Ficha técnica

Título: La piel como superficie simbólica | Autora: Sandra Martínez Rossi | Edición: 1ª Edición, 2011 | Fecha de salida: 13/02/12 | Colección: Tezontle Materia: Antropología. Arte | Páginas: 513. Con fotos | Presentación: Rústica, con solapas | Clave: 017548 | ISBN: 978-84-375-0661-6| Formato: 15.5 x 23 cm | Precio s/IVA: 30,77 € | Precio c/IVA: 32 €

La piel como superficie simbólica

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Lo más profundo es la piel, frase que los poetas llevan repitiendo casi desde el inicio de su oficio milenario (y que la publicidad se ha apropiado con entusiasmo), podría muy bien ser el resumen de este libro de Sandra Martínez Rossi. Una profundidad esta de la piel que busca aflorar, emerger, hacerse superficie. La piel es una especie de ara (en ella se consuman esos sacrificios sagrados que exigen los dioses a los miembros de determinados grupos étnicos), de museo (sobre ella se exponen los frutos de siglos de manipulación de la materia para transformarla en objeto estético), de ensayo (en cada piel hay grabado un tratado político, económico, sociológico o filosófico) y de frontera (entre lo uno y lo otro, entre el yo y su espejismo, entre lo hegemónico y lo transgresor, entre el presente y sus múltiples pasados y futuros, entre el deseo y la represión del deseo, entre el amor y la soledad). 

La piel, según Sandra Martínez Rossi, es un espacio simbólico desde el cual se construye la memoria y la identidad del individuo y de la sociedad, un punto de partida metodológico que la autora pone en pie a partir de disciplinas como la antropología, la historia, el arte contemporáneo o la moda y analizando los casos concretos de pueblos, estudiosos o relevantes artistas de la actualidad. La piel como metonimia del cuerpo y como barra de seguridad entre este y sus accidentes geológicos (orificios, protuberancias, extremidades, heridas, granos, flujos de distinto color): la piel como portavoz del sujeto y de la sociedad a la que este pertenece. 

 

INTRODUCCIÓN

     ¿Cómo transcribir al papel las escrituras de la piel? Con frecuencia me he preguntado si cabe la osadía de interpretar los signos pintados, tatuados o marcados en una superficie tan íntima y personal. Este desafío abría un territorio donde los márgenes se desdibujaban en un movimiento continuo, cada trayecto descifraba ciertos códigos e impulsaba nuevas interpretaciones. Las imágenes emergían como texto y contexto de un mundo profundo y fascinante con múltiples lecturas, la interpretación exigía el entrecruzamiento de aspectos complejos desde diversas perspectivas. ¿De qué manera ser voz y testigo de ese cuerpo Otro?

     Uno de los propósitos de este libro deviene de mi mirada como artista, desplegada en un contacto directo con la producción artística, con otros creadores y otras creadoras e inmersa en los mecanismos mediáticos de los certámenes, la publicidad y el espectáculo. Creo que, si bien este posicionamiento implica ciertos retos personales, aporta una visión distinta pero complementaria en relación a la piel como superficie simbólica. En este tránsito una imagen me llevaba a otra, pero no con la inquietud de encontrar en cada una la similitud de códigos precedentes ni conocer las razones de su nueva simbolización, es decir, no con la intención de estructurar el análisis en términos de causa y efecto, sino de transformación. Sin embargo, resultaba imprescindible también hallar el texto en la imagen y viceversa; un coloquio visual y dialéctico que posibilitaría otras miradas. ¿Antropología de la imagen o propuestas artísticas como discurso antropológico? Pensar estas cuestiones no significaba entrar en el campo semiótico exclusivamente desde un margen o el otro, ni tener la certeza de qué parámetro resultaba ser el más idóneo. Quizás como dice Hans Belting el punto de vista antropológico incide en la «praxis de la imagen», indiscutiblemente asociada al sujeto que produce e interpreta, erigiéndose como «el lugar de las imágenes que toman posesión de su cuerpo» (2007: 14).

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