Ficha técnica

Título: Literatura universal | Autor: Sabino Méndez |  Editorial: Anagrama | Colección: Narrativas hispánicasPáginas: 496 |  ISBN: 978-84-339-9830-9 | Precio: 21,90 euros  | Código: NH 582 | Fecha:  marzo 2017 |

Literatura universal

ANAGRAMA

¿Puede escribirse un libro usando las mejores palabras de los grandes escritores de la literatura universal? «Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir; yo prefiero jactarme de los que me ha sido dado leer», cuentan que dijo Borges. Y justamente ése parece haber sido el punto de partida de esta extraña y maligna novela.

Cárdenas, Simón y Valls se conocen en un colegio de curas del tardofranquismo: son los más díscolos de entre todos los alumnos díscolos. Procedentes de entornos muy contrastados, sus complicidades y entusiasmos se enfocan hacia los libros, el rock, las películas y las drogas. De Barcelona a Madrid, previo paso iniciático por las Baleares, el trío y sus demás compañeros crecen al ritmo de sus respectivas ambiciones y de la necesidad de ganar dinero. Pero todos ellos comprobarán de una manera inesperada cómo la palabra escrita les persigue de un modo sólido, decisivo y diabólico a lo largo de toda su vida.

Sabino Méndez nos ofrece en Literatura universal un festín de arte y escritura, una parodia de novela generacional, una reivindicación de la lectura sensible y apasionada. Una apología descarada de la copia, a la vez que una defensa del orgullo y la utilidad de la escritura. Un estilo indiscutible que se manifiesta tanto en la estructura como en la utilización de la lengua; una verdadera prueba de vitalidad literaria.

 

Primera parte

Vida carnal 

1

     Nada se pierde para siempre. Nada. Repetid con decisión (es importante): nada. La memoria guarda en su seno tesoros que ignoramos y que crecen, se expanden y brillan mejor entre el polvo y la oscuridad.1 Un día, un visitante ocioso recorre con el índice polvoriento la estantería en busca de un libro determinado y he aquí que el milagro sucede una vez más. Su atención, atraída por otro volumen que descubre inesperadamente, olvida cualquier proyecto inicial, y la bibliotecaria del mostrador ve pasmada cómo se pide en préstamo un libro que no ha sido solicitado en años.

     Pocas semanas antes de que yo descubriera una verdad tan simple como ésta, diversas muertes y otras deserciones en el entorno de mis allegados provocaron un momento de soledad inmensa, oceánica, que, sin duda, de alguna manera agrietó al caparazón de olvido que garantizaba mi supervivencia y mi cordura. La fisura no fue grave, pero por ella empezó a escapar una emanación asfixiante de escritura. Hacía poco que uno de los desaparecidos me había dicho de una manera ladina: no escribimos mejor porque probablemente no somos mejores. En los últimos años, yo había visto cómo muchos de mis jóvenes amigos se dejaban el vigor y la obsesión (la salud, al fin y al cabo) en comprobar la veracidad de ese aserto. Ver cómo se disgregaba la vitalidad y la convicción entre los que más quiero, con toda seguridad ayudó a agrandar las dimensiones de esa grieta.

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