Ficha técnica

Título: La historia de la escritura | Autor: Ewan Clayton | Traduccción: María Condor | Editorial: Siruela | Colección: El Ojo del Tiempo 81 | Encuadernación:Cartoné | Dimensiones:160 x 240 mm | Páginas:400 |  ISBN:978-8416208-39-5 | Precio: 30 euros | Ebook: 13,99 euros

La historia de la escritura

SIRUELA

Desde las simples formas representativas que se usaban en el antiguo Egipto para registrar los trueques hasta los sofisticados recursos tipográficos disponibles en un ordenador del siglo XXI, podemos afirmar que los distintos periodos de la historia de la escritura conforman la historia de la civilización misma.

En La historia de la escritura, Ewan Clayton analiza las distintas etapas de su evolución y explora el impacto social y cultural de cada una: la invención del alfabeto; la sustitución del rollo de papiro por el códice en la época tardorromana; el perfeccionamiento en el siglo XV de la imprenta que se vale de tipos móviles y la consiguiente extensión de la alfabetización; la industrialización de la imprenta durante la Revolución francesa; el impacto que tuvo en la palabra escrita el modernismo a principios del siglo XX, y los significativos cambios que la era digital ha supuesto en nuestros hábitos de escritura en el comienzo de este siglo.

Introducción

Por lo que se refiere a la palabra escrita, nos encontramos en uno de esos momentos decisivos que se producen raras veces en la historia de la humanidad. Estamos presenciando la introducción de nuevos medios y herramientas de escritura. No ha sucedido más que dos veces en lo concerniente al alfabeto latino: una, en un proceso que duró varios siglos y en el que los rollos de papiro dejaron paso a los libros de vitela, en la Antigüedad tardía; y otra, cuando Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles y el cambio se difundió por toda Europa en una sola generación, a finales del siglo xv. Y ahora, el cambio significa que durante un breve periodo muchas de las convenciones que rodean a la palabra escrita se presentan fluidas; somos libres para imaginar de nuevo cómo será la relación que tendremos con la escritura y para configurar nuevas tecnologías. ¿Cómo se verán determinadas nuestras elecciones? ¿Cuánto sabemos del pasado de este medio? ¿Para qué nos sirve la escritura? ¿Qué herramientas de escritura necesitamos? Tal vez el primer paso para responder a estas preguntas sea averiguar algo del modo en que la escritura llegó a ser como es.

Empecé a preocuparme por estas cuestiones cuando, a los doce años, me volvieron a poner en la clase de los más pequeños para aprender a escribir de nuevo. En mis primeros cuatro años de escuela me habían enseñado tres clases diferentes de escritura; la consecuencia fue que estaba hecho un auténtico lío en cuanto a la forma que debían tener las letras. Todavía recuerdo que, a los seis años, me eché a llorar cuando me dijeron que la letra

f de imprenta que yo hacía «estaba mal»: en aquella clase la f tenía muchos lazos y yo no entendía por qué.

Volver a la clase más básica fue algo ignominioso. Pero mi familia y los amigos de la familia me procuraron libros sobre cómo escribir bien. Mi madre me regaló un juego de plumas para caligrafía. Mi abuela me prestó una biografía para que la leyera: era la de Edward Johnston, un hombre que vivió en el pueblo en que yo fui a la escuela primaria. Era la persona que había impulsado la recuperación del interés por el perdido arte de la caligrafía en el mundo de habla

inglesa a comienzos del siglo xx. Resulta que mi abuela lo conocía: iba a bailar danzas escocesas con la señora Johnston, y mi madrina, Joy Sinden, había sido una de las enfermeras del señor Johnston. «Dígame usted», le había preguntado el señor Johnston una vez en la oscura vigilia de una noche con su lenta, pausada y sonora voz, «¿qué pasaría si plantara una rosa en el desierto?… Yo digo: pruebe a ver».

Johnston desarrolló los caracteres que el London Transport sigue usando hasta el día de hoy. Yo me enganché pronto a las plumas, a la tinta y a las formas de las letras, y así comenzó una búsqueda, que duraría toda mi vida, encaminada a descubrir más cosas acerca de la escritura.

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