Ficha técnica

Título: Las moradas | Autor: Nicolás Cabral | Traducción: Juan Cárdenas | Editorial: Periférica | Colección: Largo Recorrido  | Páginas: 136 | ISBN: 978-84-16291-42-7 | Fecha: diciembre 2016 | Precio: 15,00 euros

Las moradas

PERIFÉRICA

La de Nicolás Cabral es una de las voces más singulares de la nueva narrativa latinoamericana. Como en Catálogo de formas, su primera novela, he aquí una prosa construida mediante una inflexible depuración y, al mismo tiempo, plural. Dos citas abren este exigente libro de relatos: una de Santa Teresa de Jesús («Verdad es que no en todas las moradas podréis entrar por vuestras fuerzas…») y otra de Jacques Lacan («Toda entrada del ser en su morada de palabras supone un margen de olvido…»). En ellas se nos anticipa ya del mejor modo un texto hipnótico y fuera de lo común, lleno de voces y situaciones. Hay relatos en estas páginas que van de lo real a lo irreal, de lo aparentemente terrenal a lo fantástico. Pero por encima de los temas -y de la maestría para abordar las distintas maneras de escribir un cuento- hay algo que raramente encontramos en la mayoría de escritores del presente: la huida de lo consabido, el desdén por los lugares comunes. 

«Cabral ha amalgamado los fragmentos aparentemente dispersos de su propia biografía en una novela que recupera, en forma y materia, las pulsiones contradictorias del temperamento moderno.» Graciela Speranza, Otra Parte

«Puede ser leída, a la vez, como el manifiesto artístico y el plan de batalla de su autor.» Antonio Ortuño, Confabulario

«Escrita en un estilo contenido y conciso, como trazado sobre un plano y bajo estrictos desarrollos geométricos, es un artefacto atípico, brillante y turbador.» Santiago García Tirado, Blisstopic

«Una escritura cubista en la que las voces discontinuas de los capítulos son gamas de colores, visiones objetivas, diferentes planos de las ideas y las percepciones.» Guillermo Busutil, La Opinión de Málaga 

 

LA PALABRA

…¿qué es esta cosa innombrable, que yo nombro,
nombro, sin usarla, y llamo a esto palabras?
Es que no he dado con las buenas, las que matan,
[…] todavía no me han subido a la garganta, de este
torrente de palabras, con qué palabras nombrarlas,
mis palabras innombrables.

Samuel Beckett

Me llamaron de nuevo, de madrugada, como la última vez. Tengo recuerdos, siempre los he tenido, de aquella última vez, cuando presencié… Eran las cuatro de la mañana y acababa de pegar los ojos porque, como en otras ocasiones, no había logrado acostarme temprano. Regularmente me asaltan ciertas ideas, que ahora sería incapaz de explicar, pero que seguramente algún día expondré, tal vez en un libro. Sonó el teléfono, sus vibraciones taladrándome, el jefe dijo: Algo raro, un hombre se disparó, está vivo, debes venir. Memoricé la dirección, llegué veinte minutos más tarde. Las patrullas estaban estacionadas frente a la casa. Entré, observé los decorados, volteé hacia el plafón, hacia el piso, hacia los muros, comencé a detectar elementos, a realizar análisis, a juzgar, todo en unos segundos, pero siempre me interrumpen mientras espero una revelación en el fondo de mi cabeza. Un olor insoportable viciaba el ambiente de la casa. Me dijeron que subiera. Entonces percibí ese sonido verdaderamente espantoso, que provenía de una de las habitaciones. Me acerqué para ver qué pasaba, y ahora que lo pienso debí ignorar el teléfono, la llamada del jefe, debí alegar enfermedad para evitarme ese espectáculo. Un individuo, o más bien un ex individuo, pues ya no podía considerársele individuo, porque para serlo debería haber contado con algunas características con las que no contaba ni podía contar, pues se hallaba en un estado insólito, y ahora era más bien un volumen extraño, se encontraba tendido sobre la alfombra de la recámara.

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