Ficha técnica

Título: Las crónicas del dolor. Curas, mitos, misterios, plegarias, diarios, imágenes cerebrales, curación y la ciencia del sufrimiento | Autora: Melanie Thernstrom | Editorial: Anagrama | Colección: Argumentos | Traducción: Cecilia Ceriani | ISBN: 978-84-339-6346-8 | PVP con IVA: 23.90 euros | Nº de páginas: 520 | Ebook: 18,99 euros

 

Las crónicas del dolor. Curas, mitos, misterios, plegarias, diarios, imágenes cerebrales, curación y la ciencia del sufrimiento

ANAGRAMA

 

A lo largo de nuestra vida, todos experimentaremos dolor, pero nadie sabe cuándo comenzará ni cuánto tiempo durará. En la actualidad, un diez por ciento de la población de los Estados Unidos sufre dolor crónico. Y es más frecuente, y peor diagnosticado y tratado, que cualquier otra enfermedad grave. Aunque investigaciones recientes han demostrado que el dolor produce cambios patológicos en el cerebro y en la médula espinal, muchos doctores y pacientes actúan guiados por creencias culturales equivocadas y dogmas científicos anticuados que impiden un tratamiento efectivo, y esto produce, a menudo, efectos devastadores.
En
Las crónicas del dolor, un ensayo muy original y profundamente humano, Melanie Thernstrom rastrea las diferentes concepciones del dolor a través de la historia -desde los antiguos conjuros usados en Babilonia para hacer desaparecer el sufrimiento hasta las modernas imágenes del cerebro- para desvelar su esquiva, misteriosa naturaleza. Y así, entrelazando reflexiones en primera persona sobre su propia batalla contra el dolor crónico, espléndidos reportajes realizados en los más importantes centros médicos de investigación y clínicas del dolor, así como inteligentes contribuciones de un vasto abanico de disciplinas -ciencia, historia, religión, filosofía, antropología, literatura y arte-, Thernstrom nos demuestra que cuando tenemos que enfrentarnos al dolor, no hemos avanzado tanto como imaginamos pero tampoco estamos tan indefensos como tememos.
Las crónicas del dolor son una meditación personal y una exploración intelectual, iluminan y otorgan sentido a esa experiencia tan humana que es el dolor y se enfrentan con extraordinaria gracia y empatía a todas sus peculiaridades, sus inquietantes efectos y sus diversos antídotos.


«Colmado de inteligentes revelaciones y escrito con una notable elegancia, el estudio de Thernstrom considera los misterios del dolor crónico desde todos los ángulos posibles» (
The New Yorker).


«Una expansiva y estimulante combinación de memorias, reportaje médico, investigación histórica y crítica cultural.Y, en otras ocasiones, la autora aparece también como una brillante escritora científica, que nos relata estudios de casos e investigaciones científicas con el vigor y la habilidad de un novelista… Pero Las crónicas del dolor no es, desde luego, un consabido manual de autoayuda. Se trata de un tratado sofisticado, elegantemente escrito y organizado, y tan diverso, complejo y desafiante como el propio dolor» (Robin Romm,
The New York Times Book Review).


«Una intrigante investigación del dolor crónico que combina opiniones de expertos, filosofía e historia con la lucha personal de la autora… Una fascinante mezcla de ideas y periodismo» (Kirkus Review).


Melanie Thernstrom (1964) escribe para
The New York Times Magazine, Vanity Fair y The Wall Street Journal. Ha impartido cursos de escritura creativa en las universidades de Harvard y Cornell. Ha publicado The Dead Girl y Halfway Heaven: Diary of a Harvard Murder. Su último libro, Las crónicas del dolor, estuvo durante semanas en la lista de los más vendidos del New York Times.
 

 

INTRODUCCIÓN: EL TELEGRAMA 

 

Imagínense, como yo lo hago, a un grupo de tísicos tosiendo sangre en un moderno sanatorio de montaña en el siglo XIX. Allí sus vidas están sujetas a tratamientos regulados que incluyen los más avanzados protocolos médicos. Las anticuadas sangrías y purgas han dado paso a los baños termales, buena nutrición, aire fresco de montaña y helioterapia, esto es, baños de sol. Sin embargo, las actitudes frente a la enfermedad han variado poco desde los tiempos de Hipócrates, quien, en el siglo V a. n. e., ya prevenía a sus colegas frente a los pacientes que acudían a ellos con tisis avanzada (la enfermedad más común de la época) porque su inevitable muerte podría perjudicar la reputación de los médicos.
A lo largo de los siglos hubo multitud de teorías sobre las causas de la tisis, desde la herencia, los malos espíritus, el vampirismo, los vapores nocivos, las aguas fecales, los efluvios de los pantanos hasta la corrupción corporal. En el siglo XIX estuvo en boga la teoría de que la enfermedad era debida a la lucha espiritual entre el cuerpo y el alma, en la que la carne mortal se iba consumiendo lentamente y de un modo que realzaba tanto la belleza como la creatividad del paciente. Pero en la primavera de 1882 un médico alemán identificó la Mycobacterium tuberculosis. Cuatro mil años de mitos desaparecieron de golpe en el momento en que la bacteria se materializó bajo la lente del microscopio. A pesar de que la apariencia de la enfermedad se había prestado a la metáfora, desde el brillo de los ojos de los pacientes a la lenta consunción de sus cuerpos, de repente, la ciencia disentía abruptamente de todo aquello. En lugar de tisis la dolencia pasó a llamarse tuberculosis y se convirtió en una enfermedad y no en un estado de ánimo. A pesar de que su cura (los antibióticos) no aparecería hasta medio siglo después, al menos existía un diagnóstico.

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