Ficha técnica

Título: La vida sexual de las gemelas siamesas | Autor: Irvine Welsh | Traducción: Federico Corriente | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de NarrativasPáginas: 392 | ISBN: 978-84-339-7937-7  | Precio: 19,90 euros

La vida sexual de las gemelas siamesas

ANAGRAMA

Miami. Ciudad de contrastes: aquí conviven los cuerpos esculturales con la obesidad más desbocada. Una de las poseedoras de un cuerpo escultural, la entrenadora personal y experta en fitness Lucy Brennan, se convierte en una heroína local cuando en plena calle desarma a un hombre con una pistola que estaba a punto de matar a dos personas. La prensa sensacionalista la adora y rápidamente pone todo el empeño en convertirla en un fenómeno mediático. También queda prendada de ella una testigo de su actuación, Lena Sorensen, una mujer obesa, obsesa y deprimida.

Fascinada por Lucy, Lena quiere contratarla como entrenadora personal para que la ayude a perder unos kilos. Y cuando los destinos de estas dos mujeres antitéticas se cruzan, se pone en marcha una relación cargada de amor loco, obcecación compulsiva y sadomasoquismo, enriquecida con toda una parafernalia de esposas para inmovilizar, dildos y comida, mucha comida, además de un cadáver que habrá que esconder en algún lado. Y, mientras tanto, descubren las dos por televisión la historia de unas siamesas que han decidido operarse para separarse y de paso convertir la intervención quirúrgica en un espectáculo mediático.

El gran narrador de las adicciones, pone aquí el foco en algunas genuinamente americanas: el sexo, el físico perfecto, la comida, la obsesión por la fama y el empeño de los medios en convertirlo todo en un circo. Con Miami como escenario caluroso y colorista, esta novela nos presenta a un Welsh en estado de gracia, con una historia salvaje, enloquecida, desternillante y arrolladora. Un tour de force que aplica la lupa y las lentes distorsionantes a la realidad americana y sus excesos, con una explosiva combinación de culto al cuerpo, perversión sexual, obesidad y telebasura.

«Una farsa visceral, una lectura que es como una estampida de endorfinas sobreexcitadas, pero que sin embargo también consigue introducir un comentario serio sobre el estado de la sociedad americana; el resultado es un libro que está entre los mejores que ha escrito Welsh» (Doug Johnstone, The Independent).

«Una reelaboración fidedigna y maniaca de la historia de Pigmalión. Una mofa satírica de una América «ahogada en grasa»» (Publishers Weekly).

«No existe otro autor capaz de escribir poniendo tanta intensidad sobre una sociópata enamorada. No sólo tiene un planteamiento inteligente, sino que es genuina e inolvidablemente transgresora» (Sandra Newman, The Guardian).

«Welsh nunca ha escrito con tanto nervio. Una novela cargada de energía» (Tom Adair, The Scotsman).

«Welsh vuelve a estar en plena forma. Destripa las grandes -y potencialmente más peligrosas- obsesiones de la sociedad occidental con la comida, la salud, el sexo y la perfección emocional» (David Pollock, The Independent).

«Un desmadre de sexo y ejercicio» (Anthony Cummins, The Observer).

«Una prosa afilada» (Kevin Scott, The List).

«Una lectura absorbente» (Russell Leadbetter, The Glasgow Sunday Herald).

 

I. TRASPLANTES 

1. COLONIA DE LEPROSOS

2-4-6-8, who do we appreciate?(1)

Las cifras son la gran obsesión norteamericana. ¿Cómo dar la talla?  Nuestra economía ruinosa: los porcentajes de crecimiento, el gasto de los consumidores, la producción industrial, el PIB, el PNB, el Dow Jones. Como sociedad: los homicidios, las violaciones, los embarazos adolescentes, la pobreza infantil, la inmigración ilegal, los drogadictos (oficialmente reconocidos y no). Como individuos: la altura, el peso, las caderas, la cintura, el pecho, el IMC.

Pero la que causa la mayor parte de los problemas es la cifra que tengo ahora mismo en la cabeza: 2.

La discusión con Miles (1,86, 95 kilos) fue banal, vale, pero tuvo suficiente mala leche para evitar que pasara la noche en su piso de Midtown (decir Midtown es como decir ciudad fantasma). El muy gilipollas se pasó toda la noche quejándose de sus problemas de espalda y convenciéndose a sí mismo para no follar con ese pretexto de mierda. A medida que a él se le iban humedeciendo los ojos, a mí se me iba poniendo más árido el coño. No es muy difícil de entender, joder. Hasta llegó a mandarme callar durante los últimos minutos de un episodio de The Big Bang Theory; ¡venga ya, colega! Además su chihuahua, Chico, estaba aullando agresivamente y se negó a encerrarlo en la otra habitación insistiendo en que el cretino de ojos saltones no tardaría en tranquilizarse.

Pues que le den.

No se lo tomó muy bien cuando decidí largarme: se puso en plan niño taciturno, todo rígido y haciendo pucheros. ¡Échale un poco más de pelotas, coño! Algunos tíos simplemente no son lo bastante enrollados como para mostrar su ira. Tiene más huevos Chico, que cambió de rutina y se subió a mi rodilla pese a que yo no dejaba de ponerlo otra vez en el suelo.

Así que me dirijo de vuelta a South Beach, y faltan un par de minutos para las 3.30. Un poco antes hacía una noche más serena; la luna y una sucesión de estrellas proporcionaban esquirlas de luz que cortaban el cielo de color malva oscuro. Entonces, casi en cuanto arranco el motor de mi destartalado Caddy DeVille del 98, herencia de mi madre, me doy cuenta de que el tiempo ha cambiado. Me da igual, ya que el «I Hate Myself for Loving You» de Joan Jett suena en los altavoces, pero para cuando llego al puente elevado Julia Tuttle, las ráfagas de viento empujan frontalmente el coche. Reduzco la velocidad cuando la lluvia azota el parabrisas y me obliga a entornar los ojos para poder ver entre los rápidos movimientos de los limpiaparabrisas.

____________________________________________________

(1). Fragmento de un coro de animadoras. (N. del T.)

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]