Ficha técnica

Título: La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad | Autor: Josep Maria Esquirol  | Editorial: El Acantilado | Colección: El Acantilado, 305   | Páginas: 192 | Formato: 13 x 21 | Encuadernación: Rústica cosida  | ISBN: 978-84-16011-44-5 978-84-15979-46 | Precio: 14,00 euros

La resistencia íntima

ACANTILADO

La resistencia íntima es un atento y profundo ensayo sobre la condición humana. Su autor nos descubre de qué modo el auténtico cuidado de uno mismo da luz y calor a los que están cerca, protegiéndoles y sirviéndoles de guía en el camino. «Reconocemos que resistencia íntima es el nombre de una experiencia, propia de la comarca de la proximidad; comarca que no es visita de un día, sino habitual estancia. Pero hoy cuesta quedarse en ella. La proximidad no se mide en metros ni en centímetros. Su opuesto no es la lejanía sino, más bien, la ubicua monocromía del mundo tecnificado. Hemos visto cómo la cotidianidad y el gesto de la casa son importantísimas modalidades de la experiencia de la proximidad».

Entrevista en El País, por Ignacio Vidal Folch: «A pesar de los avances, la ciencia no va a resolver el sentido de la vida».

Entrevista en La Vanguardia, por Josep Massot: «Hay que resistir a toda hegemonía».

Entrevista en Filosofía Hoy: «No ceder a lo que domina es resistir en la diferencia».

 

I

DISGREGACIÓN Y RESISTENCIA

Hay soledades incomparables en su compartir. En realidad, sólo quien es capaz de soledad puede estar de veras con los demás. Pintadas en la pared de la habitación de un anacoreta, en una casa muy deteriorada de la ciudad italiana de Turín, se podían leer estas palabras: «Quien va al desierto no es un desertor». Paradójicamente, a pesar del significado de desertor (aquel que abandona un deber o un compromiso y huye hacia una zona deshabitada), esa inscripción quizá contenía toda la verdad. Es obvio que, en sentido figurado, el desierto no se encuentra sólo en las vastas extensiones de tierra árida o agrietada, ni en los mares de arena abrasados por un sol de justicia; el desierto está en todas partes y en ninguna: en medio de la ciudad, por ejemplo. Quien va al desierto es, sobre todo, un resistente. No necesita coraje para expandirse sino para recogerse y, así, poder resistir la dureza de las condiciones exteriores. El resistente no anhela el dominio, ni la colonización, ni el poder. Quiere, ante todo, no perderse a sí mismo pero, de una manera muy especial, servir a los demás. Esto no debe confundirse con la protesta fácil y tópica; la resistencia suele ser discreta.

     Resistir no sólo es propio de anacoretas y ermitaños. Existir es, en parte, resistir. Entonces la resistencia expresa no un mero hecho circunstancial, sino una manera de ser, un movimiento de la existencia humana. Entenderlo así implica una variación importante con respecto al modo habitual de hacerlo. Aunque siempre se ha hablado de «resistencia», se ha hecho, principalmente, para referirse a la resistencia que las cosas presentan ante las intenciones de los humanos. La tierra siempre-aunque antes más que ahora- se ha resistido a ser labrada, la suciedad a ser limpiada o la cima a ser conquistada. Justamente de ahí procede el sentido de la expresión bíblica: «Con el sudor de tu frente…». El mundo no nos lo pone fácil y, en general, todo cuesta. Nuestras intenciones y nuestros proyectos chocan a menudo con la resistencia que implica la realidad. «La dureza de la realidad», se suele decir, lo que ya es un pleonasmo.

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