Ficha técnica

Título: La mejor oferta | Autor: Giuseppe Tornatore | Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativas | Páginas: 96 | Precio:
12,90 euros | Ebook: 9,99 euros

La mejor oferta

ANAGRAMA

Él es un sesentón experto en arte y subastador famoso, incapaz de más amor que el que les tiene a los retratos femeninos de su secreta e inestimable colección de arte. Ella es una joven que lleva años sin salir de casa, cuya cara nadie ha visto y que vive entre sombras atendida por un anciano portero. Se conocen porque ella quiere vender los objetos artísticos de una antigua villa que ha heredado. Y empiezan a jugar a un juego equívoco y excitante que podría conducir a la pasión o a la liberación.

En la introducción a su relato, en el que se basa la película La mejor oferta, el director de cine Giuseppe Tornatore dice que entre sus apuntes figuraban hacía tiempo el personaje de «una muchacha muy introvertida que vivía recluida en su casa por miedo a salir a la calle y mezclarse con la gente» y el de «un hombre perteneciente a un mundo que siempre me ha atraído, el del arte y las antigüedades», un subastador obsesionado con los guantes. Eran dos personajes aislados que no llegaban a tener una historia sólida, hasta que, puestos en contacto por el flujo misterioso de la creatividad, empezaron a relacionarse y «las historias de la chica agorafóbica y del subastador se combinaron milagrosamente con esa integridad narrativa que llevaba años buscando sin encontrar».

Por eso, antes de hacer la película quiso escribir esta versión literaria, que es un relato perfectamente autónomo, a cuyo final sorprendente y terrible nos guía el autor con genio de maestro contador de historias, tiñendo la trama de una tonalidad oscura, casi invisible, de novela gótica clásica, con perfecto manejo de la intriga y el suspense.

I

Aquella mañana fue distinto. Virgil Oldman habría de preguntarse muchas veces por qué, sin hallar nunca una respuesta. En casos como aquél, cuando no era una persona conocida y cualificada la que solicitaba sus servicios, solía delegar en su ayudante la inspección preliminar, pero la voz de Claire Ibbetson despertó su curiosidad desde el primer momento. La joven había perdido hacía poco a sus padres y quería que evaluaran los cuadros y objetos antiguos de su villa con vistas a una posible venta.

Fuera porque era la primera llamada telefónica que recibía el día de su sesenta y tres cumpleaños, uno de esos imponderables curiosos de la vida cotidiana a los que no era indiferente, fuera porque la voz de aquella joven sonaba con una timidez desarmante y le produjo un vago desasosiego, o fuera simplemente porque se dejó llevar por esa atracción que a veces ejerce en nosotros aquello que oscuramente se opone a nuestros principios, el caso es que Virgil Oldman, uno de los más estimados subastadores y expertos anticuarios de Europa, se limitó a preguntar con absoluta naturalidad cuándo y adónde debía ir, comprometiéndose así a ocuparse personalmente.

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