Ficha técnica

Título: Las sillitas rojas | Autora: Edna O’Brien | Traducción: Regina López Muñoz | Editorial: Errata Naturae  | Colección: Pasaje de los panoramas | Fecha: oct/2016 | Formato: 14 x 21,5 | Páginas: 352 |  ISBN: 978-84-16544-08-0 | Precio: 19 euros

Las sillitas rojas

ERRATA NATURAE

Una noche, en pleno invierno, un misterioso extranjero llega al pintoresco y monótono pueblo irlandés de Cloonoila. Maduro, atractivo y carismático, el doctor Vladimir Dragan es tanto poeta como sanador, un «curandero» seductor y muy singular. Su presencia será recibida como una excitante novedad en Cloonoila, y con su encanto hechizará la vida de los habitantes del pueblo, sobre todo la de las mujeres.

La primera novela de Edna O’Brien en diez años, gran éxito de crítica y público en inglés, recorre Europa (Londres, La Haya…) desde su Irlanda natal para mostrarnos un portentoso viaje sobre el mal, la mentira, el dolor y, en última instancia, el poder redentor de los afectos, dibujando ante nosotros, casi en tiempo real, el retrato de un buen puñado de personajes fascinantes: de Dragan a Fidelma McBride, uno de los personajes femeninos más relevantes de la literatura contemporánea. Las sillitas rojas es una historia sobre las miserias de nuestras guerras contemporáneas y sobre la necesidad de rendir cuentas en un mundo en ruinas tras la desolación, una novela que se atreve a viajar por las más profundas oscuridades del hombre contemporáneo. Y aun así, se atreve a sugerir que hay un camino posible hacia la esperanza.

Casi seis décadas después de su debut, Edna O’Brien ha escrito una grandiosa obra maestra de la literatura internacional, una de las mejores novelas en lo que va del siglo XXI. Su prosa brilla en esta gran obra de madurez deslumbrante de un modo conmovedor y poderoso: como en la vida, el lirismo se mezcla con lo terrible y el miedo camina junto a la belleza.

«La gran Edna O’Brien ha escrito su obra maestra». Phillip Roth

«Las sillitas rojas es una osada creación que se sitúa en el ensangrentado cruce donde los mundos chocan: salvaje, tierna y verdadera». John Banville

«Sorprendente… Una novela extraordinaria. Una experiencia vital y absorbente». James Wood, The New Yorker

«Espectacular… Las sillitas rojas es el tipo de obra maestra que te recuerda por qué lees». Julie Myerson, The Guardian

«Edna O’Brien vuelve a demostrar que es una grande de la literatura». Fiona Wilson, The Times

«Edna O’Brien ha creado una obra de arte memorable para nuestros tiempos turbulentos… A la vez desafiante y bella». Claire Messud, Financial Times

«Un triunfo extraordinario, una narración del más alto nivel». Joseph O’Connor, Sunday Independent

«Una obra que deja una impresión indeleble. Magníficamente escrita e intensamente humana». Stephanie Cross, The Daily Mail

«Informada y absorbente… llena de energía narrativa y aplomo… Edna O’Brien está entre las más convincentes y observadoras novelistas actuales». Patricia Craig, The Independent

 

[Comienzo del libro]

El 6 de abril de 2012 se colocaron en filas 11.541 sillas rojas a lo largo de los ochocientos metros de la calle principal de Sarajevo con el fin de conmemorar el vigésimo aniversario del inicio del asedio de la ciudad por parte de las fuerzas serbobosnias. Una silla vacía por cada habitante de Sarajevo asesinado durante los 1.425 días de sitio. 643 sillitas representaban a los niños asesinados por los francotiradores y la artillería situada en las montañas circundantes.

PRIMERA PARTE

Cloonoila

 

Gilgamesh se lavó el cabello enmarañado y apelmazado, limpió sus armas, dejó caer el cabello sobre su espalda. Dejando a un lado sus vestiduras sucias se vistió con otras limpias, se envolvió con mantos, se ciñó con un fajín.

El pueblo toma el nombre del río. La corriente, rauda y peligrosa, se acelera con desenfrenado júbilo y en su cauce arrastra placas de madera y troncos de hielo. En el lecho de los tramos muertos de agua estancada brillan unos guijarros azules, negros y morados perfectamente pulidos y redondeados; es como contemplar una nidada de huevos de gran tamaño dentro de un cubo de agua. El ruido es ensordecedor.

De las ramitas más esbeltas de los árboles que dominan Folk Park caen las gotas de deshielo con un sonido suave y susurrante, y un anárquico collar de carámbanos, azulencos en la noche escarchada, hermosea la escultura de aros metálicos, un engendro para muchos lugareños. De haberse adentrado un poco más, el forastero habría visto las banderas de varios países, síntoma del reciente cosmopolitismo del lugar, y, en un guiño a la nostalgia, varias piezas de maquinaria agrícola añosa: una segadora, 14 15 una rueda de molino y la réplica de una típica casa de campo irlandesa, de los tiempos en que los campesinos vivían en chozas y sobrevivían a base de ortigas.

El hombre se planta al borde del agua, en apariencia hipnotizado.

Es barbudo, lleva abrigo largo y oscuro y guantes blancos; se detiene en el angosto puente, baja la vista hacia el bramido de la corriente y echa un vistazo en derredor, aparentemente algo desubicado; su presencia es la única nota curiosa en medio de la monotonía de una noche invernal en un helador remanso con aspecto de pueblo llamado Cloonoila. Mucho más tarde habría quien hablaría de extraños sucesos acontecidos esa misma noche invernal: perros que ladraban desaforados como si hubiera tormenta, y el sonido del ruiseñor, cuyo canto y gorjeos nunca se oían tan al oeste. La hija de una familia de gitanos que vivía en una caravana junto al mar juró haber visto al Pooka colándose por su ventana para llevársela, blandiendo un hacha.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]