Ficha técnica

Título: Letras en la celda. Cultura escrita de los conventos femeninos en la España moderna | Autoras: Nieves Baranda Leturio y Mª Carmen Marín Pina | Editorial: Vervuert Verlag  | Páginas: 492 | ISBN: 9788484897880 | Precio: 36,00 euros

Letras en la celda

IBEROAMERICANA VERVUERT VERLAG

Entre los cientos de nombres de mujeres de la Edad Moderna recuperados por la historia literaria muchos son de monjas. Aunque algunas de estas escritoras hayan sido ya estudiadas y apreciadas, la gran mayoría sigue constituyendo un misterio y, por ello, un reto a nuestro conocimiento.

Este volumen reúne a un buen grupo de expertos en el tema, que abordan el mundo conventual como una esfera cultural con sus propias dinámicas. Unas pertenecen al espacio interno, en sus dimensiones privada o colectiva; otras lo vinculan con su entorno físico y humano inmediato; y algunas lo expanden a tierras lejanas, actuando como agentes de transferencias insospechadas. Las relaciones sociales, las lecturas, las sorprendentes modalidades de la escritura o la compleja revisión de las tradiciones heredadas son motivo de análisis en estos artículos, que se sitúan en la intersección entre los estudios de género, la historia literaria y cultural, y la historia religiosa de la Península Ibérica entre los siglos XVI y XVIII.

Este libro no pretende, con todo, ser un cierre, sino, al contrario, principio, génesis e impulso de un estudio renovado sobre la escritura conventual femenina, un interés que saque las letras de la celda y ponga sobre ellas nuevas luces, perspectivas, preguntas e hipótesis, que amplíe su conocimiento y comprensión, en definitiva que les dé carta de naturaleza en el canon cultural hispánico.

El universo de la escritura conventual
femenina: deslindes y perspectivas

La escritora típica de la Edad Moderna española fue una monja. Esta afirmación no debe extrañarnos, pues, al fin y al cabo, la escritura no era una actividad ajena a su profesión, sino muy al contrario una tarea que estaba íntimamente ligada a la vida conventual. Aunque siempre vigiladas desde instituciones de dominio masculino, supervisadas por frailes, confesores, obispos, superiores de las órdenes, la comunidad conventual requería para mantenerse unas bases que no podían prescindir de la escritura, que no podían ser delegadas en su totalidad en esos hombres que las rodeaban y que, por tanto, las mismas monjas debían ejercer. Sin duda no todas las monjas de velo negro sabían escribir, pero sí tenían obligación de saber leer y cuando la ocasión lo requirió, muchas de las que no habían practicado con la pluma dieron el paso a hacerlo. El convento exigía llevar un control documental que asegurara su pervivencia económica y administrativa, pero también debía gestionar su memoria, la red de relaciones imprescindibles en la sociedad clientelar, funciones pedagógicas y la trasmisión de un patrimonio inmaterial, espiritual. Todo ello se hace en buena medida a través de la palabra oral, pero se apoya también en el escrito y, a medida que se desarrolla la sociedad letrada, cada vez con más intensidad. Sobre este humus que podríamos llamar de comunicación necesaria se abre relativamente pronto un abanico de posibilidades que aprovechan el deber de escritura y encuentran su placer dándole por ello un uso vicario, abriendo formas de comunicación escrita, subsidiarias y desusadas en su origen, que las monjas acaban convirtiendo en necesarias y acostumbradas con su práctica. Así, las cartas, cuya función utilitaria es evidente, pueden llegar a hipertrofiarse hasta transformarse en textos que adquieren una sutil variedad de formas: en el espacio autobiográfi co se deslizan hacia las cuentas de conciencia o la narrativa del yo; desde la noticia llegan a contenidos parahistóricos, como el relato de fundación, el menologio, la hagiografía, se emplean como medio de transmisión poética o hacen las veces de paratextos.

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