Ficha técnica

Título: León y Louise | Autor: Alex Capus |  Traducción: Carlos Fortea Gil  | Editorial: Salamandra | Colección: Narrativa | Género: Novela | ISBN: 978-84-9838-502-1 | Páginas: 256 | Encuadernación: Rústica | PVP: 15,00 € | Publicación: 2013

León y Louise

SALAMANDRA

Obra finalista del Deutscher Buchpreis -uno de los premios literarios de referencia en Alemania-, esta última novela de Alex Capus es la máxima expresión de una historia de amor que desafía todas las convenciones. Exquisita por su ligereza y conmovedora por su intensidad, la verosimilitud del relato sorprenderá al lector más avezado.  

El verano de 1918, la Primera Guerra Mundial está a punto de terminar, pero sus consecuencias perdurarán durante décadas. Para algunas personas, incluso toda una vida. Léon le Gall es un joven rebelde de apenas diecisiete años que ha decidido dejar los estudios y trabaja como ayudante en la estación ferroviaria de Saint-Luc-sur-Marne, en la costa de Normandía. Allí es donde conoce a la hermosa y esquiva Louise Janvier, y entre ellos surge un sentimiento puro, noble y profundo. Sin embargo, todo salta por los aires cuando Louise desaparece durante un bombardeo de la aviación alemana. Abatido por la pérdida, Léon logra reconstruir su vida. Se casa, tiene hijos y empieza a trabajar como científico para la policía, pero nunca conseguirá olvidar a Louise.  

 

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     Estábamos en la catedral de Notre-Dame, esperando al cura. A través del rosetón, la coloreada luz solar se proyectaba sobre el ataúd abierto que yacía adornado con flores sobre una alfombra roja ante el altar mayor. En el deambulatorio, un monje capuchino estaba arrodillado frente a la Piedad; en la nave izquierda, un albañil en un andamio raspaba con su paleta, provocando un ruido resonante entre aquellos muros de ochocientos años. Por lo demás, reinaba el silencio. Eran las nueve de la mañana, los turistas todavía estaban desayunando en sus hoteles.

     Los asistentes al funeral éramos pocos; el fallecido había vivido largo tiempo, y la mayoría de sus conocidos habían muerto antes que él. En el primer banco estaban, en el centro, sus cuatro hijos varones, su hija y sus nueras, luego sus doce nietos, de los que seis aún eran solteros, cuatro estaban casados y dos divorciados; y en un extremo, los cuatro bisnietos -con el tiempo llegarían a ser veintitrés- ya nacidos por aquel 16 de abril de 1986. Detrás de nosotros se extendían en la penumbra hacia la salida cincuenta y ocho filas de bancos vacíos… un mar de bancos vacíos, en el que sin duda habrían cabido todos nuestros antepasados hasta el siglo XII.

     Éramos un grupito ridículamente pequeño para una iglesia tan grande; que estuviéramos allí sentados era una última broma de mi abuelo, que había sido químico de la policía en el quai des Orfèvres y un gran anticlerical. Como había anunciado a menudo en los últimos años, deseaba un funeral en Notre-Dame. Si se le hacía notar que, en su calidad de no creyente, la elección del templo tenía que resultarle indiferente y que la iglesia del barrio, a la vuelta de la esquina, sería más adecuada, respondía:

     -¿La iglesia de Saint-Nicolas du Chardonnet? No, hijos, yo quiero Notre-Dame.

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