Ficha técnica

Título: La señorita Mapp | Autor: Edward Frederick Benson | Traducción: José C. Vales |

Editorial: Impedimenta |

Encuadernación: Rústica |

Formato: 13 x 20 cm | Páginas: 384 |

ISBN: 978-84-15578-81-9 |

Precio: 22,75 euros

La señorita Mapp

IMPEDIMENTA

Una comedia chispeante y antológica que nos recuerda al mejor Wodehouse. Un clásico que constituye una de las cumbres de su autor.

La señorita Mapp (a la que ya conocimos en la soberbia Mapp y Lucía) es una de las más excéntricas damas villanas de la comedia British. Reina y señora del pueblecito costero de Tilling, a cuyos habitantes maneja con mano de hierro en guante de terciopelo, la señorita Mapp es avara, intrigante y rencorosa, además de una cotilla de cuidado. Una mujer, en suma, tan fascinante y letal como una cobra. En Tilling someterá a padecimientos sin cuento a su círculo social: el mayor Benjamin Flint, obsesionado con el whisky y el golf, y con quien la señorita Mapp lleva años intentando casarse sin éxito; su secuaz, el capitán Puffin, un don nadie que se ahoga en un vaso de agua; el discreto señor Wyse, que mantendrá una relación no tan discreta con la pretenciosa Susan Poppit, miembro de la Orden del Imperio Británico y as del bridge; la desgraciada Godiva Plaistow o el «Padre», un sacerdote que está convencido de que habla en escocés.

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La señorita Elizabeth Mapp aparentaba unos cuarenta años, y había aprovechado esa circunstancia para restarse un par de ellos. Su rostro lucía un saludable color rosado y en él habían dejado huella la curiosidad crónica y la iracundia; pero estas emociones tan vivificantes también le habían permitido desarrollar una asombrosa actividad mental y corporal. Semejantes características explicaban aquella relativa inmadurez que se le habría achacado en cualquier sitio, salvo en el encantador pueblecito en el que vivía desde hacía mucho tiempo. Ese fastidio casi permanente, y las más ominosas sospechas respecto a todo el mundo, habían logrado conservarla joven y activa en extremo.

Aquella calurosa mañana de julio, la señorita Mapp permanecía sentada, como una gran ave de presa, junto a la espléndida ventana de su cenador de piedra; el amplio arco que la conformaba le ofrecía un estratégico ángulo de visión que le resultaba extraordinariamente útil para sus propósitos. Aquella pequeña edificación de su jardín, diáfana y espaciosa, se había construido en ángulo recto respecto a la fachada de la casa principal, y estaba orientada directamente a la interesantísima calle que desembocaba, en su extremo inferior, en High Street, la calle principal de Tilling. Frente a la puerta de la casa, la calle giraba bruscamente de tal modo que, cuando la señorita Mapp se encontraba en aquel mirador, su propia casa quedaba justo a la izquierda. La calle descendía al frente, mientras que a la derecha podía dominar una amplia perspectiva de esa misma calle, que terminaba en el cementerio abandonado que rodeaba la monumental iglesia normanda de Tilling, que tenía poco de monumental para la señorita Mapp, pues no estaba especialmente interesada en los viejos y poco apasionantes edificios antiguos, aunque alguien que sí estuviera interesado en la iglesia podría obtener abundante información en cualquier guía turística.

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