Ficha técnica

Título: La perra de mi vida | Autor: Claude Duneton | Prólogo y Traducción: Antonio Soler | Editorial: Malpaso | Formato: Tapa dura 11,5 x 21 cm. | Páginas: 104 | ISBN: 978-84-15996-78-1 | Precio: 13,50 euros | Ebook: 7,99 euros

La perra de mi vida

MALPASO

Rita es una perra mestiza que no está dispuesta a obedecer ni a guardar ni a cazar ni a ser útil para nada. Vive, malquerida por todos, en una granja del sur de Francia. Su dueño, Claude, el narrador de esta historia singular, es el único que siente auténtico cariño por ella.

Rita también es la representación de cómo resistirse a una existencia dura, cruel y desolada: la que ofrece una perdida región francesa durante los años de la ocupación alemana. A través de Rita su dueño descubre el mundo y, tangencialmente, nosotros descubrimos a Claude y a su desastrosa familia. Como en la vida, humor, ironía, sensibilidad y barbarie se mezclan naturalmente, aunque en este relato lo hacen sin tapujos, a la luz del día, sin el disimulo de la educación urbana. El niño se empapa de brutalidad, reconoce la posibilidad de un paraíso burgués en el que los perros llevan collar y sus dueños buenas maneras.

Este relato es un prodigio de equilibrio entre opuestos, de desarrollo de un mundo literario tan rico como vivo y cotidiano. La clave, como casi siempre, está en el lenguaje. Duneton lo utiliza como un elemento vivo, como un todo que no sólo comunica, también está cargado de intención.

«Puede resultar extraño que escriba sobre su perra; pero el resultado es muy bueno, es un texto breve, incisivo, en el que cada palabra vibra de amor y autenticidad. A veces divertido, otras brutal y emocionante, Claude Duneton nos ofrece un relato mordaz que no deja de recordarnos a algunas páginas de Jules Renard.» (Le Figaro)

«Detrás de su lengua canalla y de su humor abrasivo se percibe su compasión por la humanidad.» (Jean-Claude Raspiengeas, La Croix)

«Claude Duneton es la humildad en estado puro. Practica el arte de ser sumario sin perder la picardía y la omnisciencia. Nunca olvida que «la cultura sin humor no es más que la ruina del alma»» (Patrice Delbourg, Le nouvel observateur)

Ganador del premio literario 30 Millones de Amigos con La perra de mi vida: «Ambos, Claude Duneton y Rita, durante esos años duros, libraron el mismo combate: evitar los golpes y vivir lo mejor posible su perra vida.»  

 

I

     «¡Rita!» Siempre había que llamarla cuando se la necesitaba. Desgañitarse hasta desgarrarse la garganta: «¡Ritaaaa! ¡Riiiiiiiita!».Nada. El grito se perdía entre las hojas, con un débil eco al fondo del pequeño valle.

       Y de pronto surgía a toda velocidad, saltarina, despistada. ¡Siempre caprichosa! Febril, una vez que empezaba a correr. Cuando tomaba impulso, ¡se convertía en una flecha! Arremetía contra los animales, no se la podía parar: «¡Rita! ¡Quieeeta!». Aullábamos, sin apearle el tratamiento de puta o de bicho asqueroso.

      Seguía a mi padre a todas partes. Mi padre no sabía cómometerla en cintura ni prohibirle nada. Naturalmente, él jamás le pegaba, y la perra hacía lo que le daba la gana… como yo. Mi padre no me pegaba  nunca. Chillaba un poco fuerte, pero ni una hostia, nada de bastonazos. De modo que yo también lo seguía… Él caminaba delante, alto y delgado, un poco astroso, con la cabeza inmersa en sus cosas. Podría decirse que, simplemente, dejaba arrastrar su enorme sombra por el suelo, sobre las piedras. Nosotros éramos sus niños, Rita y yo (seres con quienes no sabía demasiado bien qué hacer, y a los que desde luego no quería obligar a trabajar).

     Aquel hombre nunca supodarórdenes… él mismo tampoco era un gran experto en obedecer. Era esencialmente indisciplinado. Nos parecíamos a él, Rita y yo: no se podía sacar nada provechoso de nosotros.

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