Ficha técnica

Título: La marrana negra de la literatura rosa | Autor: Carlos Velázquez | Editorial: Sexto Piso | Colección: Narrativa Sexto Piso | Género: Relatos | ISBN: 978-84-96867-74-1 | Páginas: 136 | Formato:  15 x 23 cm. |  PVP: 15,90 € | Publicación: 2010

La marrana negra de la literatura rosa

SEXTO PISO EDITORIAL

Cuando en 2008 se publicó La Biblia Vaquera de Carlos Velázquez, se convirtió muy pronto en un fenómeno de culto e inclasificable. Alejándose de las modas que recurren a la visceralidad para atraer atención, Velázquez consiguió retratar el brutal sinsentido de una realidad desbordada mejor que nadie -como hacen los grandes narradores-, para que sea el lector quien la padezca y la juzgue, siempre riendo con algo de desconcierto al darse cuenta de que es posible divertirse con situaciones tan cómicamente sórdidas.

La marrana negra de la literatura rosa es su más reciente libro de relatos. El punto que los une es un humor ácido, único recurso contra la pérdida de la capacidad de conmoción y asombro. Velázquez es un escritor nato que permite que sus personajes se desenvuelvan de manera natural. Cuenta sus historias con un lenguaje que demuele los moldes rígidos de una escritura que domina al grado de poderse mover con soltura hacia un lenguaje propio, mucho más oral y vivo que lo habitual.

Sus cuentos son como un espejo que devuelve una imagen precisa de una realidad que de entrada se presenta deforme. Un gordo cuya mujer lo pone a dieta de cocaína para que baje de peso, un adolescente con síndrome de down que se convierte en el tecladista estrella de una fallida banda punk y una marrana negra con aires de diva que le dicta a su atribulado dueño geniales novelas de literatura rosa son algunos de los personajes que habitan su desquiciado y en extremo verosímil mundo. Un microcosmos magistral, que desternilla y horroriza a la par, decisivo para encontrarle algún sentido a ese orden revuelto y convulso en el que transita cada día nuestra existencia.

«Es el producto más divertido e iconoclasta de la narrativa norteña.» Rafael Lemus, Letras Libres

«[Carlos Velázquez] está llamado a cambiar la recepción y la percepción de la literatura mexicana y sus aires de altísima cultura hecha de mausoleos.» Sergio González Rodríguez, Reforma 

 

NO PIERDA A SU PAREJA
POR CULPA DE LA GRASA

Ni creas que vamos a coger, Tino, me dijo Carol. Estás gordo otra vez.

     La coca no sirve. Tú dijiste que con la coca enflacaría.

     Tienes más celulitis que mi mamá. Y esas estrías asquerosas.

     Me voy a poner a dieta. Voy a consultar a una nutrióloga.

     Nada te funciona. La única solución es que te hagas la lipo. 

     Desde que nos casamos Carol me molestaba con mi figura. ¿No se te ha ocurrido que delgado me gustarías más? Siempre que quería coger me llevaba a la báscula. Era su pretexto favorito para no acostarse conmigo. No necesitaba inventarse dolores de cabeza. Que yo tuviera las tetas más grandes que ella le daba asco.

     Mastúrbame, le pedía.

     Estás pendejo, contestaba, satisfácete tú.

     Pensé que embarazada se olvidaría de mi cuerpo de tapir. Al contrario. No pasaba un día sin restregarme mi gordura. Como si hiciera falta. Tapir, ornitorrinco y manatí, eran sus insultos favoritos.

     Y se burlaba con ingenio, me recitaba comerciales de televisión. ¿Padece usted de esas insoportables llantitas? Use jabones reductores Goicoechea.

     En otras ocasiones le salía su lado clínico. Te puede entrar una diabetes, colesterol o hipertensión. Mi tío murió de un derrame cerebral por culpa del sobrepeso. Comes demasiada carne roja, te va a dar gota.

     También era agresiva. Me chillaba, Eres un comodito. Un acomplejado. Cómo puede ser posible que prefieras estar pinche seboso.

     Yo la ignoraba. Me reservaba mi grasita. La consideraba un trofeo. Y me masturbaba sin entusiasmo. Fantaseaba con gordas mórbidas. Era mi mediocre venganza contra Carol. Siempre que pensaba en una flaca no conseguía venirme. No me calientan. Cogerse a Carol era como cogerse a un hombre rasurado, por lo pinche escuálida que estaba.

     A veces sospecho que Carol tenía razón. He oído historias de jóvenes como yo que han sufrido infartos. La siguiente gordita de chicharrón podría llevarme a la tumba. Morir por sobredosis de carne adobada. O convertirme en un vegetal. Tanta manteca me transformaría en una berenjena.

     En otras ocasiones, pensaba que Carol no lo hacía sólo por mi salud. Se empeñaba en que perdiera kilos porque una liposucción representaba un lujo. Y aunque no fuera ella la que se treparía a la plancha, se sentiría orgullosa de vivir con un exgordo que se había sometido a una experiencia estética.

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