Ficha técnica

Título: La última posada | Autor:  Imre Kertész | Traducción del húngaro: Adan Kovacsics | Editorial: Acantilado | Colección: El Acantilado, 327 | Encuadernación: Rústica cosida | Formato: 13 x 21 cm | Páginas: 296 | ISBN: 978-84-16011-79-7 | Fecha: mar-2016 | Precio: 24 euros

La última posada

ACANTILADO

En un último esfuerzo artístico, un escritor gravemente enfermo concibe un texto que constituye un testimonio visceral y a veces perturbador de sus experiencias, y de la lucha del ser humano por la dignidad en circunstancias extremas. Imre Kertész transforma así la crónica de su «antesala de la muerte» en una obra de una sinceridad radical y una lucidez abrumadora, con la escritura siempre en el horizonte, como justificación de su existencia.

«Un libro de despedida de la vida, una obra y un documento memorable, de uno de los más grandes escritores de la segunda mitad del siglo XX». César Antonio Molina, El País

 

SECRETO A VOCES (apuntes)

Amanecer. El carácter fantasmagórico del mundo y de los hombres. Como si no existieran hombres, sino fantasmas. También yo soy un fantasma, aunque no sé de quién; o, mejor dicho, qué clase de leyes determinan qué ha de regir mi ser fantasma, qué ha de guiarlo por esta tierra.

El judío europeo es un remanente, no un anacronismo como el judaísmo ortodoxo que, con todo, sigue siendo algo así como una condición: no, el judío europeo es de hecho un tipo humano definido por los otros, incapaz ya de desarrollar ningún tipo de nexo interior con la condición de judío que le ha sido impuesta. Aún podría funcionar como una religión, pero se plantea entonces una pregunta justificada: ¿por qué no es ortodoxo? ¿Y qué significa «¡El año que viene en Jerusalén!», cuando Jerusalén existe en la realidad y ahí viven los judíos?

El verboso ensayo de Kundera sobre la novela. Todos los tópicos conocidos, pero con la elocuencia francesa, lo cual atenúa un poco su incapacidad. Entre otras cosas, Kundera llega a la conclusión de que desde Kafka la novela describe al hombre dominado desde fuera, sin ninguna posibilidad frente al poder que se adueña de todo. Ideas que me resultan familiares desde la época de Sin destino. Pero queda la pregunta: si el poder y la adaptación a él son totales, ¿para quién describimos entonces al hombre dominado de forma totalitaria? Para ser más exactos, ¿por qué representamos en términos negativos al hombre dominado de forma totalitaria, para qué ente misterioso que se hallaría fuera de la totalidad y la juzgaría y, aún más, al tratarse de una novela, se entretendría y aprendería con la obra e incluso desarrollaría una actividad crítica y sacaría las conclusiones estéticas pertinentes para las obras del futuro? Lo absurdo reside en que ha desaparecido la mirada objetiva desde que Dios ha muerto, en que nos hallamos en el estado del panta rei, en que no tenemos un asidero y aun así escribimos como si lo hubiera o como si a pesar de todo existieran el punto de vista sub specie aeternitatis, la perspectiva divina o lo eternamente humano. ¿Dónde reside la solución de esta paradoja?

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