Ficha técnica

Título: La voluntad de creer | Autor: William James | Editorial: Marbot Ediciones | Traducción: Ramon Vilà Vernis | Páginas: 384 | Formato: 14,5 x 21 cm. | Encuadernación: Rústica| Primera edición: mayo 2009 | ISBN: 978-84-936411-9-1 | PVP: 26 euros

La voluntad de creer

MARBOT EDICIONES

 

La voluntad de creer recoge una serie de conferencias enlazadas por la defensa del derecho a mantener una posición creyente en materias sobre las que no se dispone o no se puede disponer de evidencia suficiente. Lejos de ser una llamada al irracionalismo, como podría pensarse al leer el infortunado título que escogió James (y cuya elección él mismo lamentó poco después), el libro argumenta la continuidad última entre la religión y la ciencia en cuanto a la búsqueda de la verdad se refiere, al mismo tiempo que subraya las diferencias que existen entre las tesis defendidas por una y otra a nivel prudencial y práctico. James inicia de este modo un debate con el positivismo que que innegablemente está más vivo que nunca en nuestros días, tanto a nivel académico como popular; tampoco cabe duda de que la de James es una de las voces que mayor vigor conserva para el debate actual.

 

EL FILÓSOFO MORAL Y LA VIDA MORAL

El propósito principal de este artículo es mostrar que ninguna filosofía ética puede ser dogmáticamente formulada por adelantado. Todos contribuimos a determinar el contenido de la filosofía ética en la medida en que contribuimos a la vida moral de nuestra raza. En otras palabras, no puede haber ninguna verdad última en ética, del mismo modo que no puede haberla en física, hasta que el último hombre haya vivido su experiencia y dicho lo que tenía que decir. Tanto en un caso como en el otro, sin embargo, las hipótesis que adelantamos durante la espera, y los actos a los que éstas nos empujan, figuran entre las condiciones indispensables para determinar qué pueda ser lo que se «diga» entonces.

En primer lugar, ¿cuál es la posición de quien busca una filosofía ética? Para empezar, es preciso distinguirlo de todos aquellos que se contentan con ser escépticos en el terreno ético. Él rechaza voluntariamente ser un escéptico; el escepticismo ético por tanto, lejos de ser uno de los frutos posibles de la reflexión filosófica ética, sólo puede ser visto como una de las alternativas residuales a cualquier filosofía, como la amenaza que pende siempre sobre cualquier aprendiz de filósofo de desanimarse y renunciar a su proyecto original. Dicho propósito consiste en dar con una interpretación de las relaciones morales existentes entre las cosas capaz de tejerlas en la unidad de un sistema estable y de convertir el mundo en lo que podríamos llamar un genuino universo desde el punto de vista ético. En la medida en que el mundo se muestre resistente a esta reducción a la forma de la unidad, en la medida en que las proposiciones éticas sigan pareciendo inestables, el filósofo no habrá alcanzado su ideal.

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