Ficha técnica

Título: Literatura de izquierda | Autor: Damián Tabarovsky | Editorial: Periférica | Colección: Pequeños tratados | Género: Ensayo | ISBN: 9788492865185 | Páginas: 176 | PVP: 14,00 € | Publicación: 2010

Literatura de izquierda

EDITORIAL PERIFÉRICA

En 2004, un libro publicado en Argentina centró, al principio en voz muy baja, todas las conversaciones de aquellos que cada vez más sospechan de las convenciones literarias del presente, y se convirtió en un texto mítico. Era Literatura de izquierda, un diagnóstico de la literatura argentina, crítico y brillante, y nunca cínico como suele ser habitual en ciertas aproximaciones a la literatura de nuestros contemporáneos. Y era sorprendente para muchos lectores porque sus tesis podían aplicarse a la literatura española actual, a la de hoy mismo, incluso a la de otros países de América Latina. Por primera vez, y sin ambages, palabras como mercado y academia eran discutidas desde dentro, es decir, desde la misma escritura de uno de los narradores fundamentales de estos años, quien tomaba posición, arriesgándose a decir y a nombrar.

La literatura de izquierda a la que se refiere Tabarovsky no busca inaugurar un nuevo paradigma, sino poner en cuestión la idea misma de paradigma, la idea misma de orden literario, cualquiera sea ese orden.

 

I

El primer conflicto de Flaubert no fue el proceso judicial a causa de Madame Bovary, por «ofensas a la moral pública y la religión» en 1857, sino el de 1856, la discusión que lo opuso a su amigo Maxime Du Camp, director de La Revue de Paris. La novela, publicada en capítulos en la revista, estuvo sujeta a toda clase de censuras y disputas entre autor y editor. Du Camp sugería dos tipos de cortes: de «contenidos» y de «formas» (por nombrarlos del modo más convencional). Los de contenidos eran, por decirlo de alguna manera, esperables. Es el Segundo Imperio, y La Revue pretendía liderar el ala liberal de los intelectuales, lo que suponía una serie infinita de intercambios, negociaciones y concesiones con el régimen. Se modifican, entonces, la escena del paseo en coche y una parte de la agonía de Emma.

   El segundo tipo de censura es reveladora, crucial, apunta al centro de la escritura en Flaubert: Du Camp acusa a la novela de ser muy «complicada», de «estar llena de cosas inútiles», de tener partes «de más». De ser «excesiva».

   Aquí comienza a diseñarse la maldición de Flaubert, el estigma de la literatura que vendrá después: la escritura es un exceso. Cuando la literatura es ante todo un experimento, un juego, un balbuceo, entonces necesita un límite. Hay una doble novedad en esta disputa: novedad de Flaubert, al suponer que la ruptura viene dada por un modo de escritura; ya no del tema, la moral, las costumbres, la historia, sino de lo que él llama el estilo. Novedad, también, de Du Camp al advertir esta situación e intentar censurarla. Pero la censura -y el posterior juicio- llega tarde, no alcanza. Todo llega tarde después de Flaubert, ya nada alcanza. Todo el conflicto, las idas y venidas (Flaubert, que cede, se arrepiente, se vuelve a arrepentir; Du Camp que triunfa y allí donde triunfa fracasa), no es más que una demora: la demora antes de que el monstruo despierte, la leve algarabía del último recodo antes del precipicio, antes del extravío definitivo de la literatura. Antes de que Flaubert se vuelva vanguardia.

   La literatura de Flaubert es la escritura de una inclusión. La literatura incluye ahora lo feo, lo bajo, lo repugnante. Lo otro del Arte («Seamos vulgares en la elección del asunto», Baudelaire en su crítica de Madame Bovary). Pero lo incluye bajo la forma de la lupa, de la deformidad, nuevamente del exceso. El propio Du Camp en sus Souvenirs littéraires lo aclara: «Toda la literatura puede dividirse en dos escuelas diferentes, la de los miopes y la de los présbites. Los miopes ven por los bordes, le dan importancia a cada cosa porque cada cosa se les aparece aisladamente (…) se diría que tienen un microscopio en el ojo que todo lo aumenta, lo deforma (…) Los présbites, al contrario, ven el conjunto, en el cual los detalles desaparecen para formar una suerte de armonía general (…) Flaubert escribe con una lupa, el espectador mira y cree ver monstruos allí donde no había más que criaturas humanas semejantes a él».

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]