Ficha técnica

Título: Lanak. Una vida en cuatro libros | Título original: Lanark. A Life in Four Books  | Autor: Alasdair Gray Traducción: Albert Solé | Editorial: Marbot | Diseño de cubierta: Alasdair Gray, adaptada por Xavier Carbonell | Género: Novela  | ISBN: 978-84-92728-40-4 | Páginas: 752 | Formato:  21 x 13,5 cm.| Encuadernación: Rústica | PVP: 24,80 € | Publicado por primera vez en 1981 por Canongate Books

Lanark

MARBOT

Lanark fue un acontecimiento literario en el momento de su publicación, en 1981, y ha alcanzado con el tiempo la categoría de clásico. El libro toma prestado de Kafka y del cómic americano, de la ciencia ficción y del realismo más formal en una narración muy humana, a la vez divertida y apocalíptica. Los «cuatro libros» del subtítulo siguen el rastro de una vida en el mundo que conocemos y unos cuantos más -no en orden cronológico, por cierto-, una prolongada penitencia moral que permite al autor proyectar una alegoría gigantesca de nuestra sociedad.

La edición de Marbot recupera el diseño original del autor e incluye un apéndice donde este expone, en formato de entrevista, su compleja relación personal con un libro que es en buena medida autobiográfico.

«Ya tocaba que Escocia produjera una obra de ficción excepcional… Aquí la tenemos.» Anthony Burgess

«Un experimentador genuino, trasgresor de las reglas de la prosa inglesa formal… atrevido e imaginativo.» David Lodge

«Tal vez el mayor escritor vivo en este archipiélago hoy.» Will Self

 

CAPÍTULO 1. El Élite  

Al Café Élite se entraba por una escalera de caracol que subía desde el vestibulo del cine. Una vez recorridas dos terceras partes del camino había un rellano con una puerta que daba al cine, pero la gente que iba al Élite seguía subiendo y llegaba a una gran habitación de aspecto no muy atractivo, llena de sillas y mesitas de cafetería.  La habitación resultaba poco atractiva no porque estuviera sucia sino debido a la iluminación. El suelo estaba cubierto por una alfombra escarlata, las sillas estaban tapizadas con tela del mismo color y el techo, no demasiado alto, estaba adornado con espirales de escayola rosada, pero las tenues luces verdes de las paredes convertían esos colores en variedades del marrón y hacían que las pieles de los clientes tuvieran un aspecto grisáceo un tanto parecido al de los cadáveres. La entrada estaba en una esquina de la habitación y en la esquina opuesta había un hombre gordo, calvo y sonriente, inmóvil tras las relucientes palancas de una cafetera. Vestia pantalones negros, camisa blanca y pajarita negra y o bien era mudo o tan callado que casi rozaba la normalidad. Jamás hablaba; los clientes solo se dirigían a él para pedir café o cigarrillos, y cuando no estaba atendiendo tales pedidos el hombre se mantenía tan quieto que el mostrador parecía una extensión de su persona, como el anillo que rodea a Saturno.

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