Ficha técnica

Título: La intrusa | Autor: Faye, Érik | Editorial: Salamandra | Colección: Narrativa | Título original: NAGASAKI | Traducción: José Antonio Soriano Marco | ISBN: 978-84-9838-496-3 | Núm. pags.: 112 | Tipo edición: Rústica | PVP: 12,00 euros

La intrusa

SALAMANDRA

Obra ganadora del Gran Premio de la Academia Francesa, esta novela de Éric Faye -autor reconocido por plantear con sencillez los grandes temas que afectan al hombre moderno- se basa en un caso real para explorar el influjo que la memoria de los lugares que habitamos ejerce sobre nuestra conciencia.

De profesión meteorólogo, Shimura lleva una vida solitaria y metódica que transcurre con precisión milimétrica entre el trabajo y su casa, un microcosmos de orden y pulcritud a las afueras de Nagasaki. Sólo el canto ensordecedor de las chicharras es capaz de alterar una rutina tan previsible hasta el día en que Shimura cree percibir pequeños cambios en la impoluta organización de su hogar: un yogur que desaparece de la nevera, el zumo de naranja que se evapora, la tetera fuera de su lugar habitual. No parece obra de un ladrón, pues todos los objetos de valor siguen en su sitio. ¿Se trata, pues, de una amante despechada, de un espíritu en busca de venganza, o incluso peor, de una alucinación? Para dilucidarlo, Shimura instala una cámara en la cocina y, perplejo, descubre la presencia de una mujer desconocida, una intrusa que lleva un año viviendo en un armario de la casa. Al exponer con exquisita sensibilidad los vericuetos de su mundo interior, la historia de Shimura adquiere una resonancia universal. De manera casi imperceptible, la novela cuestiona nuestra manera de vivir y de relacionarnos con los demás, y su lectura perdura como un temblor de tierra, inofensivo pero indeleble.

 

Comienzo del libro

 

Esta novela está inspirada en una noticia aparecida
en Asahi, entre otros periódicos japoneses,
en mayo de 2008. 

 

Hay que imaginarse un cincuentón decepcionado por serlo tanto y tan pronto, domiciliado en las afueras de Nagasaki, en una casita de un barrio con calles de cuestas vertiginosas. Y ver esas serpientes de blando asfalto que reptan hacia la cima de los montes, donde una muralla de caóticos y torcidos bambúes detiene el hervidero urbano de tejados, terrados, techados y sabe Dios qué más. Ahí es donde vivo. ¿Quién soy? Sin querer exagerar, un don nadie. Me aferro a costumbres de soltero que me sirven de parapeto y para decirme que, en el fondo, no tengo mucho que reprocharme.

Una de esas costumbres consiste en seguir lo menos posible a mis compañeros cuando van a tomar unas cervezas o unas copas al salir del trabajo. Prefiero reencontrarme un poco conmigo mismo en mi casa y cenar temprano, en todo caso, nunca después de las seis y media. Si estuviera casado, puede que no me impusiera la misma disciplina y los acompañara más de una vez. Pero no lo estoy (casado). Y, en realidad, tengo cincuenta y seis.

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