Ficha técnica

Título: Latinoamérica criminal. Trece relatos seleccionados por Daniel Galera para la revista McSweeney’s | Editorial: Literatura Random House  | Colección: Literatura Random House |Formato: Tapa blanda con solapa | Medidas: 136 X 229 mm |Páginas: 304 | ISBN: 9788439729112 | Precio: 20,90 euros |Ebook: 11,99 euros

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Latinoamérica criminal

LITERATURA RANDOM HOUSE

En abril 2014 sale el número 46 de la prestigiosa revista McSweeney’s Quarterly a cargo de Dave Eggers. Desde 1998 esta revista literaria ha publicado la obra de lo mejor de la literatura americana y ha servido de plataforma para nuevos autores aún no publicados, ha sido galardonada con numerosos premios literarios y de diseño como dos National Magazine Awards para ficción. Sus historias han aparecido en numerosas ocasiones en The Best American Magazine Writing, en The O. Henry Prize Stories y en The Best American Short Stories. Esta nueva entrega está completamente dedicada a historias criminales escritas por diferentes autores de Latinoamérica. Es por ello que se ha invitado como antólogo al autor brasileño Daniel Galera para que seleccione trece relatos electrizantes. Cada uno de los cuales toman como punto de partida el género policíaco, criminal o la novela negra para acabar desarrollando historias contemporáneas que nos retratan vidas y realidades desde diferentes ángulos: viajamos así a prisiones venezolanas secretas, a resorts uruguayos, a habitaciones empapadas de sangre de México y Perú, al parque temático Epcot Center o a la casa de un transexual llamado Amy Winehouse en la Habana. En palabras de Daniel Galera: «Cuando se habla de ficción latinoamericana se puede caer en la simpleza de mencionar realismo mágico, barriadas y violencia urbana, la lucha contra la dictadura, las culturas pre-colombinas, el legado colonialista español y portugués… Borges, Cortázar, Rulfo, García Márquez, Rosa, Llosa y más recientemente Bolaño… Pero nada es ya tan simple. En las dos últimas décadas y sobre todo en los últimos años el panorama ha cambiado. Por un lado tienes la globalización, una democracia generalizada (o algo parecido), en algunas ocasiones el ascenso al poder de partidos laboristas, nuevas tecnologías, nuevas armas, nuevas drogas, nuevas reservas de petróleo, enjambres de una nueva clase media que llenan los centros comerciales, compran coches y móviles a precios abusivos: todo mientras la riqueza y la pobreza siguen bailando su tortuosa danza. Por otro lado hay una nueva generación de lectores y escritores ansiosos de dejar atrás sus estereotipos culturales y literarios

A través de trece relatos electrizantes, la revista McSweeney’s nos ofrece una selección de la mejor literatura latinoamericana contemporánea. Esta antología, llevada a cabo por el autor brasileño Daniel Galera, toma como punto partida el género negro y criminal para acabar revelando un variopinto muestrario de la vida actual en Latinoamérica. Viajamos así a prisiones venezolanas secretas, a resorts uruguayos, a habitaciones empapadas de sangre en México y Perú, o a la casa de un transexual llamado Amy Winehouse en La Habana.

En estas páginas encontramos algunas de las voces más consolidadas de diez países latinoamericanos, entre las que destacan Alejandro Zambra, Juan Pablo Villalobos, André Ressia Colino, Mariana Enríquez y Andrés Felipe Solano, entre otros. Daniel Galera y McSweeney’s nos proponen una lectura imprescindible para cualquier lector interesado en la topografía cambiante de la literatura latinoamericana y la vida en sus diferentes países, un abanico representativo de las dificultades y los anhelos de sus gentes.

La cara

de Santiago Roncagliolo

-¿Es ella o no es ella?

-No lo sé, doctor. Podría ser cualquiera.

El fiscal Félix Chacaltana frunció el ceño. A lo largo de su carrera había levantado todo tipo de cadáveres: muertos conocidos y desconocidos, muchos de ellos indocumentados, algunos en avanzado estado de descomposición. Casi siempre había sido posible identificarlos con la ayuda de algún pariente o amigo. Pero para el reconocimiento hacía falta que el cuerpo tuviese una cara. Y éste no tenía.

-Ojalá no sea ella -dijo el agente Basurto, moviendo la cabeza con preocupación-. Cantaba bien bonito, doctor.

-«Canta», agente. En presente. Hasta que no se certifique el deceso por escrito, la señora está oficialmente viva.

-¿Y entonces quién es ésta?

El fiscal se encogió de hombros. Dentro del tráiler no se podía estar de pie, y los dos funcionarios estaban sentados frente al cuerpo inerte, a ambos lados de una mesita de café, como en un almuerzo campestre. Volvieron a mirar la masa sanguinolienta, esa mezcla informe de pelo, piel y huesos.

En el lugar de ese moco rojo, horas antes había habido un rostro.

-¿Con qué le han dado? -siguió preguntando el policía-. ¿Una piedra?

-No creo. Una piedra es difícil de manejar. Y la víctima debe haberse defendido. Para hacer esto bien, hace falta un martillo.

Chacaltana imaginó la punta del martillo hundiéndose en la carne, penetrando los globos oculares, quebrando los huesos del cráneo. Pero su mente volvió rápidamente hacia su problema principal: el procedimiento de identificación del cadáver. No recordaba ninguna especificación en el reglamento para un caso como éste. Y sin identificación, no podría cerrar el acta correspondiente. Odiaba dejar a medias los procedimientos administrativos.

-¿Y no llevará un documento de identidad en algún bolsillo? -preguntó.

-Ese traje no tiene bolsillos, pues, doctor -se rió Basurto, que de los procedimientos no sabía una palabra, pero debía ser una autoridad en vestuario folklórico.

Los ojos del fiscal Chacaltana se posaron en el majestuoso vestido de la víctima: el corpiño de f lores rosa y verdes, la pollera gigantesca y el pañuelo amarillo amarrado a los hombros. Después de matarla, el asesino se había tomado la molestia incluso de colocarle su sombrero andino. Así que, aparte de la cara machacada a mazazos, la mujer lucía muy presentable.

-La gente tiene que portar siempre su documento de identidad -regañó el fiscal-. Yo siempre lo llevo, para facilitar la labor de las autoridades en caso de ser víctima de homicidio, sea culposo o doloso.

-Aah -confirmó el policía, y los dos guardaron silencio un momento y miraron por la ventanilla, hacia la explanada llena de botellas vacías y colillas.

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