Ficha técnica

Título: La maestra | Autora: Clarice Tartufari | Traductor: Mª. Ángeles Cabré  |  Ilustración: Monica Ramos |  Editorial: Ardicia  |  Páginas: 104  |  ISBN: 978-84-944476-3-1 | Precio: 14,50 euros  |  Fecha:  octubre 2016 |

La maestra

ARDICIA

La joven Ginevra Gabrielli, en quien su empobrecida familia ha cifrado un futuro de bienestar tras años de pequeñas economías diarias, lucha con dedicación y entusiasmo por conseguir un título de maestra, primero -uno de los escasos cargos públicos a los que puede optar alguien de su sexo en la Italia finisecular- y una plaza en una escuela donde ejercer, después. Muy pronto, sin embargo, su ingenuidad y todas sus ilusiones, tanto las profesionales como las del corazón, se verán amargamente sofocadas por los prejuicios, la condescendencia y los bajos instintos de la jerarquizada sociedad de la época, tan presentes en Roma o Milán como en los aledaños de la provinciana localidad de Frascati.

En este agridulce relato que es La maestra (1887), la autora hizo de su tenaz protagonista un personaje tierno e inolvidable que recuerda a la Jeanne de la obra maestra de Guy de Maupassant Una vida, convirtiéndolo con sencillez envidiable en estandarte de la necesaria emancipación de la mujer.

«Hay un ímpetu y un entusiasmo notabilísimos en la obra de Clarice Tartufari.» Luigi Capuana 

 

I

Maddalena, que por lo general tenía el aspecto abatido de quien trabaja demasiado y se ve obligado a pelear continuamente con las exigencias de la vida, parecía sin embargo animada aquel día; se adivinaba a primera vista que la buena mujer se sentía feliz.

     De hecho, Ginevra, su única y adorada hija, había sido admitida como alumna en la escuela normal, donde al cabo de tres años saldría convertida en maestra.

     Maddalena no pensaba en absoluto en ese lapso, en los contratiempos que podían urgir, impedir o retrasar la diplomatura; no le preocupaban los sacrificios que ella y su marido tendrían que hacer para afrontar los gastos de libros, ropa y matrículas.

     Por el contrario, creía ser la envidia y la admiración de todas las madres del vecindario, como si Ginevra ejerciera ya su profesión y ganara lo necesario para mantenerse a sí misma y a la familia, sin verse obligados a estrujar hasta el último céntimo.

     ¡La pobre Maddalena podría por fin descansar entonces! Lo necesitaba, pues en dieciocho años de matrimonio no había conocido ni un solo momento de paz, siempre con la plancha en la mano, de la mañana a la noche, para ganar una miseria con ese oficio agotador.

     En un principio, decidieron que Ginevra trabajaría como costurera en cuanto acabara los cuatro cursos elementales; pero la directora de la escuela le dijo un día a Maddalena que la niña tenía mucho talento, y que deberían de hacer de ella una maestra. Esta propuesta le pareció tan fantástica, tan imposible de realizar, que en el acto negó con la cabeza, diciendo que no valía la pena ni siquiera planteárselo. Sin embargo, ese mismo día lo pensó, y también durante los días siguientes. Poco a poco, lo que en un primer momento le había parecido irrealizable le resultó factible e incluso sencillo, hasta el punto de que se lo comentó a su marido, alegando una cantidad de buenas razones para animarlo a aceptar.

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