Ficha técnica

Título: La lista negra | Autor: Varian Fry | Traducción: José Miguel Parra y Gabriel García Santos | Editorial: Confluencias | Colección: L’ Hexagone | Materias: Historia, Holocausto |
Formato: 150 x 210 mm | Encuadernación: Rústica | Páginas: 339 | ISBN: 978-84-943830-0-7 | Precio: 22 euros

La lista negra

CONFLUENCIAS

El rescate de intelectuales como Hanna Arendt, Marc Chagall, Max Ernst, Alma Mahler o André Breton, por el periodista estadounidense, Varian Fry, en la Francia ocupada.

Tras la invasión de Francia por parte de Alemania, en junio de 1940, la Comisión de Rescate de Emergencia, una organización de ayuda privada estadounidense, envió al periodista Varian Fry (1907-1967) a Francia para auxiliar a refugiados antinazis que corrían peligro de ser arrestados por la Gestapo. En Marsella, la red de colaboradores de Fry falsificaba documentos y creaba rutas de escape clandestinas. Fry ofreció ayuda a refugiados antifascistas, tanto judíos como los que no lo eran, bajo amenaza de ser extraditado a la Alemania nazi en virtud del Artículo 19 del armisticio franco-alemán y su cláusula «ENTREGAR CUANDO SE LE SOLICITE…».

Un libro fundamental, vital y dinámico. La historia de Varian se llevó, cómo no, al cine: La guerra de Varian, protagonizada por William Hurt.

 

Prólogo«¿Por qué esta saña contra mí?»

Varian Fry: un enviado del mundo libre

«Dígame, francamente, ¿por qué esta saña contra mí?», le preguntará en algún momento a un funcionario francés del gobierno de Vichy el joven y valiente héroe norteamericano Varian Fry, responsable de una mítica red de salvamento en Marsella durante la segunda guerra mundial. El oficial fascista de nombre aristocrático, Maurice Rodellec de Porzic, lo mirará desdeñoso y le responderá secamente: «Porque usted protege a los judíos y a los antinazis».

Poco antes, este arrogante representante de «la nueva Francia» encargado de la prefectura de Marsella en el año 1941 -un rasgo, la arrogancia, que era común a todos estos entusiastas colaboracionistas del terror nazi que se había extendido por toda Europa-, este vanidoso servidor público que estaba invitando a Fry a dejar definitivamente el territorio francés, le había dicho con cinismo: «Sé que en los Estados Unidos apoyan aún la vieja idea de los derechos humanos. Pero acabarán por compartir nuestros puntos de vista, es solo cuestión de tiempo».

Dos mundos: el mundo libre y el mundo sojuzgado, aliado al totalitarismo, que en aquellos momentos, el momento en el que Fry y el oficial francés estaban hablando en el despacho de este último, se habían comenzado a agrupar y enfrentar en dos alianzas militares, los aliados y las potencias del Eje. Unos bandos, dentro de una nueva guerra mundial europea, de consecuencias aún terribles y desconocidas, por espantosos que fueran ya los presagios vividos día a día con la ocupación nazi de Francia, que en aquellos momentos aún no se habían acabado de definir. Varian Fry saldría definitivamente de Francia el 14 de septiembre de 1941 y los Estados Unidos tardarían aún unos meses, hasta el 11 de diciembre, tras el ataque sorpresivo a Pearl Harbor, en entrar en la guerra. Por su parte, Hitler, un aliado poco fiable, acababa de hacer saltar por los aires, en junio de 1941, el vergonzoso acuerdo de no agresión entre Rusia y Alemania, el Pacto Ribbentrop-Mólotov, al invadir Rusia y forzar a esta gran potencia a entrar en la guerra.

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