Ficha técnica

Título: La Venus de las pieles | Autor: Leopold Sacher-Masoch | Ilustracion:  Manuel Marsol | Traducción del alemán a cargo: Elisa Martínez Salazar |  Editorial: Sexto Piso| Colección: Sexto Piso Ilustrado | Año de publicación: octubre 2016 |  ISBN: 978-84-16677-16-0   |  Páginas: 178 | Formato: 17 x 24 | Precio: 20 euros

La Venus de las pieles

SEXTO PISO

La Venus de las pieles (1870) es, sin duda, la novela más célebre de Sacher-Masoch, un libro que ha hundido sus sombrías y retorcidas raíces en el imaginario de los dos últimos siglos. En un principio, la obra debía integrar un ciclo de seis novelas, llamado «El legado de Caín», en el que cada título trataría un tema distinto, aunque Sacher-Masoch nunca consiguió completar dicha empresa. La Venus de las pieles es el libro que dedicó al amor. La novela narra la relación entre Severin y Wanda, y cómo aquél, en busca de una rara y esquiva «suprasensualidad», consigue convencer a su amada para que lo trate como a un esclavo. Severin, entre la devoción y la penitencia, entre lo sacro y lo blasfemo, recorrerá de rodillas todos los trechos de este vía crucis del Eros. El servilismo, la crueldad y el fetichismo no serán sino los hitos que irán marcando su camino hacia una nueva voluptuosidad.

Las portentosas ilustraciones de Manuel Marsol, llenas de matices, beben de las innumerables fuentes grecolatinas presentes en el texto para crear un colorista y alucinado paisaje de pesadilla por donde el deseo y las fantasías de sometimiento campan a sus anchas.

El lado oscuro del hombre permaneció en estado latente en el universo de ruido y de furia en el que vivimos, y aguardaba la pluma audaz que le pusiese su santo y seña. Gracias a Sade y Masoch es cosa hecha». Juan Goytisolo

 

PÁGINAS DEL LIBRO

 

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Me encontraba en grata compañía.

     Frente a mí, junto a la monumental chimenea renacentista, se hallaba sentada Venus; no, por cierto, una cortesana que con ese nombre hiciese la guerra al sexo enemigo, cual mademoiselle Cleopatra, sino la auténtica diosa del amor.

     Sentada en el sillón, había encendido un fuego crepitante cuyas rojas llamas se reflejaban lamiendo su pálido rostro de ojos blancos y, de vez en cuando, sus pies, cuando trataba de calentarlos.

     Su cabeza era maravillosa pese a sus muertos ojos de piedra, pero esto era todo lo que veía de ella. La venerable mujer había envuelto su cuerpo marmóreo en un gran abrigo de piel y, temblando, se había arrebujado en él como una gata.

     -No comprendo, señora -protesté-, realmente ya no hace frío, tenemos desde hace dos semanas la más espléndida de las primaveras. Salta a la vista que está usted nerviosa.

     -Agradezco su primavera -dijo con voz grave, pétrea, y a continuación estornudó de un modo celestial dos veces seguidas-; realmente no puedo soportarlo y empiezo a entender… 

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