo complejo y rico dispuesto a revelarse de inmediato.

«No solo me meto en espacios o situaciones al fiel estilo del periodismo gonzo, sino que revelo mis temores, mis falencias, mis sesgos y limitaciones. No tengo miedo de parar el relato de lo que veo para hacerlo […]. Creo que lo más honesto que puedo hacer literariamente es contar las cosas como las veo, sin artificios, sin disfraces, sin filtros, sin mentiras, con mis prejuicios, obsesiones y complejos, con las verdades en minúscula y por lo general sospechosas.»

«Historias trozadas que nos resultan perturbadoras,en parte porque desnudan pasiones, fragilidades, heridas a la vez familiares y extrañas, y en parte porque Gabriela Wiener las aborda con un lenguaje que no se parece a ningún otro.» (Piedad Bonnett) 

«Desdibuja las fronteras entre la periodista y la exploradora en pos de sí misma, del conocimiento, o de la experimentación. El lector podrá preguntarse si cumple así con el encargo de alguna revista o con el de su propia alma.» (Juan Bonilla)

Advertencia

Admite el señor Phillip Lopate, uno de los principales estudiosos y escritores del género del ensayo personal, que siempre ha admirado a escritores como Jack Kerouac o Henry Miller que son capaces de convertir sus vidas en una saga épica. Cuando se propuso utilizar la suya como materia literaria, sin embargo, se dio cuenta de que estaba muy lejos de poder emular a sus ídolos: él no se había enrolado en la marina mercante, ni había sido un revolucionario, ni se había ido de putas en París. Él sólo era un profesor aburrido que escribía poemas y textos en primera persona. Tal vez por eso su libro Retrato de mi cuerpo es la demostración de que el milagro se esconde entre lo oscuro.

Confieso que, a diferencia de Lopate, yo sí me he ido de putas en París. Y he hecho otras cosas que algunos encuentran audaces. He visitado mundos raros para contarlos. He tenido experiencias. Pero de un tiempo a esta parte me atrae también otro tipo de aventuras. Me refiero al relato del tejido social y emocional en el que operamos. He asumido no sin pudor -alguna vez tenía que pasar- el papel de comentarista de la realidad relegando el de protagonista. O no.

Lo cierto es que nunca he podido narrar -ni opinar- desde un lugar discreto, nunca he podido hacerme invisible, y para ser sincera tampoco lo he intentado. Amo la realidad que desenmascaramos en cada uno de nuestros actos. Amo la voluntad de asombro. Cuando niña me intoxiqué de poesía confesional y de los trabajos de artistas que escribían con su sangre y nos mostraban la cama donde acababan de tener sexo. Me interesan los documentales que hacen los hijos sobre sus familias tanto como los libros de memorias que nadie contaría, narraciones llenas de episodios bochornosos. La intimidad es mi materia y es mi método. Y, sí, esa necesidad de exponerme tiene que ver más con la inseguridad que con la valentía. La autorrepresión siempre me pone al borde del arrebato y en situaciones incómodas de las que nunca sé cómo salir. Pero salgo y salgo un poco distinta.

Este puñado de historias y observaciones no son más que frutos de la reincidencia en el vicio de documentar lo que me rodea con la esperanza de que al relatarme alguien más se sienta relatado. Si algo he aprendido de gente como Lopate o Emmanuel Carrère -otro desencantado de la ficción, autor de libros híbridos y raros que son a la vez autoficción, reportaje y literatura del yo- es que hay muchas primeras personas: no todas son estúpidas o inoportunas. Y que, como dice Lopate, siempre habrá una tensión entre nuestro lado seductor y nuestro lado insufrible.

Creo que lo más honesto que puedo hacer literariamente es contar las cosas como las veo, sin artificios, sin disfraces, sin filtros, sin mentiras, con mis prejuicios, obsesiones y complejos, con las verdades en minúscula y por lo general sospechosas. Hacerlo de otra manera sería presuntuoso por mi parte. Estaría engañándome y engañándolos. Gay Talese escribió que la misión de un escritor de no ficción es dar cuenta de la corriente ficticia que fluye en los túneles subterráneos de lo real. Hay escritores que buscan la verdad a través de la ficción. Me gusta pensar que formo parte del otro grupo, el de esos excavadores que buscan en lo real lo impredecible y lo extraño (pero también lo abrumador) de la normalidad, el absurdo que contienen las noticias, todo eso que puede ser tan serenamente triste como una llamada perdida.

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