Ficha técnica

Título: Las bolas de Cavendish | Autor: Fernando Vallejo | Editorial: Alfaguara | Formato: Tapa blanda con solapa | Páginas: 200 | Medidas: 152 X 238 mm | ISBN: 9788420430645 | Fecha: jun-2017 | Precio: 18.90 euros | Ebook: 10,99 euros

Las bolas de Cavendish

ALFAGUARA

En Las bolas de Cavendish se violan todas las leyes del Universo: desde la equivalencia de la masa y la energía o Ley de Einstein hasta la Tercera Ley de Newton. Unos profesores de la U de A y sus undergraduates, acalorados en la polémica pero muy orgullosos de que su universidad figure en el ranking de las universidades del mundo en el puesto 1550, se adentran en los misterios del cosmos.

Vallejo, el fundador de la nueva ciencia de la imposturología, nos exhorta en este librito sin pretensiones a aumentar el caos que postula la Segunda Ley de la Termodinámica, la del desorden creciente que rige al mundo. Todavía no es el apocalipsis. Pero ya casi.

 

[Comienzo del libro]

A Einstein me lo imagino como un hombre sucio envuelto en una nube de humo de marihuana. ¡Con que el espacio-tiempo! No. Lo que hay es el espacio y el tiempo, por separado, y ambos son realidades mentales, turbulencias del cerebro. Por fuera de mi cabeza no existen. El espacio lo concibo como el vacío que ocupo, y que me pertenece solo a mí y a nadie más. En cambio este instante en que te hablo, hombre Vélez, y en el que te resumo el tiempo, me pertenece tanto a mí como a ti, y de paso a todas las estrellas de todas las galaxias por muy lejos que estén, si es que aún existen y no se las han tragado los agujeros negros. ¡Se tragan hasta la luz de Einstein!

Así pues, querido Vélez, en mi aquí y ahora mi aquí es solo mío, pero mi ahora es también tuyo y de todos: del rey, del papa, del último mendigo. Y así como no existen en la realidad física ni el espacio ni el tiempo, tampoco los números: son otras excrecencias cerebrales. Concéntrate y piensa: si ves tres manzanas caídas abajo de un manzano (digamos el viejo manzano de Newton en el Trinity College de Cambridge para hablar en términos concretos), y te pregunto: «¿Cuántas manzanas hay ahí caídas, Vélez?», tú me contestarás que tres, pero no: en la realidad que existe afuera de tu brumosa cabeza, en el duro suelo sobre el que se alza el manzano, no hay tres sino esto: una manzana, una manzana y una manzana. Tres manzanas separadas que tú juntas en el número 3. A Newton una de esas manzanas separadas le cayó en la cabeza y le encendió el foco y por fin, después de un esfuerzo de años tratando de entender, entendió que así como cae una manzana sobre la cabeza de un filósofo natural (o sea de un físico), de igual modo gira la Luna en su órbita en torno a la Tierra; y que si bien en física girar es girar y caer es caer, en astronomía girar es caer. Al girar en torno a la Tierra la Luna va cayendo instante por instante, pero eso sí, perpetuando eternamente su caída. Esta es la diferencia que hay entre la Luna y una manzana: la Luna nunca acaba de caer, la manzana sí. ¿Dónde está entonces la genialidad de Newton? En haber juntado la astronomía con la física. La astronomía poco más se entiende; la física, nada. Entonces te pregunto una cosa, Vélez, tú que tienes un hijo matemático: ¿si multiplicamos poco por nada qué nos da? Nada.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]