Ficha técnica

Título: La vuelta del torno | Autor: Henry James | Traducción: Alejandra Devoto, Jackie DeMartino y Carlos Manzano | Editorial: Libros del Asteroide | Formato: 12,5 x 20 cm | Páginas: 184 | Última edición: Noviembre, 2015 | ISBN: 9788415625780 | Precio: 15,95 euros | E-book: 9,49 euros

 

La vuelta del torno

LIBROS DEL ASTEROIDE

La narración de este clásico arranca de una manera convencional: un grupo de amigos comparten historias de fantasmas en torno al fuego una noche de Navidad. Uno de ellos contará la de una joven e inexperta institutriz que acepta hacerse cargo de dos niños, Miles y Flora, en una remota mansión de la campiña inglesa. Al llegar a la casa la joven se sentirá embargada por un sentimiento de intranquilidad y la inquietante sensación de que una presencia maléfica acecha a los niños para corromperles. La protagonista se sentirá cada vez más angustiada, atrapada en una lucha que parece irreal.

La vuelta del torno está considerada de manera unánime como una obra maestra de la literatura gótica; es una de las historias de fantasmas más famosas de la literatura universal y también una de las más escalofriantemente ambiguas. Una exploración sutil del muy fecundo tópico victoriano de la casa encantada, en la que resuenan también el malestar social y sexual de la época.

Henry James era ya un escritor famoso -había publicado alguna de sus obras más importantes como Daisy Miller, Retrato de una dama, Washington Square o Las Bostonianas- cuando en 1897 aceptó la propuesta de la revista Collier’s Weekly para escribir una historia de fantasmas que se editaría por entregas. La vuelta del torno apareció finalmente en la revista entre enero y abril de 1898 y a finales de ese mismo año se publicaría como libro.

[Comienzo del libro]

La historia nos había mantenido bastante interesados, junto al fuego, pero no recuerdo haber oído comentario alguno -exceptuada la observación obvia de que era truculenta, como había de ser, en esencia, cualquier relato extraño contado en Nochebuena en una casa antigua- hasta que por fin alguien dijo que era el único caso por él conocido de una aparición semejante a un niño. Se trataba, dicho sea de paso, de la visión -en una casa antigua como aquella en la que nos habíamos reunido- de un espectro horripilante ante un niño pequeño que dormía en el mismo cuarto que su madre y la despertó, aterrado, si bien sólo consiguió que ella -en lugar de disipar su pavor y calmarlo hasta volver a dormirlo- se topara también, antes de haberlo conseguido, con el mismo fantasma que lo había espantado a él. Esta observación produjo una respuesta -no de inmediato, sino más avanzada la noche- por parte de Douglas, con la interesante consecuencia que me dispongo a señalar. Otro de los presentes contó una historia que no surtió demasiado efecto y noté que él no le prestaba atención. Lo interpreté como una señal de que él mismo tenía algo que ofrecernos y bastaría con esperar. Esperamos, en efecto, hasta dos días después, pero aquella misma noche, antes de separarnos, nos reveló lo que estaba pensando.

«Convengo totalmente en que -respecto del fantasma de Griffin o lo que fuera- su aparición en primer lugar ante una criatura de tan tierna edad le añade un matiz especial, pero no es la primera noticia que tengo de una historia así de fascinante protagonizada por un niño. Como el niño da al efecto otra vuelta de torno, ¿qué os parecería, si fueran dos niños…?»

«Nos parecería, naturalmente», exclamó alguien, «¡que le darían dos vueltas! Y también que nos gustaría enterarnos de lo que les sucedió.»

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]