Ficha técnica

Título: La pulsión de muerte | Autor: Jed Rubenfeld |  Traducción: Jaime Zulaika | Editorial: Anagrama | Colección:  Panorama de narrativas | Género: Novela | ISBN: 978-84-339-7828-8 | Páginas: 504 | También e-book 17,99  € |  PVP: 22,90 € | Publicación: Febrero de 2011

La pulsión de muerte

ANAGRAMA

Nueva York, 1920. La Guerra Mundial ha terminado, pero aún no han llegado los prósperos Años Locos. Y ahora a la euforia bélica le ha sucedido el desplome económico de la posguerra. Las fábricas cierran,  las familias pierden sus casas, y los desahuciados y los despedidos ni siquiera pueden ahogar sus penas en la bebida, porque ya rige la Ley Seca.

Las calles de Manhattan hierven de resentimiento y confusas pasiones, y el 16 de septiembre, a las doce y un minuto, estalla una bomba en Wall Street ante las puertas del banco de J. P. Morgan, muy cerca del edificio del Tesoro de los Estados Unidos. Y, a unos cincuenta metros de la escena del crimen -hubo treinta y ocho muertos y cientos de heridos- , también están Stratham Younger, el joven médico y discípulo de Freud, y Jimmy Littlemore, el detective de la policía de Nueva York, que diez años antes y con una pequeña ayuda de Freud se enfrentaron en La interpretación del asesinato a una serie de sádicos crímenes. Stratham se ha citado allí con el detective porque la hermosa, reservada y quizá desesperada Colette, una discípula de Madame Curie que ha venido con él desde Francia, necesita hablar con el detective, tiene algo que contarle. Y lo que sabe  -o esconde Colette- quizá sea la primera pista que permita descifrar el horror desencadenado ante ellos…

«Una novela que devuelve su nobleza al género policial, combinando una intriga apasionante con la inteligente reconstrucción de una época y sus contradicciones… En la vida real, los autores de este atentado nunca fueron identificados, pero Rubenfeld, basándose en una interpretación muy libre de los elementos reales de la investigación, imagina una verosímil solución al enigma… Un divertimento de altísima calidad» (Hubert Prolongeau, Le Monde).

«Rubenfeld coge un atroz misterio de la vida real y lo reinterpreta con un fascinante reparto de héroes y de malvados… Un riquísimo tapiz de intriga, corrupción, juego sucio y falsedades a gran escala. De lectura obligatoria» (Peter Millar, The Times).

«Este misterio nunca resuelto -se atribuyó el atentado a anarquistas italianos, aunque nunca fueron descubiertos sus autores- es un fértil territorio para un novelista ambicioso como Rubenfeld, y es notable la habilidad y la audacia con que mueve todos los hilos de la trama» (Barry Forshaw, The Independent).

«Una novela con bombas y secuestros, corrupción y venganzas. Y también mineral de oro y el valioso radio. Freud reaparece, pero esta vez en Viena, y en París encontramos a Marie Curie. Pulsión de muerte aúna una espléndida investigación y recreación histórica y una narración irresistible. Sin duda, será tan exitosa como la anterior novela de Rubenfeld» (Jessica Mann, Literary Review).

«No es sólo una novela policíaca que atrapa al lector con su intriga política y científica, sino también una provocativa meditación acerca del «efecto dominó», psicológico y emocional, de la guerra y el terrorismo» (Matthew Pearl).

 

Primera parte  

1

     La muerte es sólo el comienzo; después viene la parte dura.

     Hay tres maneras de vivir con la conciencia de la muerte, de mantener a raya su terror. La primera es reprimirla: olvidar que se acerca; actuar como si no existiera. Es lo que hacemos casi siempre la mayoría de nosotros. La segunda es lo opuesto: el memento mori. Recordar la muerte. Tenerla presente continuamente, porque sin duda la vida tiene un sabor más intenso cuando un hombre cree que el día de hoy es el último. La tercera es aceptarla. Quien acepta la muerte -la acepta realmente- no teme nada y por ende alcanza una ecuanimidad trascendente ante cualquier pérdida. Estas tres estrategias tienen algo en común. Son mentiras. El terror, al menos, sería sincero.

     Pero hay otra, una cuarta manera. Es la opción inadmisible, la vía de la que nadie habla, ni siquiera a sí mismo, ni siquiera en el silencio de su propia conversación íntima. Esta manera no requiere olvido ni mentiras ni postrarse ante el altar de lo inevitable. Lo único que necesita es instinto. 

 

     Al dar las doce del mediodía del 16 de septiembre de 1920, las campanas de la Trinity Church empezaron a tronar, como si las moviera un único resorte, las puertas se abrieron arriba y abajo de Wall Street y por ellas salieron oficinistas y recaderos, secretarias y estenógrafas, para su preciosa hora del almuerzo.

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