Ficha técnica

Título: La suma de los ceros Autor: Eduardo Rabasa | Editorial: Pepitas de calabaza | Formato: 14,5 × 21 cm. | Páginas: 384 | ISBN: 978-84-15862-40-6

La suma de los ceros

PEPITAS DE CALABAZA

Villa Miserias es una ciudad cualquiera de un país indeterminado de América latina, y Max Michels es un hombre enfrentado al poder y su nueva ideología: el «quietismo en movimiento»; un hombre en perpetua disputa con todas y cada una de las formas de la autoridad; con el amor de Nelly López; y también con su propia cabeza, con sus propios y abundantes demonios.

La suma de los ceros es el total de unos personajes únicos e inolvidables que conforman una sátira política que viene a rejuvenecer un género que ya creíamos agotado; una novela muy fresca donde, con la precisión de un bisturí, se diseccionan y muestran las mentiras de la sociedad moderna y el eterno sacrificio del individuo en el altar de los nuevos dioses. 

«La suma de los ceros es una excepcional fantasía política. Eduardo Rabasa ha escrito una novela futurista ubicada en el presente; su inventiva no depende de nuevas tecnologías sino de nuevas formas de relación. Una novela sobre el más complicado de los deportes extremos: la convivencia».-Juan Villoro

«Una novela insólita. Cuando la leía, me sentía inmerso en un mundo que, como en ciertas narraciones de Bolaño, trasciende las señas de identidad que asociamos con el territorio de la novela latinoamericana. La suma de los ceros traslada al lector a lugares de la imaginación que remiten de manera imperceptible a lo mejor de la tradición centroeuropea. […] La prosa se asienta con firmeza en unas coordenadas que solo pueden ser mexicanas, revelando una suma de verdades que nos muestran, en toda su complejidad, la textura de un país y una sociedad inmersos en una época violentamente convulsa. Pocas novelas han conseguido sorprenderme últimamente tanto como la ha hecho La suma de los ceros».-Eduardo Lago

«La suma de los ceros colecciona arrebatos: la pasión amorosa, la conflictiva relación entre un padre y un hijo, y sobre todo, la crítica a la democracia en clave de sátira política. […] Rabasa plantea una inesperada vuelta de tuerca a la novela de crítica social, un laboratorio narrativo de donde el autor espera obtener la fórmula que sirva para pensar y entender el presente».-Leonardo Tarifeño, Revista Vice

«Una novela importante. […] No he visto en ninguna otra parte últimamente un mejor retrato de cómo están montadas las cosas, o cómo las cosas van montándonos a nosotros».-Juan Bonilla

 

I

Yo solo quería ser otro de los cobardes invisibles, se lamentó en silencio Max Michels conforme una gota de sangre escurría por su cuello recién rasurado. Casi sin advertirlo, había postergado hasta el límite la decisión recién tomada, que ahora le parecía tan inesperada como irrevocable. Estaba por transgredir la regla cardinal de Villa Miserias: se registraría en la elección para presidente de colonos sin el consentimiento de Selon Perdumes.

     Con el impulso de un resorte oxidado que despierta con violencia, se materializó el recuerdo de la época anterior a su llegada. Max recordaba con nitidez el principal elemento del día en que comenzaron las obras de modernización: el júbilo causado por el polvo. No faltaron quienes inhalaron gustosos las primeras partículas de lo venidero. Pobres diablos, pensaba Max ahora. El polvo ya nunca se esfumó: Villa Miserias permanecería en obra perpetua.

     Entonces como ahora, Villa Miserias funcionaba como reloj, aunque el modelo era del todo distinto. Cada dos años había elecciones para presidente del consejo de la unidad habitacional. Durante once días, los vecinos eran bombardeados por circulares propagandísticas. Las damas más distinguidas recibían chocolates y flores. Las de menor rango debían conformarse con paquetes de arroz y frijoles. En esencia, cada candidato peleaba por convencer a sus votantes de ser el idóneo para no alterar en absoluto el orden existente. Existía incluso un prototipo físico de las autoridades, que abarcaba por igual a gordos, chaparros y calvos. Era un porte, una mirada que emitía una voz maleable. No existía fricción entre las propuestas de campaña y el estado de cosas cotidiano.

     Los cimientos de Villa Miserias se amoldaban a la doctrina básica de Selon Perdumes: el quietismo en movimiento. Sus cuarenta y nueve edificios se construyeron según una técnica ingenieril diseñada para permitir la sacudida pero evitar el derrumbe. La mancha urbana a la que pertenecía era propensa a temblores mortíferos. El andamiaje flexible de la unidad habitacional había prevenido la catástrofe más de una vez.

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