Ficha técnica

Título: La promoción del 49 | Autor: Don Carpenter |Traducción: Regina López | Editorial: Gallo Nero | Colección: Narrativas | Formato: 14 x 19 cm | Páginas: 140 | ISBN: 978-84-941087-3-0 |Precio: 17 euros

La promoción del 49

GALLO NERO

«En cuanto la casa quedó vacía, se quitó el traje negro y la camisa blanca, se puso unos Levi`s y una sudadera y bajó a la sala de estar. Le gustaba su casa cuando estaba desierta, pero no esa noche; desprendía una opresiva sensación de soledad. Se dejó caer en una silla. Y entonces empezó a llover, al principio solo un poco y luego cada vez más fuerte. Se levantó, fue hasta la ventana y miró a la calle que brillaba bajo las farolas; los goterones blanquecinos se iluminaban al pasar junto al haz de luz, miles, millones de gotas de lluvia que bañaban el oeste de Oregón, empapaban trajes vistosos y vestidos de gala y chafaban las permanentes y los tupés; la lluvia de Portland que todo mojaba y todo estropeaba.»

Don Carpenter nos ofrece un retrato de grupo de una treintena de compañeros de instituto durante el año crucial de sus vidas. Es el año de la pérdida de la inocencia y de las aspiraciones frustradas en Portland, una ciudad que se desmorona. Un álbum amarillento que se compone de veinticuatro instantáneas, retratos melancólicos de una generación marcada por la guerra e inmortalizada en ese momento de la juventud en el que todo parece posible, ese momento en el que se mezclan ingenuidad, pasión y frustración.

 

 

 

 

 El aparcamiento de los árboles de Navidad

 

Cada año, Judson Baker y otros muchachos se dedicaban a vender árboles de Navidad en el aparcamiento vacío que había unto a la casa de Nancy Farr. Jud compraba los abetos al
por mayor a un hombre que vivía exclusivamente de lo que ganaba en la temporada navideña gracias a los árboles que alaba de su finca cerca de Astoria y luego transportaba a ortland en camión. El hombre también poseía unas pocas hectáreas de acebo, y contrataba a estudiantes del instituto y a universidad para que trenzaran y vendieran coronas puerta a puerta; pero a Jud no le interesaban ni el acebo ni el muérdago, ino los árboles.

Los chicos comenzaban por colgar unas guirnaldas luminosas en la entrada del aparcamiento que enchufaban a la corriente del señor Farr, y a continuación disponían los abetos: los mejores bien a la vista, de pie a lo largo de la parte delantera del aparcamiento, como un pulcro bosquecillo, mientras los más irregulares y pelados los dejaban tumbados en el suelo, en la parte de atrás. Conseguían en algún sitio una tienda de campaña de dos plazas y la montaban en medio de los árboles más vistosos. En su interior ponían dos piltras con sacos de dormir y una caja de naranjas con una lámpara de gas encima. Hasta el día de Navidad, los chicos se turnaban y pasaban la noche en el aparcamiento, de dos en dos, para que no les robaran ni un solo árbol.

 

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]