Ficha técnica

Título: La tía Mame | Autor: Patrick Dennis |  Traducción: Miguel Temprano García |  Editorial: Acantilado  | Colección: Narrativa del Acantilado, 178 | Género: Novela | ISBN: 978-84-92649-56-3 | Páginas: 352 | Formato:  13 x 21 cm. | Encuadernación: Rústica cosida  |  PVP: 19,50 € | Publicación: 17 de Septiembre 2010

La tía Mame

ACANTILADO EDITORIAL

Un niño de diez años queda huérfano en la poco edificante América de mil novecientos veinte y es puesto bajo la potestad de una dama excéntrica, obsesionada por estar à la page, vital, caprichosa, seductora y adorable. Junto a ella, pasará los siguientes treinta años en una espiral incesante de fiestas, amores, aventuras y diversos golpes de fortuna. El lector, atónito, suspendido entre la fascinación de advertir muchos de los risibles tics de su propia época y la carcajada explosiva de quien se ve arrastrado hacia un vertiginoso torbellino, vivirá lo cómico en todos sus registros, «desde el dickensiano hasta el pastel lanzado a la cara» (en ajustadas palabras de Pietro Citati). Y todo ello por obra y gracia de una de las tías más inolvidables que haya concebido nunca un escritor moderno, cuyo perfume sentimos flotar en el aire, con las lágrimas presentes aún en nuestros ojos, mucho después de haber cerrado el libro.

Patrick Dennis, icono de la bohemia de Nueva York, se convirtió en uno de los escritores norteamericanos más populares de los años cincuenta y sesenta del siglo xx.

La tía Mame, que había sido rechazada por diecinueve editores, fue un gran éxito de ventas cuando se publicó en 1955, y se mantuvo 112 semanas en la lista de los diez libros más vendidos del New York Times. Dennis se convirtió además, en 1956, en el primer escritor que consiguiera colocar en esta misma lista tres títulos, firmados con tres seudónimos distintos: La tía Mame, The Loving Couple: His (and Her) y Guestward, Ho!
 
La tía Mame se hizo tan popular que fue adaptada al año siguiente al teatro -es todavía a día de hoy uno de los diez espectáculos de Broadway más vistos de la historia- y al cine en 1958 -con la actuación estelar de Rosalind Russell en el papel de tía Mame. Este título había caído en el purgatorio hasta que, el año pasado, la prestigiosa editorial italiana Adelphi la presentara de nuevo al público italiano en nueva traducción. Un intelectual de la profundidad de Pietro Citati la recibía en La Repubblica con un texto emocionado en el que, entre otras cosas, decía:
 
«La tía Mame encanta, seduce, divierte tanto a los lectores cultos como a la gran masa de los llamados lectores corrientes. Desde hacía años no me reía tanto, Patrick Dennis elimina (o parece eliminar) todo cuanto es pensamiento, sentimiento, dolor; y se entrega a una grandiosa exaltación y glorificación de lo cómico, como si nada más existiese en la vida. Casi siempre los libros que hacen reír son hermosos: porque la risa es una de las máximas divinidades de la existencia y de la literatura. Aquí están presentes casi todas las formas de lo cómico: lo rabelesiano, lo dickensiano, la farsa, el vodevil, las películas con pastel lanzado a la cara, aunque la dikensiana es con mucho la preponderante. Unas veces La tía Mame es un pastel de mazapán, relleno de mermeladas al licor: un pastel muy pesado, que de repente salta por los aires y vuela raudo y sin peso. Otras veces es una tímida risita: la risa parece avergonzarse de sí misma, para luego desencadenarse, violar todos los límites y dejarnos exhaustos y con los ojos bañados en lágrimas».

«Extravagantes locuras y delirantes aventuras.» The New York Times

«Desde hacía años no me reía tanto.» Pietro Citati, La Repubblica

«La tía Mame es una gran figura de la literatura popular.» Christine Ferniot, L’Express

 

II
LA TÍA MAME
Y LA HORA DE LOS NIÑOS 
 
El artículo del Reader’s Digest prosigue contando cómo la solterona de Nueva Inglaterra, nada acostumbrada a los niños, acaba queriendo mucho al expósito que han abandonado ante su puerta. Y, más que quererlo, se obsesiona por el cuidado de los niños, la psicología infantil y esas cosas.
 
