Ficha técnica

Título: La infancia recuperada | Autor: Fernando Savater | Editorial: Taurus | Colección: Pensamiento | Formato: Tapa blanda con solapa | Páginas: 248 | Medidas: 134 X 213 mm | Fecha: may-2017 | ISBN: 9788430604616 | Precio 17.90 euros | Ebook: 8,99 euros

La infancia recuperada

TAURUS

La infancia recuperada es un conjuro literario para evocar la huella gozosa dejada en la memoria del escritor por los relatos que animaron su adolescencia y primera juventud. Un proyecto que Fernando Savater continuaría desarrollando más adelante en Criaturas del aire.

Porque las hermosas historias inventadas por Robert L. Stevenson, Julio Verne, Zane Grey, Jack London, H.G. Wells, Karl May y Conan Doyle, las heroicas hazañas de Sandokan o las divertidas aventuras de Guillermo Brown forman parte de un universo mítico situado por encima de las modas y de las edades.

En el prólogo que escribiera en su día para la edición de bolsillo (aparecida diez años después de su publicación original), Fernando Savater explica los motivos que le impulsaron a escribir esta obra «sobre el amor a los libros y sobre la fuerza absorta de leer» y aclara algunos malentendidos en torno a sus propósitos.

«Es descabellado suponer que mientras haya gente afectada por esta maldición del ansia insaciable de cuentos, incapaces de considerar la sabiduría o el amor fuera del prisma de lo narrativo, inútiles para otra perspectiva de la acción que no sea el punto de vista del héroe, es descabellado suponer que mientras haya enfermos incurables del mito, como lo soy yo, las historias perdurarán aunque se hunda la literatura y la cultura toda que conocemos?» Fernando Savater

 

 

PRESENTACIÓN A LA EDICIÓN DE 1994

Cyril Connolly cifra en diez años el purgatorio que un libro debe aguardar para que pueda saberse si hay en él algo meritorio o si es tan sólo efecto momentáneo de la moda literaria. La obra que el lector tiene en sus manos va a cumplir dentro de no mucho su segunda década y estrena ahora nueva edición: me atrevo a suponer que tal longevidad indica algunos aciertos que disculpan o compensan en parte sus evidentes torpezas.

La mayoría de los capítulos se consagran a la nostalgia por autores apreciados en su día y hoy quizá ya algo menos, aunque la vitalidad de bastantes de ellos -Stevenson, Verne, Conan Doyle…- parece seguir intacta. En un par de ocasiones fui accidentalmente profético. La primera cuando comenté a Tolkien, que poco después se convirtió en una afición irrefrenable en este país y en toda Europa: me emocionó ver a mi hijo, al que dediqué la obra casi recién nacido, leer quince años más tarde con raro entusiasmo El señor de los anillos. El segundo caso es «La tierra de los dragones», el capítulo que empieza protestando por lo poco que se ha escrito sobre la enorme importancia de los dinosaurios. Bueno, hoy -tras Parque Jurásico- mi demanda ha sido satisfecha hasta lo excesivo. Por cierto, si ahora reescribiese este libro no dudaría en dedicarle una sección a Michael Crichton, algunas de cuyas novelas (De caníbales y vikingos, Congo, Esfera y, sobre todo, Parque Jurásico) me parecen estupendos ejemplos del tipo de ficción que reivindico en La infancia recuperada. Por supuesto, ya sé que si tal hiciese me regañarían los que le tienen por escritor mediocre; son de la misma estirpe de aquellos viejos conocidos que, aceptando a Salgari o Julio Verne porque los leyeron de pequeños, nunca me perdonaron que dedicara la misma atención a un autor tan «aburrido» como Tolkien…, el cual sufría el desprestigio de no haber caído en sus manos hasta que cumplieron treinta años. El problema no es de Crichton ni de Tolkien, sino de los lectores envejecidos en la mediocridad de la suficiencia…

A otros lectores daré aquí gracias: a los que a lo largo de casi veinte años han insistido amable pero firmemente en recordarme que, escriba lo que escriba y cuanto escriba, para ellos seré siempre el autor de La infancia recuperada. Nadie me ha desanimado de modo más simpático. Como mínimo homenaje les dedico el tardío apéndice sobre Robinsón, uno de los grandes ausentes de la obra primigenia. Porque esta humilde Infancia no es sin duda el libro que yo me llevaría a una isla desierta sino la isla a la que me he llevado todos mis libros y en la que ellos han querido acompañarme para que los releamos juntos.

San Sebastián, 5 de enero de 1994.

Centenario de la muerte de R. L. Stevenson

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]