   Cuando llega el momento de enviarlo a la escuela, la señorita inolvidable tiene serias diferencias con la junta educativa del pueblo y sus métodos. Los maestros presionan al chico por no asistir a clase, pero la encantadora solterona resiste y ella sola consigue que se realicen profundas reformas en el sistema escolar.
 
   En fin, no me impresiona mucho. Mi tía Mame también tenía ideas muy originales sobre psicología y educación.
 
   Al pensar en lo alocada y deslumbrante que era mi tía Mame en 1929, veo que debió de asustarse de tener que criar a un niño de diez años totalmente desconocido tanto como yo al entrar por primera vez, temeroso y boquiabierto, en el esplendor oriental de su apartamento de Beekman Place. Pero mi tía Mame no era de las que se rinden fácilmente. Mi tía tenía el espíritu animoso de una exploradora de garitos clandestinos. Y, aunque sus ideas sobre la educación infantil tal vez pudieran considerarse un poco heterodoxas- igual, todo sea dicho, que sus ideas sobre cualquier otra cosa-, el sistema exclusivo de mi tía Mame funcionó bastante bien a su despreocupada manera.
 
   Nuestra primera conversación tuvo lugar en el gigantesco dormitorio de la tía Mame, a la una de la tarde de mi segundo día en Nueva York. Me sentía ignorado, no querido, no deseado y terriblemente solo mientras deambulaba abatido por el enorme dúplex con Norah como única compañía. Ito, el pequeño mayordomo japonés, me sirvió un buen almuerzo y se rió mucho, pero no dijo nada. A la una en punto, yo estaba deseando leer Héroes de la Biblia que todo niño debería conocer: el Antiguo Testamento cuando Ito entró en mi habitación y dijo:
 
   -Ver señora ahora.
 
   La tía Mame me recibió en su dormitorio del segundo piso. Era una habitación enorme con las paredes pintadas de negro, una alfombra blanca y el techo dorado. Los únicos muebles eran una gigantesca cama dorada sobre una tarima y una mesilla de noche. Una habitación así habría deprimido a cualquiera, pero no a mi tía Mame. Era tan alegre como un pájaro. De hecho lo parecía con su batín de plumas rosas de avestruz. La encontré leyendo Les Faux Monnayeurs y fumando cigarrillos Melachrino* con una larga boquilla de ámbar.
 
   -Buenos días, amor-canturreó-. Acércate y dale un beso a tu tía Mame, pero con dulzura, cariño, que la tita está de malas pulgas. -La besé con toda la delicadeza que pude-. Muy tierno, cariño, algún día harás muy feliza alguna mujer afortunada. Ahora siéntate en la cama de la tía Mame, pero hazlo despacio, cariño, y tendremos una pequeña charla matutina. Así empezaremos a conocernos.-Pronto descubrí que para mi tía Mame «por la mañana» significaba la una de la tarde. «Por la mañana temprano» eran las once, y «en plena noche» las nueve-. ¿No te encanta este momento del día?-preguntó con un gesto grandilocuente que cubrió de cenizas las sábanas de satén negro-. Y ahora, cariño-dijo-, tenemos que descubrir un montón de cosas el uno del otro. Nunca antes había tenido a un niño pequeño por casa y, vaya, aquí está el desayuno. Bueno, veamos-prosiguió muy animada. Rebuscó entre el caos de papeles que tenía sobre la mesilla y sacó una copia del testamento de mi padre, que había adornado con un montón de números de teléfono y una lista de la compra o dos. También sacó un cuaderno de hojas amarillas y un enorme lápiz de color negro-. Soy tu tutora legal. Ambos lo sabemos, así que no vale la pena hablar más del asunto. Tu padre dice que debes recibir una educación protestante y yo no tengo nada que objetar, aunque me pareceuna lástima privarte de los exquisitos misterios de algunasreligiones orientales. Pero tu padre siempre fue un poco chapado a la antigua. Y no es que quiera hablar mal de mi propio hermano. ¿A qué iglesia ibas, cariño?

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]